Noviembre de 1989

3273 Words
10 de Noviembre de 1989. Faltaba solo un poco para terminar el año. Algunos de nosotros teníamos que seguir yendo al colegio por las materias que quedaban pendientes. Otra vez no me había eximido en al menos cuatro de doce. Otra vez era una molestia para papá. Pienso que a veces en cosas como éstas debí demostrarle que podía ser bueno, pero no, todo iba mal. Otra vez, y por siempre, terminaría siendo la vergüenza de papá. Me encontraba estudiando en el parque a las afueras del Monseñor, el nuevo instituto al que asistía. En eso, visualicé a José cruzando la calle. Traté de seguir concentrado en Química, pero los ácidos y los hidrácidos no eran un buen refugio. — ¿Así que ya no estás en el Morris? –dijo acercándose. Levanté la cabeza y me propuse mirarlo, no quedaba de otra. —Y por lo que me enteré tú tampoco. –contraataqué. Me esperaba una golpiza de primera. Una de esas que te hacen doler toda la cara a tal punto que piensas que ya no te quedan nervios. —Oh, así que ya se extendió el rumor. –acto seguido se sentó en la banqueta de en frente, se me había hecho raro que no me haya propinado un golpe. —Quizás no lo sepas, pero trabajabas para mi padre. –comentó. Y con esto me quedé boquiabierto. ¿Era enserio? ¿Enserio era él? —Sí...conocí a tu hermano. — ¿Ah sí? ¿Te habló de mí? –se ríe. Me abstuve a decirle que sí me había hablado de él, y que me había contado que era gay. Y ahora mismo tenía mucha curiosidad. Quería preguntarle el porqué de muchas cosas. —Tu padre y tu hermano han hecho menos pesado el trabajo. ¿Sabes? incluso llegué a pasarla mejor con ellos que con mi propio padre. –sonrío al pensar en aquello. Me gustaría poder decir que lo dije por compromiso. Pero a veces ese trabajo asqueroso era mejor que estar en casa. –Seguramente sabes porque trabajé ahí. –suspiré. Él asintió. —¿Es por eso que te fuiste del Morís? –preguntó luego de aclararse la voz. Le asentí. –A sí que...después de todo, si eras... —¿Gay? –gesticulé. –Pues, no, no estoy muy seguro. – José se quedó mirándome fijamente, con los ojos en blanco. –Es problemático. Solo sé que cuando le dije a mi padre que cabía la posibilidad de que lo fuera, me llevó a psicólogos, me hizo trabajar y hasta me cambió de colegio. Supongo que soy el hazme reír para personas como tú. –concluí a regañadientes. José se inmutó. —Honey, te juro que no tengo intenciones de molestarte por ello... -dijo él. Solo reí entre dientes ante semejante ironía. Lo sé. Sabía que no buscaba reírse de mí como siempre lo hizo, lo supe desde que pisó el parque y no comenzó a bravuconearme. Pero, ¿sabes? es difícil, incluso para las personas como yo, no ser rencoroso. No olvidas que alguien te trató mal ni en un millón de años. Y sucede, que estaba cansado de que la gente me tratara mal. —Claro, es mucho más fácil dejarme en paz ahora, que ya no tengo nada. Que ya estoy en el suelo. ¿Por qué cuando necesitaba estar bien solo ayudabas a que me sienta peor? —Porque no sabía cómo te sentías. –explicó. — ¿Y qué haces ahora que lo sabes? —Nada. Dejarlo así, supongo. –agregó. —Nada...sí, eso quería escuchar. –musité. — ¿Mi hermano te ha contado verdad? –masculló. — ¿Y qué importa, no? No me importan tus problemas José. —Sé que no te importan. Yo solo he tratado de ser un chico normal todo este tiempo, de demostrarle a mi papá que era por fin lo que él quería, ''el macho'' que quiso como hijo. E incluso después de tanto tiempo, sigue hostigándome por eso. Te entiendo, Honey, más que nadie. —¿Y si me entiendes porque me molestabas? –protesté. Él silenció un buen rato, y el problema no era lo que callaba, o la molesta e incómoda situación que abordaba el momento, sino todo lo que esto envolvía. –Pero no te preocupes. Me hago una idea de porque me molestabas a mí, o porque lo odiabas a Santiago. Supongo que a la larga le tomaste un cierto rencor a todo lo que fuiste... —Cállate. —Ni siquiera sabes lo que dices. No te molestaba porque pensaba que fueras gay, lo hacía porque es lo que me sale hacer. Ahora entiendo que no debí hacerlo. Pero no te creas el ombligo del mundo. –dicho esto se levantó del asiento y comenzó a levantar la voz a medida que decía algo, elevó una de sus manos sobre su frente y comenzó a tocarse la cabeza. — ¿Qué se piensan los pobres diablos? ¿Qué vivo por