CAPÍTULO XX Después de la partida de su madre, Selene se dedicó de lleno a la empresa, dejándose absorber por el trabajo. No paraba desde que se levantaba, hasta que volvía a dormir. —Señorita, debería de ir a descansar, hoy ni siquiera ha comido algo —sugirió Dolores. Comenzaba a preocuparse por Selene. La joven mostraba signos de cansancio, había perdido peso y en su rostro se marcaban ojeras que antes no tenía e incluso su mirada parecía haber perdido brillo. Eso no era todo, su estado de ánimo también había cambiado. Normalmente, Selene era alegre y dedicaba sonrisas a quienes las rodeaban; pero ahora apenas y hablaba con alguien más y su ánimo era opaco, apagado. —Estoy bien, el trabajo me ayuda a distraerme y en este momento es lo que más necesito —aclaró Selene. —Se parece muc

