capítulo 8- La confrontación

1374 Words
Gael. La biblioteca estaba tranquila, como siempre. El silencio estaba a punto de volverse mi refugio, hasta que la voz de Matt rompió esa paz con su tono burlón. —¿No crees que estás tomando todo esto demasiado en serio, Gael? —dijo, con una risa cargada de burla mientras se recostaba en una estantería cercana. Yo solo lo miré por un momento y volví a concentrarme en el libro de matemáticas frente a mí. No valía la pena contestar. ¿Qué más podía hacer? Sabía lo que Matt estaba intentando: provocarme. Sabía que siempre había algo que quería sacar de mí, algo que yo nunca le daba. Pero lo que no entendía era por qué seguía insistiendo. No lo iba a hacer. —No es que me lo tome en serio —respondí, sin quitarle la vista a mi libro—. Simplemente no veo el punto de tus comentarios. Matt no se rindió, como siempre. No le importaba si yo no le respondía. Quería algo más, algo que lo pusiera en control. Y yo no estaba dispuesto a dárselo. —¿Ah, sí? Pues parece que sí te molesta —dijo, caminando hacia mi mesa—. Te pones tan serio todo el tiempo, como si fueras mejor que todos. No respondí. Sabía que si abría la boca, las cosas iban a escalar rápido. Así que lo ignoré, esperando que se cansara. Pero no lo hizo. —Deberías relajarte, Gael. No todo es tan grave. Es solo que… no entiendo por qué actúas como si tuvieras algo más importante que hacer —agregó Matt, con una sonrisa irónica. Solté un suspiro. Eso era lo que me molestaba de Matt: su constante necesidad de ser el centro de atención. Pero yo no le iba a dar lo que quería. No esta vez. —Te aseguro que no me interesa tu opinión —respondí, manteniendo la calma. Matt se cruzó de brazos, como si estuviera esperando una reacción más fuerte de mi parte. —Lo que pasa es que eres aburrido, Gael —dijo, acercándose más—. Siempre tan distante, tan perfecto. ¿Realmente crees que todo el mundo te tiene que admirar por eso? Mis manos apretaron el libro sobre la mesa. Podía sentir cómo la rabia comenzaba a subir por mi garganta. No me importaba lo que pensara Matt, pero había algo en su actitud que me hacía hervir por dentro. Siempre había sido tan condescendiente, tan… infantil. Y, al final, nunca se daba cuenta de lo ridículo que se veía. Pero lo que dijo a continuación hizo que todo en mi interior se rompiera. —Y, por cierto, ¿qué pasa con Sira? La vi toda rara el otro día. Ya sabes, después de lo que pasó entre ustedes. ¿Qué más hay entre ustedes, eh? O solo eres el chico frío que no sabe cómo tratar a una chica como ella. ¿Eso te hace sentir bien, verdad? El golpe de esas palabras fue lo que finalmente me hizo explotar. Sin pensarlo dos veces, me levanté de la mesa, la ira nublando mi visión. No le iba a dejar decir esas cosas, no sobre ella. —¿Te crees con derecho a hablar de Sira así? —le dije, esta vez con un tono mucho más firme y bajo—. Quizás crees que tienes algo sobre ella, pero déjame decirte algo: ella cayó muy bajo como para estar en una relación con alguien tan patético como tú. Matt retrocedió un paso, sorprendido por la intensidad de mi respuesta, pero no se dio por vencido. —No te pongas en plan protector, Gael. Es solo una chica. ¿Qué te pasa? ¿Te crees que tienes algo más que nadie más puede tener? Pude ver la frustración en su rostro, pero algo dentro de mí no podía soportar más sus comentarios. Esto no era solo sobre él, era sobre Sira, sobre lo que él había hecho, sobre lo que seguía haciendo. No tenía derecho a seguir jugando con ella. —Escucha bien —le dije, mirando directo a sus ojos—. No quiero que te acerques a ella en un buen tiempo. No me importa lo que digas o lo que