joderles la vida o algo así? No estaba las 24 horas del día buscándote para hostigarte y saciarme como un enfermo sadomasoquista. Solo lo hacía. Pensé en ser mejor persona, y no resultó. Estoy en ello. Estaría bien que dejes de ser el puto y jodido resentido que da lástima y me provoca ganas de golpear, y comiences a hacerte hombre. ¡Deja de autocompadecerte, me enfermas! Y algo en mi hizo clic. ¿Qué era realmente lo que molestaba a José? ¿Acaso no era suficiente con odiarme a mí mismo, que también provocaba ganas de que me odien? ¿Qué hacía realmente de malo? Claro que no era la imagen que quería dar. No quería la lástima, ni que se compadecieran de mí. Pero era lo que parecía. ¿Desde cuándo ser un hombre estaba relacionado con esconder lo que sientes? ¿Y porque ser yo mismo molestaba a alguien más? Y había entendido, que había estado equivocado con el concepto de ser hombre todo este tiempo. Para mí, ser hombre estaba relacionado con la sexualidad, que debía ser menos como yo y ser mas como decía mi padre. Pensé entonces que era un raro. Pero no, ser hombre va más allá de la masculinidad o la sexualidad, como muchos lo asocian. Si no que aceptar la situación y poner los huevos sobre la mesa como dice el dicho. Todo este tiempo solo había estado llorando, autocompadeciéndome, sin hacer otra cosa que esperar a que algo bueno me sucediera. No accionaba, no hacía nada por mí, ni por nadie. No luchaba por nada. No tenía propósitos o metas a cumplir. No solamente no era un hombre. No era nada. — ¿Así es como me veo todo el tiempo? –digo para mis adentros. –A sí que así es como me veo...-repetí a voz y respingué. –Con que molestar maricones en tus tiempos libres no era un hobbie, era más una reacción natural. ¿Y lo de Santiago? ¿También era una reacción natural? —Honey, no tengo porqué contarte esto. Pero lo de Santiago va mas allá de querer golpear a alguien por ser un marica, es algo del pasado. Y no puedes entrometerte en el pasado de alguien, hay cosas que deben permanecer como están, sin salir a la luz. —¿Qué dices? Usas la oración ''cosas del pasado'' como si fuiste a matar a alguien y Santiago fuera tu cómplice en aquel entonces. —Que imaginación Van De Wood. Como sea me tengo que ir. Solo era eso. Que sepas que no tengo problemas contigo, y quiero creer que respetarás lo que te contó mi hermano y no lo usarás en mi contra. –Espetó. —No haría eso. Pero dime porqué tú y Santiago se odian. Solo eso. Suspiró. —Salíamos. –comentó. Y acto seguido comenzó a caminar. –Adiós Van De Wood. –Agregó para luego esfumarse. Mi mundo por un momento había quedado en un shock total, como si no fuera mucho que José Mendez el hostigador fuera gay, también me habría sorprendido con que salía con Santiago. Ahora todo tenía sentido. Y entonces entendí, que había más gays de lo que imaginaba. Y que no necesariamente todos vestirían de rosa. Que la sexualidad en cada persona era indistinta a como fuera su personalidad o su apariencia. Costaba creer que alguien como Santiago, líder del equipo de futbol, caballero y bueno con las mujeres, y a la vez rodeado de ellas, fuera gay. O que alguien como José, que vive molestando a las personas, riéndose de todas ellas, quien sobrepasaba la masculinidad normal. Machista, y con más músculos que neuronas también lo fuera. Habría una persona dudando de su sexualidad por cada cuadra que pisara. Dudando entre ser homosexual, bisexual o lo que estaba bajo los regímenes de lo normal. Había entendido también, que a personas como José, podía caerle bien o mal fuera cómo sea, o de la sexualidad que sea. Las personas te pueden odiar, y te pueden amar, y nada de eso tiene que ver contigo. Porque todos te ven de la misma forma que elijen verte. Desde la primera vez que te vieron te tacharon. Te rechazaron. Ahora, lo entendía. Estaba más allá de que fuera un marginado socialmente, un fracasado, o un pobre diablo como decía él. O un maricón como decía papá, o un lento como solía decirme Luna. Estaban llenos de conceptos sobre mí, más que yo mismo. El problema no era como me vestía, o como era, o que me gustaba, o que nunca haya estado con una chica. Era la variedad que eres a los ojos de todo el mundo. Nadie te ve de la misma manera que alguien más. Y eso solo hacía que los odie más. Ahora odiaba a todo el mundo. 