-¿Qué haces Honey? ¿Y este desastre? -dice ella llegando de trabajar. La cocina, un caos. Había pasta quemada por doquier. Más la humareda como prueba de que lo había quemado todo, hasta la salsa, y ésta última estaba dispersa por todo el departamento. Parecía más la escena de un crimen de CSI que el vano intento de cocinar fideos.
-Intenté hacer la cena, pero no funcionó. Mejor pidamos pizza. -suspiré.
-Como lo limpies todo. ¿Y que es ese olor? -Musitó mientras inhalaba y exhalaba la humareda. -Me pregunto qué cosa no habrás quemado. -Dijo quejosa.
-En fin. ¿Cómo te ha ido en el trabajo? -Comento sacándole el tema mientras me dirigía a llenar de agua una cubeta y eventualmente limpiar la cocina con algún trapo.
En el último tiempo no le había ido muy bien en el trabajo. Las demás chicas que trabajaban en la segunda sucursal de Petallas le hacían la vida imposible a Luna. Incluso competían entre ellas. Luna había venido toda la semana quejándose de que sus ''lacayas'' -como las llamaría Ed tratando respectivamente a sus empleados- llevaban chismes de aquí para allá. Por esa misma razón había decidido cocinarle. Pero no resultó. Era pésimo cocinero.
-Lo normal. Ya sabes. Hablaron de que Petallas podría comenzar a hacer desfiles, ya sabes, para promoción. -Respingó ella.
-Es genial Luna.
-No sé, no viene mal un poco de promoción a Petallas. Pero no sé. De todos modos no es como si mi opinión importara. Mis tías ya lo tienen decidido. -Explicó ella resignada.
-Deberías modelar promocionando la ropa de la tienda entonces. -Dije sin más. Y es que Luna era tan bonita, era un desperdicio no trabajar con esa belleza.
-¡No quiero modelar! Odio eso. Creo que habíamos hablado de qué es exactamente lo que yo quería ser. -Rezongó.
-¿Y porque dices ''quería'' como si ahora no pudieras?
-Es que, no puedo. Siento que se me va pasando la vida. No soy nada de lo que planeé ser, no logré nada de las muchas cosas que hice. Pero, qué va, no puedo hacer nada más. ¿Verdad? -Espetó todo aquello y con la última mirada de resignación se dirigió a buscar algo para ayudar a limpiar el desastre. Por un lado era cierto, había pasado bastante tiempo, y Luna no había avanzado casi nada en el mundo que ella quería estar. Después de todo, se encontraba varada en la boutique de sus tías en medio de Manhattan.
Y es allí, cuando una parte del alma se hace notar. Los sueños frustrados. Es ahí, cuando vemos lo que hicimos, y lo que no. Lo que queríamos lograr y lo que no logramos. Es ahí, cuando nos damos cuenta del tiempo que perdimos. Es ahí, cuando te das cuenta que una etapa de tu vida muy importante se fue y no va a volver. Es ahí, cuando lo abandonas.
Pero...Luna no la abandonó. Quien estuvo abandonando sueños todo este tiempo he sido yo.
-¿Piensas en el futuro, Honey? -Musitó Luna una tarde de partido mientras veíamos televisión tirados en el sofá del living.
-¿Qué si pienso en el futuro? Explícate. -Dije un poco desentendido.
Menuda pregunta para pensar, y yo miraba la televisión en un domingo de un partido importantísimo. Y al decir verdad, ni siquiera me gustaba tanto el futbol. Era la culpa de Ed. Él me había enseñado a aferrarme a deportes como esos, que ni siquiera los neoyorkinos eran tan buenos haciendo. Pero después de todo, Ed era argentino.
-Ya sabes, como nos ves en unos años. -Musitó nuevamente.
-Tenemos veinte años, llevamos viviendo tres años bajo el mismo techo. ¿Esperas que aún responda esa pregunta? Creo que ya tenemos el futuro bastante planificado. -Le dije tan iluso y hueco. Solo me concentraba en el partido, y en cómo la pelota había sido desviada por el arquero. El tablero estaba 3 a 2, y solo un gol, y quedarían empatados.
-No realmente. No hemos planificado nada aún. ¿Y si algún día olvidamos todo esto? ¿Y si olvidamos todo el tiempo vivido juntos? ¿Y si olvidamos nuestra amistad? No quiero que eso pase algún día. Por eso quiero que pienses en ello. -Repuso Luna.
-¿El qué? -No lograba entender mucho de que hablaba, yo solo quería mirar el partido y ya. Momento más inoportuno eligió Luna para charlarme sobre su plan de vida. Pero no la culpo, eso era tan bonito de ella. La manera en que encontraba la forma de decirte cosas inoportunas en momentos inoportunos.
-En el futuro Honey. Que pienses en ello. -Vuelve a decir.
Para ser sincero fui tonto. No sabía ni siquiera que quería un futuro. Creo que ése era el problema. Algunos de nosotros no planificamos el futuro, ni siquiera pensamos en ello. Solo vivimos. Y esa es una forma muy estúpida de vivir. Es como vivir sin sentido alguno. Luna trataba de hacerme ver eso.
...
Era un jueves, aún lo recuerdo. Ludmila llegó y me dijo que debíamos preparar muchos pasteles de boda con un gesto teatral. Había un casamiento importante en La Catedral. Me habló de que se casarían dos extranjeros, que no eran de aquí, y eran de por allá. Ni siquiera había mencionado exactamente de donde eran. Solo que venían a casarse aquí para recordar viejos tiempos. No tenía mucho sentido para mí. De hecho, no debía tenerlo. No era algo que me importe. Habíamos comenzado a hacer pasteles para bodas desde hace un tiempo, y a veces ni siquiera nos esterábamos quien se casaba. Así es el trabajo. Recuerdo que teníamos muchos pedidos de pasteles y demás postres ése día, recuerdo haber reprendido a Ludmila porque en vez de trabajar se pasaba viendo al ''botones''. De todos modos, se lo permitía, solo porque estaba algo joven, y debía disfrutar. El hecho de que yo sea un infeliz de 30 y picos de años no quiere decir que nadie podía ser feliz en el trabajo. No estoy diciendo que yo no fuera feliz en el trabajo. De hecho, lo era bastante. No tenía odio por aquello, ni mucho menos. Podía decirse que amaba mi trabajo. Pero no importa si hubiera nacido para ello, seguía siendo infeliz, haciendo lo que quería. Nada en ése tiempo de mi vida me podía hacer feliz. Estaba viviendo neutro. Y es que tenía todo lo que quería, pero no lo que necesitaba.
-¿Alguna vez dejarás de mirar a Stephen? -Murmuré observando las miradas entrelazadas de Stephen y Ludmila como vestigio de que había algo allí.
-No se lo cuentes a nadie. Planeamos dejarlo en secreto. -Intentó explicar ella, y antes de que siguiera hablando le interrumpí.
-No hace falta que me expliques. En parte me recuerdas a mí. -Comento mientras comienzan a aparecer recuerdos en mi mente como en un flash back, y comienza la vorágine.
-¿Alguna vez te has enamorado, Honey? -Preguntó Ludmila aquella tarde. -¿Sabes? Es incluso difícil para mí hacer tantos pasteles de boda sin sentirme mal al respecto.
-Sí me he enamorado. Y también me siento mal, pero la diferencia es que yo me siento mal todo el tiempo. -Reí irónicamente. -A tu edad, me encontraba en Manhattan, viviendo con el amor de mi vida. Fue una época muy bonita.
-¿Y qué sucedió con el amor de tu vida? Es decir, ¿Por qué no están juntos? -Y cuando lo dijo, terminé unos segundos en responder mientras me encontraba pensando en la deplorable situación y lo estúpido que era todo. Lo estúpido que era yo, más bien.
-Supongo que finalmente yo no era el amor de su vida. -Digo y al cabo echo un suspiro. -Es por eso que Ludmila, disfruta este momento de tu vida.
Porque a partir de esa edad, donde te encuentras más cerca de los treinta que de los veinte, todo se determina. Ya no eres un adolescente, ni tampoco eres un viejo. Estás en un punto de tu vida donde ya sabes para donde va tu vida, y donde se supone que debes saber qué es lo que quieres hacer de ella. Y es el puto momento donde se define si estarás solo por el resto de tu vida o no. Y si eres de los desafortunados, y te encuentras en la primera situación, serás en un futuro un desesperado cuarentón buscando pareja en diez tecnologías diferentes y una más deprimente que otra, para luego darte cuenta que eres obsoleto, que lo nuevo siempre supera lo viejo, y que la vida se acorta lo suficiente como para que te des cuenta de lo corta que es.
-Espero que algún día encuentres al amor de tu vida. -Dijo ilusa. Y me pregunté, ¿Cómo podría encontrar al amor de mi vida si mi vida ahora mismo ya no era vida? ¿Cómo podría encontrar al amor de mi vida si mi vida eran solo unos cuantos años más?
-Al amor del resto de mi vida, querrás decir. -Y en eso, se me forma un nudo en la garganta casi al instante y un recuerdo poco grato se me vuelve a la mente.
Cuantas veces habré despertado y maldiciéndome por seguir viviendo. Y cuantas veces habré dado vueltas y vueltas en la cama sin pegar un solo ojo, y repitiéndome a mí mismo que no quería morir. Fue en esa etapa de mi vida que me había dado cuenta de lo solo que estaba. Fue en esa etapa de mi vida que me habría gustado vivir de otra forma. Era esa época de mierda, donde sabes que si te acuestas en el sillón, te levantas ahí. Y que has llegado a un punto de conocer tanta gente estúpida, que los odias a todos. Es esa mierda, de sentirte vacío, y sin futuro, sin camino, sin sentido, y sin lo más importante de todo, sin hogar.
Porque no importaba si tenía una casa, una cama, un departamento, si vivía con alguien o lo que fuere, me sentía perdido. Y eso es lo más terrible que le puede pasar a un ser humano. Sentirte perdido, sin poder encontrar el puto lugar al que perteneces. Tiempo antes de morir descubrí a dónde pertenecía. Pero cuando lo descubrí, me había dado cuenta de la perfecta vida que tuve, y que dejé atrás. Que dentro de toda la mierda que he vivido, tuve un hogar y fui feliz. Que después de todas las personas horribles que conocí, siempre le pertenecí a una. Pero lo peor, es que eso fue tarde. Y si la vida es tan puta de hacerte ver lo bueno que tuviste, es solo para recordarte que no lo volverás a tener. Que las cosas no se repiten dos veces, y lo que se fue no volverá. Que no volverás a ser feliz. Que solo te queda aferrarte a lo que tienes en el momento. Y que si no tienes nada, no eres nada.
Ludmila estaba siendo feliz, coqueteando o lo que fuera con el botones. Por muy pedófila que me sonaba la idea -ya que el botones tenía sus pares de años encima- y Ludmila solo era una jovencita ingenua. De esas que no saben lo que quieren. Ella tuvo en su vida pocas relaciones, decía que le iba muy mal en el amor. Pero de hecho, para mi le iba muy bien. Conozco de alguien a la que le hubiera gustado tener esa suerte.
Luna en su época de secundaria había estado con varios tipos, y quién sabe si tipas y otros seres vivientes más, sinceramente Luna tuvo sus épocas en donde le daba a cualquier cosa con patas que caminaba y/o se movía, pero aún así, nunca había hecho caso a lo que decían de ella hasta que al menos me lo confirmara. Nunca se sabía si era cierto o no algo. Y lo cierto era que, Luna tenía fama de puta. Pero no era su problema, el problema era de los tipos con los que estaba. No había escuchado siquiera, que alguno de ellos le dijera te amo, o te quiero. Nunca escuché a Luna hablarme de alguna anécdota o historia romántica. Ella se reservaba bastante. Pero viviendo con ella cinco años y un poco más, un sinfín de veces la escuché llorar sola en el baño porque los muchachos ya no le hacían caso. La escuché decir cosas como que nadie la quería, que nadie la tomaba enserio, y otras más. Odiaba verla llorar por eso, pero ella no dejaba que le dijera nada respecto al tema. Podría escupirle en la cara a cada uno de esos patanes. Ellos no saben lo que valía Luna, ¿qué podían saber lo difícil que era encontrar a alguien como ella? Si no la vieron plantearse cosas como su futuro, o verla planificar su vida unos quince años antes. Que pueden saber ellos, si no la vieron dormirse en cualquier lado, con unas ojeras de cansancio extremo, y verla bonita aún con ellas. Que pueden saber ellos si no la vieron al sol, y no notaron lo perfectos que son sus rasgos, lo delicada que es su cara, y lo suave que es su piel o el brillo que tenían sus ojos que pasaban de verdes a grisáceos. Que podían saber ellos, si no la vieron cuando estaba mimosa, y quería abrazar a todo aquel que sea abrazable. Si no la vieron tan indefensa y tierna cuando lagrimeaba por cualquier cosa y no notaron lo linda que es cuando tiene los ojos empañados de lágrimas, y lo bien que le quedaba el cabello hacia un lado. Que pueden saber ellos, si no la vieron en su forma más linda, más asquerosa, más real, y más perfecta de ella. ¿Qué podían saber? Que algo como ella sucede solo una vez en la vida. Y no resultaba la mierda de eso. La mierda era que Luna se sentía mal. Insuficiente, e incapaz de hacer que alguien se enamore de ella. ¿Y quién le iba a decir que nada de ella estaba mal? ¿Yo? Solo era su amigo ''gay'', no me lo creería ni en un millón de años.