3. Murciélago en el estómago

1302 Words
Capitulo 3 : Murciélago en el estómago La rutina en la oficina de Adriano Núñez se había vuelto algo distinta en los últimos días , y Valen , aunque trataba de mantener un perfil bajo, no podía evitar notar los pequeños cambios . En su puesto de observación —porque así veía su escritorio ahora— , sus ojos siempre encontraban el cristal de la puerta de Clara . Algo había cambiado en ella, algo que incluso llamó la atención de su amiga Lilian Sánchez . Clara, normalmente reservada y con la persiana de su oficina siempre cerrada, había comenzado a dejarla corrida, a veces a media altura , otras veces completamente abierta. Pero eso no era lo único extraño: salía de su oficina con frecuencia , con pequeñas excusas que no convencían a nadie . Que si necesitaba un informe , que si buscaba algo en la impresora , que si iba a llenar su taza de café . Siempre encontraba una razón para cruzar la puerta , echando miradas rápidas por el pasillo . Era un patrón que Valen no podía ignorar . Cada movimiento de Clara parecía calculado , aunque ella intentara disfrazarlo de simple rutina . No era una mujer impulsiva, siempre actuaba con lógica . Entonces , ¿por qué esas miradas furtivas? ¿Por qué su repentino cambio de costumbres? Mientras revisaba algunos documentos , notaba esas escapadas frecuentes . La claridad que llegaba desde la oficina de Clara hacía que todo fuera más obvio . Pero quien puso todo en palabras fue Lilian, con su tono juguetón y su capacidad para no dejar pasar ningún detalle . — ¿Te has dado cuenta , Valen? —dijo Lilian, inclinándose hacia su escritorio con una sonrisa traviesa . —¿De qué ? —respondió él , intentando sonar despreocupado mientras hojeaba un documento. —De Clara —respondió ella , señalando sutilmente hacia la oficina acristalada—. ¿Desde cuándo tiene la persiana levantada? Es que no me lo creo . Siempre la ha tenido cerrada. ¿Y ahora? ¡Hasta parece que quiere que alguien la vea! Valentino Moreno alzó la vista , fingiendo interés casual, aunque sabía exactamente a qué se refería Lilian . Por supuesto que lo había notado , pero no podía admitirlo. —A lo mejor le gusta la luz natural, ¿no? —contestó Valen , encogiéndose de hombros . Su voz sonaba tranquila , pero sentía que su estómago estaba en guerra. Las mariposas que solían revolotear cuando Clara estaba cerca ahora habían evolucionado a murciélagos gigantes , agitándose con fuerza en su interior. Lilian soltó una carcajada , negando con la cabeza . —¡Ay, Valen, por favor! Ni tú te crees eso . Clara es de todo menos espontánea. Si está haciendo esto, es por algo. O por alguien . La certeza en el tono de Lilian lo incomodó más de lo que esperaba . Su amiga tenía una capacidad irritante para leer entre líneas , y lo peor de todo era que tenía razón. Esa última frase quedó flotando en el aire. Valen trató de concentrarse en los papeles frente a él, pero era imposible. ¿Podía ser cierto? ¿Clara realmente estaba intentando verlo? La idea le dio un vuelco al estómago. Recordó cómo, en los últimos días, cada vez que ella salía de su oficina, sus ojos parecían buscar algo, o a alguien. Mientras Lilian se alejaba con una sonrisa satisfecha, Valen levantó la vista hacia la oficina de Clara. La persiana estaba a media altura, y desde su ángulo podía verla inclinada sobre su escritorio, escribiendo algo en su computadora. Sus ojos recorrían la pantalla, pero su postura relajada, esa inclinación ligera de su cabeza, le dio a Valen la sensación de que, en cualquier momento, miraría hacia afuera. Y lo hizo. Su mirada se cruzó con la de Valen por un segundo. Él fingió estar concentrado en los documentos, pero su corazón le dio un brinco. No sabía qué le sorprendía más: el hecho de que ella lo mirara o la forma en que su propio cuerpo reaccionaba. Era un gesto insignificante, un cruce de miradas casual. Pero su mente lo procesó de otra manera. Las excusas de Clara para salir se sucedieron a lo largo del día. Primero, una carpeta que necesitaba de la impresora. Luego, una consulta rápida a otro departamento. Incluso se acercó a la máquina de café, aunque apenas tocó la taza que sirvió. Cada vez que pasaba cerca de él, Valen sentía cómo su pulso se aceleraba. Intentaba mantener la compostura, pero por dentro, las emociones eran un caos. Mientras el reloj avanzaba lentamente hacia el final de la jornada, Valen sintió que el aire en la oficina se volvía más denso. A pesar del murmullo lejano de los teclados y las conversaciones a media voz, su mente estaba atrapada en un solo pensamiento: Clara. La vio levantarse de su escritorio nuevamente, esta vez sin ninguna excusa aparente. Se detuvo en la puerta de su oficina y recorrió la sala con la mirada. Cuando sus ojos se encontraron con los de Valen, fue apenas un segundo, un instante fugaz, pero él sintió cómo una corriente eléctrica le recorría la espalda. Clara dudó. Se quedó de pie un poco más de la cuenta antes de girarse hacia la salida y encaminarse hacia la máquina de café. Valen la siguió con la vista, sin poder evitarlo. Su cabello recogido dejaba expuesta la curva de su cuello, y por un instante, imaginó qué se sentiría recorrerlo con los labios. La idea lo golpeó con fuerza. No podía pensar en eso. No debía pensar en eso. —¿Vas a quedarte sentado todo el día o vas a hacer algo al respecto? —Lilian apareció de nuevo a su lado, con una sonrisa de diversión en los labios. Valen frunció el ceño. —¿Hacer algo sobre qué? Lilian bufó. —Eres tan malo mintiendo… No sé cómo no te han descubierto aún. —Descubierto… ¿de qué hablas? —De Clara, idiota. Valen apretó la mandíbula. Lilian se rió y le dio una palmada en el hombro. —Si sigues esperando, alguien más se adelantará. Esas palabras se quedaron en su mente más tiempo del que le habría gustado. Cuando finalmente se puso de pie, su mirada buscó a Clara sin pensarlo. Ella estaba de espaldas, removiendo su café con lentitud, como si esperara algo… o a alguien. Valen exhaló, se pasó una mano por el cabello y, en un impulso que no pudo controlar, comenzó a caminar en su dirección. Valen recordó cómo había llegado a esa oficina hace solo unos meses, bajo la excusa de ser un simple analista de datos. Su verdadera misión era mucho más complicada: recopilar información sobre Adriano Núñez, un empresario sospechoso de blanqueo de dinero. Desde el principio, su plan había sido pasar desapercibido, hacer su trabajo y salir. Pero Clara complicaba todo. Y lo peor era que, por primera vez en mucho tiempo, sentía que no le importaba. No puedes distraerte, se dijo a sí mismo. Sin embargo, las señales estaban ahí. Sus gestos, sus miradas. Y, por mucho que intentara ignorarlo, algo en su interior quería creer que esas pequeñas acciones de Clara tenían un significado más profundo. Finalmente, al caer la tarde, Valen se encontró a solas en su escritorio, reflexionando sobre todo lo que había observado. Había algo en el comportamiento de Clara que no podía ignorar. Podía ser casualidad, podía ser que ella estuviera cambiando su rutina por razones personales, pero una parte de él sabía que no era así. Lilian tenía razón, aunque no quisiera admitirlo. Clara estaba tratando de verlo, aunque lo hiciera de manera discreta. Y él estaba haciendo exactamente lo mismo.
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