Un hombre vengativo Adriano Núñez salió del restaurante con los pasos firmes, casi marcando el suelo con cada pisada . Su mandíbula estaba tensa, y sus puños apretados a los costados reflejaban el hervidero de emociones que llevaba dentro. Nunca, en todos sus años, una mujer lo había rechazado de manera tan contundente, y mucho menos alguien como Clara Rivas, quien, a pesar de su inteligencia y encanto, no era más que una pieza en su tablero de poder y manipulación. El rechazo no solo había herido su orgullo, sino que también había expuesto una vulnerabilidad que no estaba dispuesto a tolerar. Subió a su lujoso auto n***o estacionado frente al café y encendió el motor con brusquedad, dejando que su rabia se manifestara en la velocidad con la que arrancó. —Muy bien, Clara —murmuró para

