El inicio de la pesadilla

1566 Words
Capítulo II El inicio de la pesadilla En ningún momento de mi vida llegué a imaginar que esto sucedería, no sé cómo todo esto pudo pasar. Mi vida ha cambiado de manera tan drástica, no me reconozco. Antes, todo era una serena travesía por el río de la rutina, con sus pequeñas olas de monotonía que me arrullaban en la ilusión de la seguridad. Pero un día, el torrente de la inesperada tragedia arrasó con todo lo que conocía. Las lágrimas que derramé ya no son las mismas lágrimas que conocía, más amargas, más profundas, como un mar de dolor que amenaza con ahogarme. Y ahora, mientras miro a la nada, solo veo a un extraño reflejándose de vuelta, con los ojos cargados de secretos y el alma herida por las sombras que se ciernen sobre sus hombros, sin detenerme a ver que solo se trata de mi propio reflejo. El mundo que construí con tanto esfuerzo se ha desmoronado con el paso de los días, y la persona que fui alguna vez se perdió en el remolino de este nuevo y oscuro capítulo de mi existencia. Los recuerdos felices son como espejismos en el desierto de mi corazón roto. En esta nueva realidad, solo encuentro un yermo de incertidumbre y desesperación. Ya no me reconozco, y me pregunto si alguna vez podré volver a ser la persona que fui. La vida me ha arrojado a un abismo de dolor, y mientras trato de encontrar mi camino en medio de la oscuridad, anhelo desesperadamente un atisbo de luz que me devuelva la esperanza que perdí en este torbellino de tragedia. Todo dio inicio, hace aproximadamente dos meses, a principios del mes de mayo. Estábamos en clase, mis alumnos trabajaban bastante concentrados en un proyecto de literatura que les había encargado, cuando Frank, uno de mis alumnos más brillantes, se acercó a mi escritorio con su cuaderno en mano. Sus ojos reflejaban una mezcla de nerviosismo y determinación, como si llevara consigo un secreto que amenazaba con romper su joven corazón. En silencio, colocó su cuaderno sobre mi escritorio, y su mano temblorosa señaló una página donde un relato comenzaba a desplegarse, con cada palabra escrita con una emoción que se palpaba en el aire. Mis ojos se deslizaron por las letras y, conforme avanzaba en la lectura, mi corazón latía más rápido. Frank había compartido conmigo una historia desgarradora, un relato íntimo sobre una lucha contra la depresión, un rincón oscuro de su alma que nunca habría imaginado. Desde ese momento, mi vida como profesor cambió para siempre. Cada día, las palabras de mis alumnos se convirtieron en ventanas a sus mundos internos, en historias de angustia, alegría, miedo y esperanza. La carga de ser su confidente secreto se hizo más pesada, y a menudo, me encontré despierta durante la noche, preguntándome cómo podía ayudarles a atravesar estos tumultuosos mares emocionales. Mis lecciones dejaron de ser simplemente sobre literatura, se convirtieron en un puente hacia la comprensión mutua, y mi salón de clases se transformó en un refugio donde las almas de mis estudiantes podían encontrar consuelo y apoyo en este viaje inesperado hacia la empatía y el entendimiento. Al eso creía hasta que Frank decidió poner mi mundo de cabeza. —Profesora Vicky, ¿Puedo hacerte una consulta? Yo asentí sin mucho entusiasmo. Frank es uno de mis alumnos más brillantes, pero también gracias a los problemas personales que transita, es de los más conflictivos, los problemas parecen buscarlo constantemente. Es un chico de 18 años, de piel trigueña, ojos color miel, bastante atractivo, de mirada desafiante y sonrisa maliciosa y sádica. En resumen, alguien muy inteligente, pero que siempre se está metiendo en líos. Frank se inclinó un poco más hacia mí, su mirada penetrante buscando la mía, y su voz, suave como el murmullo de un arroyo, llenó el aire tenso de la sala. —Profesora Vicky, necesito su ayuda con algo muy… complicado. Dijo con un tono de voz sugerente, provocando un escalofrío que recorrió toda mi espalda. Mis ojos se abrieron con sorpresa y curiosidad. Frank nunca había sido tan directo en cuando a sus dudas antes. —Claro, Frank, ¿en qué puedo ayudarte? Respondí, tratando de ocultar mi propia turbación. Frank sonrió con una malicia aún más pronunciada. —Es un proyecto literario, profesora… —Un tema bastante oscuro y controvertido, pero estoy seguro de que usted podría aportar una perspectiva única al tema. Comento mientras abría su cuaderno revelando una página llena de notas y esbozos. Mis manos temblaron cuando vi lo que había escrito. Era un proyecto sobre la doble personalidad, la lucha entre la luz y la oscuridad en la psicología de