Capítulo 4- El silencio de lo no dicho

860 Words
Gael. El aire frío me envolvía mientras caminaba lejos del grupo. Necesitaba alejarme, estar a solas un momento, para no escuchar el bullicio ni las risas que me parecían lejanas. No es que no pudiera soportarlo, pero a veces el ruido me cansaba. Cada palabra, cada risa, cada comentario parecía agobiarme más que calmarme. Mientras caminaba en círculos, mi mente se quedó atrapada en lo que acababa de suceder. Ver a Sira tan vulnerable, tan distante de la chica llena de vida que había conocido… Era raro, algo que no esperaba. Su llanto, aunque breve, me había dejado inquieto, aunque intentara no darle demasiada importancia. No me gustaba sentirme así, como si un dolor ajeno me tocara. No tenía idea de por qué me importaba, pero al final no podía ignorarlo. Había algo en ella, algo que me había atrapado sin darme cuenta. Algo que me hacía querer protegerla, aunque no supiera cómo. No era mi estilo, ni siquiera sabía cómo consolar a alguien, pero ahí estaba. Pensando en ella, por alguna razón que ni yo entendía del todo. Al regresar al grupo, sentí los ojos de todos sobre nosotros. Sabía que no necesitaban hablar, porque lo estaban diciendo todo con su mirada. Cuando entramos juntos, las conversaciones se apagaron por un segundo, como si el aire hubiera cambiado. Las miradas curiosas se fijaron en nosotros, algunas llenas de sorpresa, otras de duda. Y, por supuesto, Matt no tardó en mostrar lo que pensaba. Nos miró con desprecio, algo tan evidente que casi podía sentir la incomodidad en el aire. No me sorprendió. Sabía cómo era. Siempre había tenido esa actitud, como si todo a su alrededor le perteneciera. Como si Sira fuera una de sus pertenencias, algo que podía mover a su antojo. ¿Por qué me sorprendía? Era Matt, después de todo. Nunca fue un buen tipo, siempre arrastraba a las personas hacia su turbulenta espiral. Y ahora, de alguna manera, me veía a mí como una amenaza a su control. Esa mirada que me lanzó, esa mezcla de desdén y celos, era algo que había visto antes. Pero hoy era diferente. Esta vez me sentí más… distante de él. Mi mirada se cruzó con la de Matt por un momento. Fue breve, casi fugaz, pero sentí como si me atravesara. No necesitaba que me lo dijera; su rostro lo dejaba claro. "¿Qué miras, Matt?", pensé, aunque no lo expresé en voz alta. No valía la pena. No me importaba lo que pensara de mí. Ya no. La verdad, ver esa expresión en su cara me provocó una satisfacción inesperada. Tal vez era porque, por fin, las piezas encajaban. Sira no era de él. Nunca lo fue. Me daba cierto alivio saber que Matt estaba viendo lo que yo veía en ese momento. La tensión en su rostro era como una confirmación. Lo que pasó entre Sira y él ya no tenía importancia. Esa relación intermitente, esos "va y vienes" que siempre parecían definir su vínculo, estaban en sus últimas. Y yo estaba aquí, presenciando cómo se desmoronaba. Era como si por fin se diera cuenta de que no podía seguir manejando a las personas a su alrededor como si fueran marionetas. Había tenido demasiados conflictos con Matt en el pasado, demasiadas veces en las que intentó imponer su voluntad, especialmente sobre Sira. Pero a pesar de todo eso, nunca lo había enfrentado. No me gustaba el conflicto, y él siempre encontraba formas de lanzarme comentarios que me irritaban, que me hacían cuestionar nuestra "amistad". Sabía cómo manipular las cosas a su favor, cómo hacer que los demás se sintieran incómodos, como si su forma de ser tuviera el derecho de anular a los demás. Eso, por alguna razón, me molestaba más de lo que debería. Recuerdo todas esas veces que se metió en situaciones que no le concernían, esa actitud de superioridad con la que hablaba, como si tuviera el control de todos los que lo rodeaban. Pero hoy era diferente. Hoy, no me importaba. No lo quería cerca. No lo necesitaba en mi vida, y menos en la de Sira. Cada vez que trataba de imponerse sobre ella, cada vez que la hacía sentir pequeña, lo veía con más claridad. Ya no iba a ser su cómplice, no iba a quedarme callado ante su egoísmo. Lo miré una vez más, con la mirada fría que siempre había tenido, y me di cuenta de que esta vez no sentí el mínimo rastro de respeto por él. No me interesaba lo que pensara de mí, y mucho menos me importaba lo que pensara de Sira. Me daba satisfacción que lo mirara así, porque en ese momento entendió algo que ya había quedado claro. Ella no era suya. Nunca lo fue. Sin más, me giré y me senté en mi lugar, ignorando a todos los demás. No iba a darle más importancia a nada de eso. Lo que pasaba con Matt, con su mirada, con la tensión entre nosotros, no era mi problema. Y menos cuando Sira se estaba alejando de él, de forma definitiva. Hoy, por fin, era claro que ella estaba tomando su propio camino.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD