Capítulo 11- Lo que se calla y se siente

1305 Words
Gael. El día comenzó como cualquier otro. La clase de matemáticas fue lo de siempre: ecuaciones, fórmulas y ese ambiente en el que apenas se escuchaban murmullos. Sin embargo, al mirar a Sira, noté algo diferente. Estaba más distante, más callada de lo habitual. De vez en cuando la veía lanzarme una mirada rápida, pero cuando nuestros ojos se encontraban, ella apartaba la vista al instante. Al principio, lo ignoré. No era raro que Sira se centrara en sus tareas, siempre tan concentrada, pero algo me decía que no se trataba solo de eso. Podía sentir que algo en el aire había cambiado, aunque no sabía qué. Tatiana, por otro lado, no dejaba de hablar. Se acercó a mí después de que terminara el examen, justo cuando la campana anunciaba el fin de la clase. No pude evitar que una ligera incomodidad me invadiera. Sabía lo que quería, y no me agradaba la forma en que me lo pedía. —¿Gael, me das un abrazo? —me preguntó con esa sonrisa que siempre tenía, esa que no dejaba lugar a dudas de lo que esperaba de mí. Una parte de mí quería negarme, pero lo hice de todos modos, aceptando el abrazo por el simple hecho de que no quería ser grosero. Era Tatiana, después de todo. Aunque, ¿por qué tenía que pedírmelo de esa forma tan... directa? —Gracias —dijo, su voz suave y coqueta, y aunque intentaba no mostrarlo, me sentí algo incómodo. En ese instante, la miré a ella y luego, casi involuntariamente, mis ojos se dirigieron hacia Sira. Y ahí fue cuando lo noté. La vi desde la distancia, observándonos con el ceño fruncido. Por un momento, me quedé parado ahí, con los brazos aún alrededor de Tatiana, tratando de entender qué sentía. ¿Por qué me molestaba tanto la forma en que Sira me miraba? La verdad, no sabía cómo etiquetar lo que sentía. ¿Acaso estaba... celosa? No podía ser. Pero, a medida que observaba a Sira alejándose con la mirada fija en el suelo, no pude evitar preguntarme si esa molestia en mi pecho tenía algo que ver con lo que acababa de ver en ella. Al terminar el abrazo, vi cómo Sira se levantaba rápidamente y se apartaba. No la seguí de inmediato, pero mi mente se llenó de pensamientos contradictorios. ¿Por qué me sentía incómodo al verla actuar de esa manera? Tal vez no era celos, pero sí algo cercano. Algo que no podía explicar. —¿Todo bien? —me preguntó Tatiana, viendo mi mirada perdida. Me despejé, volviendo a la realidad, y asentí. —Sí, todo bien. —Dije, aunque no me sentía seguro de lo que acababa de pasar. Me despedí de Tatiana, quien volvió a unirse a sus amigas, y caminé por el pasillo con la mente llena de preguntas. ¿Por qué Sira me había mirado así? ¿Por qué esa extraña sensación de incomodidad que no podía entender? Decidí ir tras ella. Necesitaba aclarar qué había pasado. La vi al final del pasillo, caminando hacia la biblioteca, y sin pensarlo mucho, la seguí. —Sira —la llamé, caminando más rápido para alcanzarla. Ella no me miró al principio, y eso me sorprendió. Sabía que me había visto, pero no me había respondido. Cuando por fin se giró, me encontré con su rostro serio, sus labios sellados en una línea fina. No sabía si estaba molesta o simplemente cansada. —¿Qué pasa? —le pregunté, aunque sabía que mi tono sonaba más preocupado de lo que había querido. Ella no respondió de inmediato. Simplemente caminó un par de pasos más, y cuando se detuvo, me miró con esa mirada distante que siempre me desconcertaba. —Nada —dijo con frialdad, pero esa frialdad no me convenció. Era como si todo lo que había dicho y hecho hasta ahora hubiera perdido significado. La verdad, no sabía qué esperar de ella. Estaba acostumbrado a sus reacciones impredecibles, pero esta vez algo se sentía diferente. Entramos en la biblioteca, y nos sentamos en el rincón que solíamos ocupar, pero el ambiente entre nosotros era extraño. La distancia entre nosotros, que antes era natural, ahora era palpable. Estaba claro que algo no iba bien, pero ¿qué era? ¿Acaso tenía algo que ver con Tatiana? Sira no dejaba de jugar con la tapa de su libro, su mirada fija en la mesa. Yo intentaba empezar a estudiar, pero la incomodidad que había entre nosotros me impedía concentrarme. —¿Estás segura de que todo está bien? —le pregunté, mirando hacia ella mientras sacaba mis libros, pero mis ojos no dejaban de irse hacia ella. Sira estaba concentrada en sus notas, pero su postura, esa rigidez en su cuerpo, me decía que no estaba bien. —Sí, estoy bien —respondió sin mirarme, su voz ligeramente más fría. Dejé escapar un suspiro, algo entre frustración y confusión. Quería entender, quería saber qué estaba pasando. No estaba acostumbrado a que alguien me respondiera de esa manera, y mucho menos Sira. —Sira, si algo te molesta, puedes decírmelo —le dije, en un intento por abrir una puerta que no estaba seguro de si debía abrir. Ella levantó la vista por un segundo, sus ojos chocaron con los míos. No dijo nada, pero por un instante sentí que había algo más detrás de su mirada. Algo que me estaba perdiendo. Finalmente, ella desvió la mirada nuevamente, y yo me sentí más perdido que nunca. ¿Qué había hecho mal? O mejor aún, ¿había hecho algo mal? Pocos minutos después, Sira cerró el libro con un gesto brusco y me miró de nuevo, pero esta vez sus palabras fueron cortantes, algo que no había esperado de ella. —¿Por qué no invitas a tu amiga a leer contigo? —dijo, con un tono que, aunque aparentemente inocente, me hizo darme cuenta de que había algo más en su voz. No entendí el significado de sus palabras en ese momento, pero algo en mi interior me hizo sentir que, de alguna manera, estaba celosa. ¿Celosa de Tatiana? ¿Realmente era eso? Sira siempre había sido directa, pero jamás me había hablado de esa forma. Mi mente empezó a procesar lo que acababa de decir. Sus palabras se quedaban en mi cabeza, y no podía dejar de pensar en la reacción que había tenido al ver el abrazo con Tatiana. Todo comenzaba a encajar, pero al mismo tiempo, no podía entender por qué me importaba tanto. —No es lo que parece —respondí rápidamente, aunque no estaba seguro de por qué me sentía tan nervioso al explicarlo. No quería que pensara que yo tenía alguna clase de interés especial en Tatiana. Sira hizo un gesto con la mano, como si no le importara, y volvió a concentrarse en sus cosas. —No te preocupes —dijo, pero su tono no era el mismo de antes. Estaba distante, y sentí que la conversación se había enfriado aún más. A lo lejos, vi cómo algunas personas entraban y salían de la biblioteca, pero yo seguía mirando a Sira, incapaz de dejar de pensar en lo que acababa de decir. ¿Realmente estaba celosa? Y si era así, ¿qué significaba eso para mí? La biblioteca, que solía ser un lugar tranquilo y cómodo, ahora se sentía como el escenario de una tormenta que yo no sabía cómo manejar. Mientras Sira se concentraba en su tarea, yo no podía dejar de darle vueltas a la conversación. La distancia entre nosotros estaba creciendo, y no podía entender por qué. Lo único que sabía con certeza es que, por alguna razón que aún no entendía, estaba empezando a cuestionar lo que sentía por Sira, y lo que, tal vez, ella sentía por mí.
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