Gael.
Era raro, muy raro. Allí estaba yo, en clase de matemáticas, rodeado de números y fórmulas que siempre me habían traído calma, la misma calma que me producía cuando me concentraba al 100%. Pero algo estaba mal. Mis pensamientos no se centraban en el cálculo de esa ecuación que había escrito en el cuaderno. En vez de eso, no podía dejar de pensar en Sira.
No era normal. Siempre había sido un tipo que se enfocaba en lo que hacía, sin distracciones, sin que nada me sacudiera. Pero ahora, ahí estaba yo, pensando en ella, en su sonrisa nerviosa y en lo fácil que me parecía hablar con ella, aunque ni siquiera sabíamos mucho el uno del otro. ¿Por qué estaba pasando esto? ¿Acaso esto era lo que sentían las personas cuando pensaban en alguien? Quizá solo estaba siendo amable, ¿o había algo más?
Mis dedos garabatearon un par de números más, pero mi mente seguía vagando, preguntándose qué demonios me estaba pasando. No tenía respuestas, solo un montón de preguntas sin sentido, como si todo lo que creía saber sobre mí mismo se estuviera desmoronando. ¿Era esto lo que sucedía cuando alguien se "enamoraba"? Me sentí incómodo solo de pensarlo.
El timbre de la clase sonó, sacándome de mis pensamientos, y por un segundo me sentí aliviado, hasta que me di cuenta de que Sira aún estaba en la escuela y que había una oportunidad, una oportunidad que no podía dejar pasar.
Sin pensarlo más, me levanté de mi asiento. Estaba nervioso, algo que no me pasaba nunca. Ni siquiera en los torneos de básquet, cuando la presión estaba al máximo. Pero algo sobre esta situación era diferente. Caminé hacia ella, sin mucha idea de cómo iniciar la conversación, pero sabía que tenía que hacerlo.
"Hey, Sira", dije, tratando de sonar natural. Mi voz, sin embargo, no salió como esperaba. Se me notaba la tensión, incluso en mi tono de voz. "¿Cómo estás?"
Sira levantó la vista, un poco sorprendida por mi saludo, y sonrió, algo tímida. "Eh... Bien, gracias", respondió, ajustando un poco su mochila.
Sentí la necesidad de seguir hablando, de mantener la conversación fluida, aunque no tenía idea de qué decir. Estaba nervioso, y ni siquiera sabía por qué. "Te pasé las notas con lo que vimos hoy. Si necesitas alguna explicación, solo dímelo." Saqué mis hojas de mi mochila y se las ofrecí.
Vi cómo sus mejillas se sonrojaban un poco mientras las tomaba. "Gracias, Gael... De verdad," dijo, con la voz un poco temblorosa.
El nerviosismo que sentía era evidente, tanto en ella como en mí, y me hizo preguntarme si había algo que yo pudiera hacer para aligerar la situación. Fue entonces cuando ella, con una especie de valentía, sacó una caja de su mochila. "Ah, y... esto... las galletas. Para ti", dijo rápidamente, casi sin atreverse a mirarme.
Me sorprendí al ver lo que me estaba dando, pero la tomé con una sonrisa. "Gracias, Sira", dije, agradecido. Había algo genuino en su gesto, y me pareció bastante valiente, aunque en su cara pude ver la vergüenza que sentía. "Las probaré luego."
El timbre sonó, y de inmediato los estudiantes empezaron a levantarse, preparándose para el recreo. Me dirigí al patio con la intención de jugar un poco de básquet, mi deporte favorito, pero mis amigos me llamaron.
"Gael, ven acá", me dijo Manuel, y aunque me sentía un poco frustrado por no poder jugar, me acerqué a ellos. Me senté junto a Sebas, Martín y Nick, y comenzamos a hablar.
"Entonces, ¿ya te has fijado en alguna chica, Gael?" Preguntó Sebas, con una sonrisa pícara.
"¿Qué? No", respondí, tratando de no sonar demasiado cortante. Pero, en el fondo, algo me dijo que ya era hora de reconocer lo que sentía. Pero no estaba listo para hacerlo con ellos.
"Claro, ¿cómo no?", dijo Nick, riendo. "Si alguna vez te hemos visto con alguien, Gael, ¡es un milagro!"
Manuel, con una expresión que indicaba que había estado observando, me miró y luego comentó en voz baja: "Lo que me extraña es lo cercano que te has vuelto con Sira. No es normal que la pasen tan bien."
Al principio, me quedé en silencio. No sabía si responder, pero luego Sebas soltó algo que me hizo reaccionar. "No deberías acercarte demasiado a ella. Sabes que Matt no lo va a tolerar."
En ese momento, me sentí como si algo en mí se rompiera. Matt no iba a interferir en lo que hiciera con Sira, no más. "Ya no están juntos. No me importa lo que haga o deje de hacer él. Sira no es propiedad de nadie", respondí, un poco a la defensiva.
Mis amigos quedaron en silencio. Martín, con el rostro algo sorprendido, me miró fijamente. "¿En serio, Gael? ¿Te atrae ella?"
La pregunta me dejó frío. ¿Me atraía? Nunca me había detenido a pensarlo de esa forma. "No", respondí, más firme de lo que pensaba. "Es solo una amiga, pero si llegara a gustarme, no sería un problema. Ella no le pertenece a nadie, mucho menos a Matt."
El ambiente se quedó tenso. Mis amigos no sabían cómo reaccionar, y yo tampoco. Pero sentí algo dentro de mí. Por primera vez, pensaba en Sira de una manera distinta. Me molestaba que Matt pensara que podía decidir sobre ella, sobre lo que quería o no. Y me sorprendió a mí mismo al pensar que, si algo llegaba a surgir entre nosotros, no tendría que esconderlo por miedo a las opiniones de los demás.
Todo el resto del día, esa frase dio vueltas en mi cabeza. Sira no es propiedad de nadie.