—Cuando decidí negociar con la mafia sabía perfectamente dónde me metía. Un hombre debe tener en cuenta los riesgos y las consecuencias de sus actos y yo, para garantizar mi seguridad puse una sola condición para ser de ojos ciegos y oídos sordos antes sus negocios—comenzó diciendo Niccolo Visconti cuando en la enorme mesa de su mansión en Lombardía los dos capos principales de Italia se miraban con ojos desafiantes e iracundos. Fabiano Rossi no podía despegar sus ojos de Lucian Salerno quien movía sus dedos a un compás sobre la mesa mientras de la misma forma no parecía encontrar otro punto de visión que no fueran sus enemigos del otro lado. Leonard estaba a su derecha, Luca a su izquierda y Ludmila con sus manos sobre el hombro de sus dos hermanos mayores, de la misma forma que Luciana

