La llamada de su jefe terminó siendo una bomba en la vida de Valentino, pero esta vez no pudo evitar reírse amargamente cuando colgó el teléfono. — ¿Que no aparece en cámaras? Claro que no... —murmuró mientras se pasaba una mano por el cabello. Era irónico, casi absurdo, que la policía pensara que el programa de protección al testigo estaba haciendo un excelente trabajo. La realidad era otra: Clara se estaba protegiendo a sí misma. Valentino no podía dejar de admirar la astucia de Clara, aunque la situación le arrancara el sueño. Había organizado su desaparición con una precisión que hasta él, un policía experimentado, tendría que reconocer. Sabía que, desde el momento en que decidió desaparecer, Clara no iba a confiar en nadie más que en sí misma. —Ni el mejor plan del mundo puede gara