un personaje con mi nombre. Frank había detallado los aspectos más profundos y oscuros de este conflicto, como si hubiera penetrado en los rincones más íntimos de mi mente. —No sé cómo lo supiste… Balbuceé, mirando a Frank con una mezcla de asombro y temor. Frank se inclinó aún más cerca de mí, su aliento cálido choco en mi oído. —Profesora, todos tenemos secretos, ¿verdad? Algunos simplemente los esconden mejor que otros. Mis palabras simplemente se quedaron suspendidas en el aire mientras observaba a Frank con una mezcla de admiración, confusión y temor. Era como si él hubiera escarbado en las sombras más profundas de mi ser y hubiera desenterrado los secretos que ni siquiera yo misma me atrevía a enfrentar. —Frank, esto es… profundo. Murmuré, intentando comprender cómo un chico de dieciocho años podía haber llegado a este nivel de introspección. Él sonrió de nuevo, esa sonrisa que destilaba una sensualidad y un conocimiento mucho más allá de su edad. —La literatura, profesora Vicky, nos permite explorar las partes más oscuras de la humanidad de manera segura. Y, a veces, descubrimos que nuestras propias sombras no son tan diferentes de las de los personajes que creamos. No pude evitar sentirme atraída por su perspicacia, aunque sabía que debería mantener una distancia profesional. —Entiendo tu punto de vista, Frank. Pero este tema es complicado, y no quiero que te metas en problemas por escribir esas cosas. Frank asintió, sus ojos fijos en los míos. —Lo entiendo, profesora. Pero en ocasiones, los problemas son una parte necesaria del aprendizaje. Y tengo la corazonada de que juntos podríamos ocasionar algo realmente excepcional. Me quedé pensativa, debatiendo internamente entre la ética y la tentación. Finalmente, cedí a mi propia curiosidad. —Está bien, Frank. Trabajaremos en este proyecto juntos, pero bajo ciertas condiciones. Frank inclinó la cabeza, una expresión de triunfo cruzando su rostro. —Por supuesto, profesora, estaré encantado de seguir cada una de sus directrices. La conversación continuó con normalidad, pero en ese preciso momento, supe que había cruzado una línea que podría ser peligrosa. Frank había desatado o mejor dicho despertado una parte de mí que había mantenido oculta durante tanto tiempo, y no tenía idea de a dónde nos llevaría esta peligrosa colaboración literaria. La batalla entre mi yo público, Victoria, y mi yo secreto, Vicky, había comenzado a desmoronarse, y no podía evitar sentir que estaba en un precipicio que podría cambiar mi vida para siempre. Aun con la clara advertencia plasmada en mi consciencia, decidí que lo mejor era mantener todo bajo perfil y continuar siendo la profesora ejemplar. Frank, continuo apoyado sobre mi mesa, con su cuaderno sujetado por sus grandes manos, mantiene esa sonrisa que podría ser la perdición de cualquier ser que la observara, podía apreciar el cinismo plasmado en sus pupilas. Movida por la curiosidad que me causa su mirar, decido preguntar. —Dime, Frank, ¿En qué más puedo ayudarte? Le digo con la sonrisa genuina que siempre mantengo para todos mis alumnos y que por más que esté cautivada por el destello de sus orbes y por las palabras dichas anteriormente, no puedo darme el lujo de cambiar. —Tengo una duda sobre este mismo tema… Comento mientras me mostraba nuevamente su cuaderno. En otra página había escrito lo siguiente: “He hackeado tu teléfono, hermosa Vicky, tengo todos tus secretos en mi poder. Todas esas lindas fotografías en las que sales posando tal cual has llegado a este mundo. Harás todo lo que diga o correrás con la gran suerte de que se las enseñe a todo el instituto.” Me he quedado pálida, petrificada, la sonrisa que adornaba mi rostro se esfumó a la velocidad de la luz, por un momento creí que me iba a quedar inconsciente. Siento que mi corazón está a punto de experimentar una arritmia cardiaca, de lo rápido que van mis latidos. —P… pero… ¿Qué?… Las palabras no salen de mi boca de la manera correcta, mi cerebro no era capaz de formular una frase coherente. —¡OH! Casi lo olvido profesora, también sobre este tema tengo una duda. Dijo, mientas iba pasando a otra página donde había escrito también. “Si lo has entendido y estás dispuesta a obedecerme en lo que te diga, di ¡DE ACUERDO! En voz alta.” En el salón de clase nadie parecía darse cuenta de lo que estaba ocurriendo en mi escritorio entre Frank y yo. Sin embargo, yo, estaba al borde de un ataque de pánico, a punto de perder el poco raciocinio que me quedaba, al borde de sufrir un paro cardiaco que me llevara directo al infierno…
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