Capítulo 5- El sabor de lo inesperado

887 Words
Siria. El sol entraba tímidamente por la ventana, pero no me levanté de la cama. Al final, había decidido faltar a clases, no porque no pudiera ir, sino porque necesitaba un descanso. A veces las emociones se acumulan más de lo que uno cree, y aunque mi mente me decía que debía ser responsable y seguir con la rutina, mi cuerpo pedía un respiro. Sentía que todo lo que había ocurrido en los últimos días era demasiado. Romper con Matt, la discusión con Gael, esos extraños momentos de tensión entre nosotros… Necesitaba un tiempo para procesarlo. Me quedé acostada mirando el techo, pero mi mente no dejaba de dar vueltas. Recordé el momento en que Gael me había hablado antes de que entrara al cuarto con el grupo. — "Todo va a estar bien. Si necesitas algo, puedes contar conmigo. Aunque no siempre, porque no me gustan esos dramas." — Me dijo, su tono frío y directo, pero al final soltó una risa que hizo que sus palabras sonaran más ligeras. A pesar de que me había hecho una broma, en ese momento me sentí un poco más tranquila. No podía dejar de pensar en él. Gael era raro. Era frío, distante, y a veces incluso parecía no interesarse por nada. Pero había algo en él que no se podía ignorar. No solo por su apariencia —porque, siendo honesta, siempre me había parecido increíblemente atractivo— sino por esa actitud contradictoria. Era como si detrás de esa fachada de indiferencia, hubiese alguien de buen corazón, alguien que no sabía cómo mostrarlo, o que simplemente no quería hacerlo. Y eso me sorprendía. "¿Cómo es que no me había dado cuenta de eso antes?", pensé. La verdad es que siempre lo vi como alguien lejano, alguien con una energía fría que intimidaba. Pero ahora, con las palabras que me había dicho, esa pequeña muestra de preocupación, me hacía verlo de una manera diferente. "¿Qué estás haciendo, Sira? ¿Acaso estás comenzando a ver a Gael de una forma más cercana?". Era extraño, porque todo en él me decía que era mejor mantener la distancia, que no podía permitirme empezar a ver algo más allá de esa fachada. Sin embargo, esa preocupación que me había demostrado en un momento, aunque breve, me hizo cuestionarme por qué me sentía más tranquila de lo que pensaba al estar cerca de él. ¿Qué significaba eso? La ruptura con Matt había sido inevitable, aunque no dejaba de sentir esa incomodidad por todo lo que había pasado. Aunque la relación con él nunca había sido perfecta, la sensación de dar el paso definitivo me dejaba una mezcla de alivio y pesar. Al final, había dejado claro que no iba a volver a esa dinámica. Pero ahora tenía que seguir adelante. Me levanté de la cama, dejando de lado los pensamientos que aún daban vueltas en mi cabeza. Tenía que hacer algo para distraerme. Fue entonces cuando me acordé de las galletas que había pensado en hacer para Gael. Sí, lo sé, es raro. Después de todo lo que había pasado, hacerlo parecía una locura. Pero había algo en mí que necesitaba agradecerle. No podía evitarlo. Me dirigí a la cocina, tomé todos los ingredientes y comencé a prepararlas. No sabía por qué lo hacía, ni qué esperaba de todo esto. ¿Qué significaba hacerle galletas a alguien que había sido tan distante conmigo? ¿Acaso pensaba que un simple gesto como ese cambiaría algo? Mi mente comenzó a llenarse de dudas. "¿Es raro hacerle galletas a Gael?" pensé. "¿Acaso estoy siendo atrevida? ¿O tal vez estoy tratando de llenar el vacío que dejó Matt?" No quería que Gael fuera un reemplazo de mi ex, pero ¿realmente esto era una forma de superarlo? Me sentía insegura, como si estuviera haciendo algo inapropiado, como si fuera un paso demasiado grande hacia un terreno desconocido. ¿Y si él no lo veía de la misma manera? ¿Qué pensarían los demás si se enteraran? El simple acto de hacer las galletas para él me hacía sentir vulnerable, como si estuviera cruzando una línea invisible. No quería que Gael pensara que lo veía como algo más, ni que se sintiera como un sustituto de alguien que había sido importante para mí. "Esto es solo un gesto de agradecimiento," me recordé. Aunque una parte de mí no podía evitar sentirse como si estuviera intentando hacer algo más, algo que no estaba segura de cómo manejar. Mientras la masa tomaba forma, me perdí en mis pensamientos. Quizás solo necesitaba una forma de agradecerle por haberse tomado un momento para darme ese consejo frío, pero sincero. Quizás solo quería saber si realmente había algo más que esa fachada que siempre mostraba. No lo sabía, pero tenía que hacer algo. El olor dulce de las galletas llenó la casa, y por un momento, me sentí tranquila. Era raro cómo algo tan sencillo como hornear podía calmar la tormenta en mi cabeza. Las galletas estaban casi listas, y aunque sentía algo de inseguridad, algo me decía que no debía arrepentirme de este pequeño gesto. No sabía qué iba a pasar después, pero por primera vez en mucho tiempo, sentía que estaba tomando una decisión que me pertenecía a mí sola.
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