3 de Diciembre de 1989. Esa tarde me encontraba golpeado, me había peleado con el alumnado de Monseñor. Al parecer no les caía bien desde que ingresé al colegio, y no era por cómo era, si no porque para algunas chicas les resultaba atractivo. Entre esas, la novia de Kevin Becher, el líder del equipo de futbol. Según entendí, Kevin escuchó que su novia iba a cortarle por mí. Y eso es algo realmente estúpido, porque yo ni siquiera hablaba con ella. Pero ya sabes, rumores. No quise defenderme al contarles que probablemente era gay, pero solo hubiera traído problemas. Callé, silencié como quien guarda un secreto entre lo más profundo del alma. Había visto al mundo entero rechazarme. Era a lo que yo estaba acostumbrado. Incluso ahora, trataba de no volverme el ser asqueroso que mencionó José en aquella vez, no quería ser alguien que se autocompadeciera. Fue la época de mi vida donde todo era una mierda, y no hacía nada para cambiarlo. —Honey, tengo que contarte algo. –dice Luna llegando al jardín de mi casa. Había cruzado el muro como todos los días desde hace dieciocho años. Se inmutó al ver mi rostro moretoneado. –Estás golpeado. ¿Qué te pasó? –Preocupada al notar mis heridas, Luna se acercó inmediatamente y me abrazó. —Nada, solo es que estuve trabajando duro esta semana, eso es todo. En realidad, no fue eso. En la semana no había trabajado demasiado. Y si lo hice no fue lo suficiente para hacerme moretones o heridas. Supongo que Luna se habrá dado cuenta. No es estúpida para creerme. Solo hizo una mueca de disconformidad y siguió hablando. —Está bien, mi punto es, que me iré a vivir al exterior Honey. –espetó mirándome fijo, esperando respuesta. — ¿Qué? ¿A dónde te irás? –pregunto perplejo. —A New York. No importa mucho eso. No estoy segura, pero es una decisión tomada. –comenta con los ojos tristes. Sus ojos, eran dibujos que hablaban de cómo se sentía ella. Era espléndido mirarla a los ojos y darse cuenta de todo lo que ocurría. — ¿Te irás? ¿Me dejarás solo? No te vayas, no me dejes... Hasta parecía un niño llorando porque su madre lo dejaría en algún lugar. Pero...Luna era todo lo que tenía entonces. Mi vida era una mierda en casa, mi vida era una mierda en el colegio. En síntesis, mi vida era una mierda. Y si había algo que me hacía sonreír al menos una vez, y me hacía despertarme todos los días con un motivo, era Luna. —Sé que es muy egoísta que te pida que te quedes, pero entiende que eres la única razón por la que no termino colgando de una soga. No puedes hacerme esto, por favor, no lo hagas. Cuando pensé que todo marchaba bien, o al menos eso parecía. Cuando pensé que los golpes o todo lo que me pudieran hacer las personas ya no eran nada, cuando pensé que podría aguantarlo todo. O que nada en este mundo me cambiaría, o me importaría. Apareció Luna con una noticia como ésta, y solo me pregunté ¿Es acaso una broma de mal gusto de la vida? —Mis padres se divorciaron, y mamá ya no es la misma que antes. No quiero esto para mi vida, Honey. Estando aquí solo viviré en la monotonía y en la tristeza. No puedo vivir con mi mamá así. Y estando donde quiero ir, podré trabajar con mis tías, veré a mi papá, y todo será mejor. –repuso Luna. En la esperanza de que un viaje traiga consido una nueva vida, que traería mejores noticias. Pero era más que eso, más que solo irse a New York y dejar todo atrás, lo que ella buscaba era dejar atrás a su madre. Pero ambos sabíamos, que eso solo la lastimaría más. — ¿Vas a dejar a tu madre cuando más te necesita? —No entiendes como son las cosas Honey. Ella quiere estar sola. Ni siquiera me quiere aquí. Si por ella fuera, yo viviría con papá. Pero está tan loca que no sabe lo que quiere, no sabe si quiere tenerme aquí. Y no voy a estar esperándola todo el tiempo. No sabes cómo es Honey, pero ella ya no es la misma de antes, la veo y no es mi madre. Luna desde pequeña tenía problemas con su madre. No era el tipo de familias normales en el que los hijos prefieren a la madre. La madre de Luna tenía problemas, desde siempre. Mi madre solía decir que ella era de esas mujeres de las cuales solo tienen hijos porque pueden hacerlo y ya, no porque quisieran. Ella habría tenido a Luna a los 15 años. Y cuando Luna comenzó a crecer, ella quiso rejuvenecer. El padre de Luna prácticamente la crió a Luna. En sus brazos, Luna creció