pienses. Pero no te voy a tolerar cerca de Sira de nuevo. Si alguna vez vuelves a hacerle daño, vas a ver lo que pasa. Lo dije con tal firmeza que Matt se quedó en silencio por unos segundos. Sus labios temblaron, como si quisiera decir algo, pero no lo hizo. Al final, simplemente giró sobre sus talones y se fue sin decir una palabra. Yo me quedé allí, respirando hondo, tratando de calmarme. Todo esto era mucho más personal de lo que quería admitir. Siempre había sido frío, distante, porque así era como me sentía más cómodo. Pero con Sira… algo había cambiado. No podía soportar verla herida por alguien como Matt. No iba a permitir que eso pasara. Cuando me calmé un poco, volví a mi asiento en la biblioteca, pero mis pensamientos seguían atrapados en lo que había pasado. Mis manos aún temblaban ligeramente, pero lo peor de todo era que no podía dejar de pensar en lo que realmente había dicho: “No quiero que te acerques a ella”. Había sido una advertencia, pero también una promesa. No dejaría que nadie volviera a hacerle daño a Sira. Al final, mi mente se desvió hacia ella. Me preguntaba cómo estaría, si se había dado cuenta de lo que había pasado. ¿Le habría molestado mi intervención? No sabía cómo manejar estas cosas, pero no podía quedarme con la sensación de que no había hecho lo correcto. Decidí que necesitaba verla, hablar con ella, asegurarme de que todo estuviera bien. Cuando entré al pasillo y la vi sentada en uno de los bancos cerca de la entrada, supe que era el momento adecuado. Me acerqué lentamente, mi respiración todavía algo acelerada, pero al mismo tiempo, una extraña tranquilidad me invadió al verla allí. Siempre había algo en su presencia que lograba calmarme. —Sira —dije en voz baja, como si no quisiera romper la calma del momento. Ella levantó la vista de su teléfono, sonrió ligeramente y me hizo un gesto con la mano para que me sentara. Sus ojos tenían una calma que contrastaba con la agitación que sentía en mi interior. Se veía tan serena, tan en paz. De alguna manera, era como si siempre supiera cómo estar bien, incluso cuando el mundo a su alrededor estaba hecho un caos. —¿Todo bien? —preguntó, su tono suave, pero con esa curiosidad que siempre había tenido. Me senté a su lado, mirando al frente, sin saber exactamente cómo comenzar. Algo en su presencia me calmaba, pero también me hacía sentir vulnerable. —Sí… —respondí, algo distraído—. Es solo que… Matt me estaba molestando. Sira me miró fijamente, sin sorpresa. Ella siempre había sabido cómo leerme. —Ya… lo noté —dijo con una pequeña sonrisa en los labios—. Pero ¿estás bien? No quiero que te pongas mal por él. Lo que dijo me hizo pensar en lo que había hecho. Había sido directo con Matt, sí, pero más que por mí, lo había hecho por ella. Aunque, de alguna manera, también me había sentido bien hacerlo. No quería que nadie le hiciera daño. No quería que Matt se acercara a ella, no después de todo lo que había pasado. —Sí, estoy bien —respondí, mirando hacia ella—. Solo… no quiero que te vuelvas a meter en problemas con él. No te lo merece. Sira me observó por un largo momento. Sus ojos brillaban con una mezcla de sorpresa y algo más, algo que no podía identificar. Finalmente, asintió lentamente. —Gracias, Gael —dijo, su voz suave pero con un tono de gratitud—. No te preocupes, todo está bien. En ese momento, sentí que lo que había hecho tenía sentido. Aunque no sabía lo que pasaría después, sabía que había hecho lo correcto. Y, por primera vez, esa sensación de tenerla cerca, de estar ahí para ella, me hizo sentir algo más grande que cualquier otra cosa.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD