MARIANA "Creo que es un hombre muy solitario." La frase salió de mi boca antes de que mi cerebro, medio congelado, pudiera detenerla. Y lo vi, vi el golpe. No fue físico, fue peor, fue como si le hubiera quitado la armadura de un solo tirón, dejando su piel expuesta al mismo frío que yo sentía, su rostro, que había estado jugando con la idea del "Ogro sexy", se cerró, se volvió una máscara de mármol. El Alejandro que casi había sonreído, desapareció y el Ogro, en toda su gloria glacial, estaba de vuelta. - Vámonos —dijo, su voz abruptamente cortante—. Esta farsa se acabó. Se dio la vuelta, sin esperar a ver si lo seguía, y caminó hacia las puertas de cristal. Me quedé ahí, un segundo, parada como una idiota, envuelta en el calor de su saco. "Esta farsa se acabó". ¿Cuál farsa