y aprendió muchas cosas, y si Luna es ahora lo que es, es gracias a su padre. Su madre, solo fue un gran vacío en su vida. Como mi padre en la mía. -Gracias por la parte que me toca. ¿Sabes lo difícil que va a ser para mí de ahora en adelante? –No trataba de echarle culpas, pero así sonaban mis sentimientos. No quería perderla. -Si tanto te importa, ¿Por qué no vas conmigo? –Por un momento, la locura habló. -¿No odias estar aquí tanto como yo? ¿No prefieres dejar el pasado y dejar todo lo que nos persigue aquí? No tienes nada por el cual permanecer aquí. Lo sabes Honey. -Por mucho que odie este lugar. No puedo hacerlo... -Digo, tratando de ser un poco menos impulsivo que ella. Pero por un momento en mi vida, una locura como esa tenía mucho más sentido que mi vida completa. -¿Porqué? ¿Por qué no lo harías? ¿Marta? ¿Tu padre? Admítelo, no hay nada que te una a este lugar. –Comenzaba a convencerme. Y es que por muy loco que se escuchara, ¿Por qué seguiría aquí? Marta no me ataba en lo absoluto, seguía siendo una extraña para mí, por mucho cariño que le tuviera. Papá solo era un problema. Y todo era una mierda. Pero, algo faltaba. ¿Valor, quizás? -No lo sé, Luna. –Mascullé. ¿No sería un cobarde abandonándolo todo? Luna se me quedó mirando fijo después de un momento de silencio, yo estaba pensándolo todo, y sabía que ella esperaba una sola respuesta. Ella dio un paso hacia adelante, y se inclinó hacía mi en un leve movimiento. ¿Qué hace? Me pregunté. Estaba roja, no sabía exactamente que intentaba hacer. Y por un momento una idea se me pasó por la mente. ¿Podría ser que ella quería besarme? ¿Cómo podría ser eso? ¿Alguien besando al antisocial de Honey Van De Wood? Debía ser por lástima si lo hiciera. Ella posó sus labios sobre los míos, y con un suave movimiento hizo que mi mundo entero se tambaleara. Esto estaba ocurriendo. Solo eso bastó, para convencerme. Mi primer beso con Luna, ahí había nacido todo. Y ahora mismo pienso, que eso fue lo que hizo que ponga en duda todo lo que yo había creído. Los homosexuales gustan de hombres solamente. Los heterosexuales del sexo contrario, pero que sucedía si me gustaban personas de distintos sexos. ¿Acaso esto era si quiera normal? No me importaba. Solo la veía a Luna como nunca antes la había visto, o quizás sí, pero como nunca pude aceptar haberla visto. ... -Lorenzo, Honey no ha llegado del colegio. No te has tomado ni siquiera el trabajo de subir a su cuarto a ver si está ahí. –Protesta Marta mientras papá tomaba un sorbo de café en la comodidad de la casa. A veces papá se olvidaba de todo, pero...¿de su hijo? -Ha de andar por ahí. –Dijo despreocupado. -Muy difícilmente Honey tardaría tanto en llegar a casa. Siempre llama avisando donde está. ¿Te podrías preocupar un poco más? Es tú hijo. No el mío. Te lo recuerdo. –Espetó enfadada Marta. Supongo que siempre ha sido así; Marta haciéndole entrar en razón a mi viejo. -Quizás está vagando en algún lado, ya sabes cómo es el mocoso. -Pues revisa. Hazte cargo una vez en la vida. –Insistió. Cuando papá subió a mi cuarto, casi obligado por Marta, no solo no me encontró, tampoco encontró mis cosas, ni mi ropa, ni nada. Me había ido. Solo dejé una nota y sin mucho palabrerío, me fui. Sabía que papá no iba a buscarme, y si lo hacía, no me encontraría, ya estaría muy lejos. Quizás eso ayudó a que recapacite un poco, sobre el hecho de tener un hijo, o quizás no ayudó en nada, quien sabe. ''Adiós papá;... ¿Y Sabes? Te perdono.'' Hay personas en este mundo que siempre han pertenecido a un lugar, han estado acostumbrados a ellos. Y hacen que solo conozcan esa realidad. Por otro lado, están quienes han luchado por convertir su lugar en un hogar. Y otros, que no pudieron hacerlo, y tuvieron que escapar. Hay muchas maneras de escapar, escapar sin un propósito, y escapar con él. La primera es huir, es cobardía, es huir para no tener que verse a sí mismos. La segunda, es volar, es buscar una aventura, y una mejora. Se dice que no existe mucha diferencia entre una y otra, porque de todos modos terminas dejando algo importante atrás. Pero... ¿Y qué si todo lo que has dejado atrás solo es tristeza? No se puede cargar con una mochila llena de piedras durante toda tu vida. Siempre es bueno desprenderse y volar.
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