Capitulo 18

1526 Words
Carmín Altamirano. Mis manos sudan sin control, mi corazón late fuertemente. Mis sentidos me gritan que no lo haga, que huya, que salga de ahí. Pero es entonces cuando la imagen de mi abuela aparece de nuevo, tengo que hacerlo, por ella, por mi mamá. Me encamino junto a Fausto, vinimos a un edificio muy lujoso al parecer, aquí vivía cuando estaba soltero o algo por el estilo. El lugar es bastante lujoso y moderno he de decir, tiene ventanas enormes con vista a la ciudad, hay un mini bar en la esquina de la sala, iluminado con luces de neón, las paredes son de un color neutro. Siento un mini infarto llegar cuando la respiración del hombre toca mi cuello, la puerta había sido cerrada con dureza sacándome del ensueño, sus pasos fueron rápidos y para nada disimulados. Muerdo mi labio inferior para evitar decir algo desafortunado, no quiero arruinarlo todo. —Permíteme darte una noche que jamás olvidaras, Carmín— suspiro ruidosa cuando siento su aliento chocar con mi nuca, los bellos de mi cuerpo se erizaron por completo mientras los primeros besos fueron repartidos allí. Bajaron poco a poco por mi cuello mientras que sus manos fueron a mi cintura, apretó un poco obligándome a girar. Observo sus ojos totalmente dilatados, su pecho sube y baja tal y como si hubiera corrido una maratón, aprieto mis parpados cuando acerca su cara a la mía y sin rodeos, comienza a besarme con pasión y rudeza. Ya está, va a suceder y no puedo evitarlo, aunque quiera. Así que me obligo, soy dura conmigo misma y solo observo su exterior, su físico, olvidar su interior por lo que resta de la noche y solo…entregarme. Con ese plan en mente, mis dedos van a sus hombros, los acaricio de arriba hacia abajo mientras nuestras lenguas se unen destilando fuego líquido. Los primeros botones de su camisa son abiertos, para luego ser quitados por completos por él mismo, me separo unos instantes al ver que realmente, el anciano no estaba nada mal. —Me encanta que me mires así, hambrienta— comenta risueño mientras me agarra de los muslos y enredándolos a su cintura, alzándome con decisión y dirigiéndonos a lo que sé que es su habitación—Relájate, preciosa, esta noche eres tú la reina, y te voy a tratar como tal—su voz totalmente ronca logró hacerme temblar. No dije nada, solo me apreté un poco más a su cuerpo por miedo a caer. Observo a mi alrededor, soy depositada en una cama enorme, adornada con un acolchado color n***o de raso. La iluminación era algo escasa pero justa, me sostuve con mis codos para observar cómo Fausto terminaba de quitar sus pantalones haciendo que sus músculos se contraigan en el proceso, mis dientes atrapan mis labios con fuerza, esto es demasiada presión. En el momento en el cual baja su bóxer sin pudor es cuando mi mente hace un “clic” repitiendo indefinidamente. “Corre” “va a pasar” “te va a lastimar” “sal de aquí”. Intento hacerle caso a mi razón, pero es tarde. Como un león a su presa se abalanzó sobre mí, sin darme tiempo a siquiera pensar, atacó mi boca con necesidad logrando que todo fuera algo brusco. La situación subió de tono cuando las mangas de mi vestido fuero bajadas y mis hombros besados con algo de sutileza. —Carmín, mi dulce Carmín—hablaba beso tras beso—tu piel es jodidamente adictiva— suelto un gemido al sentir que sus manos recorren mi cuerpo con lentitud. Un calor enorme me inunda, mi vestido desaparece de mi cuerpo y solo quedo indefensa ante su mirada, su mirada recorre mi ropa interior y noto como me devora en el proceso. Es mi fin. —Eres hermosa, todo un ángel— alaga mientras sigue su recorrido. Siento su m*****o chocar con mi intimidad y me alarmo, al parecer nota mi sobresalto ya que suelta una risa ronca—Tranquila, te va a encantar, lo prometo— Esas palabras sonaron tan dulces, tan efímeras para mis oídos que me dejé llevar—¿Puedo?—pregunto refiriéndose a mi sostén, con un poco de pena asentí y fui yo misma quien los quitó—j***r—insultó—vas a matarme— Ojalá… Las empezó a masajear con gentileza, luego su lengua fue a mi pezón derecho, dándole una atención que hasta el momento no sabía que necesitaba, mi respiración era irregular, en verdad no tenía idea de que esto se podía sentir tan malditamente delicioso. —Mmm-me, yo-yo— balbuceé sin siquiera saber que decir. Él solo me observó a los ojos mientras seguía con su labor, dejándome sin aliento de a poco. Después de pasar a mi otro seno, fue bajando su recorrido a mi estómago, de allí mi cintura y luego…mi parte más sensible. —Mmm muy bonitas, pero no las vamos a necesitar—sin refunfuñar y como si fuera un títere, me dejaba manipular esperando a su siguiente movimiento. Se deshizo de mis bragas; Ambos quedamos como dios nos trajo al mundo, sin telas como barreras encima. Mis piernas fueron besuqueadas hasta mis muslos internos, mi nerviosismo incrementó cuando llegó a mi intimidad y su sonrisa se ensanchó—Tan perfecta…—comentó y lo que siguió me enloqueció. Empezó a recorrer mi monte de venus con su lengua, sacándome de mi mundo de timidez y logrando que comience a gemir sin control. —Fa-fausto, se-se siente tan delicio-so— hablo apenas, mirándole. Verle comerme entera sin dudas era el mejor estimulo, las sensaciones se acumulaban en mi interior, mis dedos se enterraron en su cabello, apretándolo y acercándolo a mí, en señal de más, necesito mucho más. Sus pupilas no se separaron de las mías en ningún momento mientras seguía haciendo maravillas, haciendo que me retuerza y sintiendo que estoy a punto de reventar. Soltó pequeños mordiscos sacándome un grito de lo más profundo de mi garganta. —FAUSTO—grito su nombre mientras una sensación explosiva envuelve mi vientre, mis piernas tiemblan mientras yo disfruto de esos cortos segundos de gloria. Quien diría que se sentiría tan…abismal. Mi respiración agitada no me deja siquiera poder soltar un monosílabo, el hombre frente a mí se nota totalmente satisfecho al notarme de tal manera. Su sonrisa se ensancha más cuando procede a abrir un preservativo con los dientes para después colocarlo de manera lenta por toda su longitud. Yo no había notado…eso, hasta ahora. —Tranquila, todo estará bien, yo te cuidare en todo momento— Puaj ahora quiero vomitar. Bueno, no del todo… Fausto se coloca entre mis piernas, dirigiendo su m*****o a la entrada de mi v****a. Me tenso al instante mientras él se termina de acomodar encima de mí, sus ojos me ven brillantes, expectantes y excitados. —Oh mi dulce Carmín, eres un sueño hecho realidad— dicho eso, procede a introducirse de manera lenta, fallando la primera vez, más no la segunda. Un grito ahogado salió de mis labios, al igual que unas lágrimas debido al ardor e incomodidad que siento. Su pene entró por completo llenando mi interior, no se movió, comenzó a besarme lentamente mientras acaricia mi clítoris, logrando que ese dolor cese un poco. —¿Estás bien, preciosa?— solo asentí tomando sus mejillas con y volviendo a devorar sus labios, esa fue señal suficiente para que comenzara a moverse. Sus caderas comenzaron a danzar en un vaivén que poco a poco de volvía placentero para mí. Mis paredes apretando su gran polla mientras él gime y se mueve como todo un profesional. Si, lo admito. Me está gustando, todos y cada uno de sus movimientos están matándome. —Ahh, Fausto— gimo. —¿Quieres más, muñeca?— su voz ronca aumentó mi calentura. —Mmmm si, por favor— mis uñas se clavaron en su espalda y Fausto aceleró sus embestidas. Brutales, bestiales, tan extremadamente sensuales que están a punto de hacerme perder la cordura. Esa ya la perdiste desde que llegaste aquí. Ignoro la recriminación de mi mente cuando siento como su m*****o se hincha en mi interior, vuelvo a sentir como un nudo se crea en mi vientre, estoy totalmente mojada y al límite, Sé que estoy a punto de volver a tener otro orgasmo. —Ya casi, belleza, ahh hagámoslo juntos, amor— Continúo susurrando todo tipo de palabras obscenas que realmente solo lograban excitarme aún más, llevándome ahora si a perder todo tipo de pensamiento razonable. El sonido de la cama rechinando y su cuerpo chocando contra el mío lograron erotizar al límite el ambiente, totalmente caliente. —Ah-ah— Fausto, yo-yo— no pude hablar, un grito salió—AHHH SI— —Mierda, C-Carmín— sentí una explosión en mi interior. Ambos sudados y temblorosos nos quedamos sin habla, solo con nuestras respiraciones agitadas. Poco a poco mis ojos pesaron. —Eso es, descansa, preciosa— escucho a lo lejos su voz, pero no respondo. Solo me dejé llevar por el cansancio y caí en la profundidad de mis sueños.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD