Maria Eduarda
Corro para cerrar la puerta mientras mi madre camina rápidamente hacia mi padre para ayudarlo a levantarse del suelo, pero mi padre no acepta.
— ¿Fabrício te ayudo? — pide mi madre.
Él niega con la cabeza.
— ¡No necesito tu ayuda! — exclama furioso.
Miro a mi padre con incredulidad.
— ¿No? ¡Si no fuera por nosotros, estarías muerto, papá! — digo sorprendida.
— ¿Quieres que te dé un aplauso por eso? — pregunta con ironía. — No tienen idea de quiénes son esos hombres.
Niego con la cabeza.
— No sabemos quiénes son, papá, pero lo que sabemos es que te metiste en problemas y nosotros, como tu familia, no queríamos verte muerto.
Él sonríe y se encoge de hombros.
— Ok, estoy vivo, ¡felicidades para ustedes!
Miro a mi madre y niego con la cabeza.
— Voy a cuidar de mis hijos. — digo sabiendo que no servirá de nada decir más, a mi padre poco le importa lo que hicimos.
No espero la respuesta de mi madre porque salgo rápido de la sala hacia mi cuarto.
— ¡Mamá! — mis hijos gritan mi nombre en cuanto se abre la puerta, salen de la cama rápidamente y vienen hacia mí.
— Hola, mis amores. — les digo abrazándolos y revisando cada rincón de sus cuerpecitos para asegurarme de que no estén heridos. —¿Están bien? — pregunto ahora mirándolos después de ver que están bien físicamente.
— Mamá, había un hombre alto y fuerte afuera, entró en nuestra casa y le dijo algo a la abuela, luego ella nos trajo aquí y no nos dejó salir. — dice Dominic cruzando los brazos, irritado.
— Así es, mamá, dijo que las personas buenas viven más si son obedientes, pero vi que era malo solo por la forma en que asustó a la abuela. — dice Theo con los ojos muy abiertos.
— ¿Estabas llorando? — pregunta Vincent preocupado mientras me mira fijamente a los ojos, seguido por sus hermanos que también empiezan a analizarme.
Vincent es el más observador de los tres.
Sonrío para tranquilizar a mis niños.
— Mamá está bien, mis amores, y ya habló con esos hombres, ya se fueron. — les digo para calmarlos.
— ¡Qué alivio! ¡Estamos a salvo! — dice Dominic mirando a sus hermanos.
— Mamá hizo que el hombre malo se fuera corriendo. — dice Theo saltando de alegría y sus hermanos asienten con la cabeza, de acuerdo con él.
— ¡Mamá es una superheroína! — dice Vincent.
— Oh, ¿mamá es la Mujer Maravilla? — pregunta Dominic con su boquita entreabierta.
Sonrío al ver la inocencia de mis hijos.
— Mamá siempre será lo que ustedes quieran. — les digo.
— ¡Sí! — dicen todos al mismo tiempo alegremente.
— Ahora ustedes tres van a bañarse, mis amores. — digo.
— Ah, qué rollo. — se quejan hablando al mismo tiempo.
— Siempre toca baño. — Vincent pone los ojos en blanco.
— Yo no quiero bañarme. — dice Dominic frunciendo los labios.
— Yo tampoco. — Theo se une a la protesta de los hermanos.
Sigo sonriendo a mis niños.
— Pero, van a hacerlo porque ya es tarde y estoy segura de que la abuela está preparando una cena maravillosa para ustedes. — digo.
— Pero... — los tres empiezan a querer cuestionarme al mismo tiempo.
— No se discute más, mamá dijo que se van a bañar y el asunto está resuelto. — declaro dando el tema por concluido.
Ellos sueltan un resoplido.
— ¿Podemos negociar? — dice Vincent abriendo una enorme sonrisa.
— Eso. — Dominic asiente con la cabeza, de acuerdo con su hermano mientras sonríe.
— ¡Bien hecho, Vincent! — dice Theo sonriente.
— ¡No, no! Siempre encuentran la manera de engañarme, pero esta vez no va a funcionar, chicos, pueden ir ahora a bañarse. — digo señalando la puerta del cuarto que da acceso al baño al final del pasillo.
— Uf, qué cosa aburrida. — murmura Dominic en voz baja.
— ¿Qué dijiste, Dominic? — pregunto.
— Él dijo que... — Vincent empieza a querer responderme, pero Theo le da un codazo al hermano.
— Nos cuidamos, ¿recuerdas? — pregunta Theo en voz baja como si yo no estuviera aquí.
Vincent se da una palmada en la frente como si hubiera cometido un gran error.
— Mamá, voy a buscar mi muñeco para bañarme. — Vincent sale disparado hacia su cajón para no ser cuestionado más.
— ¡Yo también! — dicen Dominic y Theo al mismo tiempo, saliendo de la situación.
Niego con la cabeza y me río de mis niños. Ser madre de trillizos sin duda es una enorme aventura, sin contar que a veces son tan iguales, pero al mismo tiempo tan diferentes.
Cuando termino de bañar a mis niños, los llevo a la sala, vemos a mi madre en la estufa y mi padre no está en el sofá viendo un partido de baloncesto mientras espera su comida en el plato como suele hacer, probablemente debe estar encerrado en el cuarto o haber salido después de toda esta situación ya que dejó claro que poco le importa lo que nos pase.
— Miren, mis nietos llegaron en el momento justo. — dice mi madre abriendo una sonrisa para los niños.
— Hummm... ¡son macarrones! — exclama Vincent al inspirar el aroma que está en todo el ambiente.
— ¡Con queso! — dice Theo relamiéndose los labios.
— ¡Yay, macarrones con queso! — dice Dominic golpeando la mesa haciendo una gran fiesta y es seguido por sus hermanos.
— Sí, y como ustedes dicen, los mejores macarrones con queso del mundo, ahora hagan espacio para que la abuela los ponga en la mesa. — dice mi madre y ellos rápidamente se sientan en sus lugares. — Pero antes de que empecemos a comer, ¿qué tenemos que hacer? — pregunta mirándolos.
— ¡Vamos a agradecer a Dios! — Vincent es el primero en responder.
— Eso mismo. Vincent, tú haces la oración. — dice mi madre.
— Ahhh... pero yo la hice ayer. — dice él contorsionando los labios.
— Ah, entonces hoy será Theo. Disculpa a la abuela, mi amor, pero sus cabellitos son tan iguales que confunden a la abuela. — dice mi madre.
Yo río, pues ella siempre se confundía con los niños cuando eran bebés. Yo siempre supe quién era quién porque siempre noté que tienen una diferencia de tamaño.
— Está bien abuela, te amo igual. — dice Vincent todo cariñoso pasando las manos por el cabello de mi madre.
— Haz la oración, Theo, porque tengo hambre. — dice Dominic impaciente, ahí está el más impaciente de los tres, el más imposible.
— Está bien, la haré. — dice Theo. Todos cerramos los ojos. — Diosito, gracias por el alimento que se sirve hoy en nuestra mesa, que nunca falte la comida y que nuestra familia pueda estar siempre unida, por favor, bendice a aquellos que no tienen alimento para comer hoy porque todos merecemos comer diariamente. Y quiero hacer un pedido especial, por favor, haz que nuestra vecina pesada se mude porque siempre está peleando con nosotros y ya no aguantamos más, amén.
Mi madre y yo abrimos nuestros ojos sin poder creer que Theo usó la oración de la comida para eso.
— Theo...
— Ah mamá, Theo tiene razón, la señora Matilde vino a regañarnos de nuevo. — Dominic defiende a su hermano.
— ¡Es una bruja! — dice Theo enojado.
— ¿Qué hicieron para que viniera a pelear con ustedes? — pregunto con mi ceja arqueada.
Los tres se miran entre sí y ya me imagino el problema.
— Bueno... — Vincent empieza a responder, pero es interrumpido por Dominic.
— Mamá, es una pesada y no nos gusta. — cruza los brazos mostrando toda su frustración, aunque no me dice el motivo que creo pronto sabré.
Niego con la cabeza, pero antes de poder cuestionarlos mi madre interviene queriendo apaciguar la situación.
— Después hablamos de eso, Madu, vamos a dar de comer a los niños. — ella me toma de la mano sonriendo de lado, queriendo encubrir a los nietos.
— Ah, a la hora de comer necesitamos estar calladitos. — Vincent dice lo que siempre digo, pero ellos nunca escuchan.
— Eso mismo. — Dominic y Theo dicen juntos queriendo desviar el foco.
Niego con la cabeza sabiendo que no servirá de nada continuar con este tema.
Les sirvo la comida a mis niños y comemos entre muchas risas, mis hijos hacen que mi vida complicada se vuelva tan ligera en algunos momentos, ni parece que hace pocas horas me apuntaron con un arma.
Cuando terminamos de cenar y los llevo a lavarse los dientes en el baño, veo el folleto del club Ricci todavía tirado en el suelo de la sala, lo recojo para guardarlo en mi bolsillo, después de ayudar a mis hijos, voy a acostarlos, pero no antes de contarles una historia de cómics.
— Me gustan mucho los superhéroes. — Vincent dice sosteniendo su muñeco cuando termino de contar.
— A mí también me gustan. — Dominic concuerda intentando mantener los ojos abiertos, pero es visible que está cayendo de sueño.
— Siempre salvan a todos al final. — Theo complementa cerrando sus ojitos.
Sonrío.
— Sí, son buenos igual que ustedes. — digo dando un beso en la cabecita de cada uno de ellos, haciendo que Dominic y Theo se duerman rápidamente, menos Vincent que sigue mirándome aunque veo que sus ojos quieren cerrarse.
— ¿Todavía no vas a dormir, mi amor? — le pregunto.
Vincent abre una sonrisa enorme y dice:
— ¿Sabías que eres la mejor mamá del mundo? — pregunta admirándome.
Se me llenan los ojos de lágrimas, de los tres Vincent siempre es el más cariñoso y encuentra todo tipo de palabras lindas para elogiarme incluso cuando está haciendo travesuras.
— Tú eres un hijo hermoso, mi amor. — digo pasando la mano por su cabecita y él empieza a cerrar los ojitos.
— ¿Incluso cuando hago travesuras? — pregunta.
Río.
— Aun así, sigues siendo hermoso. — digo pasando la mano por su carita.
— Mamá, te amo, siempre voy a protegerte a ti y a mis hermanos. — dice sin resistir más y se duerme.
— Sé que lo harás, mi amor, lo sé. — le digo aunque sé que ya no me está escuchando.
Me quedo admirando a mis pequeños, antes de salir del cuarto. Cuando vuelvo a la sala encuentro a mi madre sentada en la mesa tomando un café.
— ¿No ha podido dormir todavía? — pregunto.
Ella respira hondo.
— Tu padre salió de nuevo. — dice con la mirada abatida.
— Ay, mamá. — paso las manos por entre su cabello y sus ojos están llenos de lágrimas.
— Hija, tu padre es difícil, pero lo amo mucho y no quiero verlo muerto. — confiesa ella.
Suspiro.
— Calma mamá, voy a buscar un nuevo trabajo mañana, ya que renuncié al mío hoy. — digo y ella me mira sorprendida.
— ¿Cómo hija? — pregunta.
Le cuento a mi madre todo lo que pasó en el trabajo, ella se sorprende con todo lo que le digo, porque nunca pensó que la familia de Dennis vendría a Nueva York, pero aun así dice que le pedirá mucho a su santita para que me bendiga y pueda conseguir un nuevo trabajo. Después de unos minutos entro en mi habitación para dormir junto a mis niños, los tres dormimos en la misma cama, una gran cama matrimonial que ocupa todo el espacio de la habitación. Debo confesar que apenas dormí anoche pensando en toda esta situación.
Cuando me levanto por la mañana noto mis ojos llenos de ojeras, pero me las arreglo aplicando un poco de maquillaje ligero, cuando salgo hacia la sala veo que mi madre ya está preparando nuestro desayuno.
— Te levantaste muy temprano hoy, mamá. — digo dándole un beso en la cabeza.
Ella asiente.
— Ni siquiera pude dormir querida. — dice con una mirada triste.
Suspiro.
— Yo tampoco. Además, ahora necesito ir a la Boate Ricci, dejaré mi tarjeta que aún tiene un poco de dinero para comprar algunas galletas para los niños, ¿puedes comprarlas por mí? — pregunto.
Ella asiente.
— Pronto iré al centro de Manhattan y no llevaré a los niños a la escuela hoy porque no tendré horario para regresar.
La miro sorprendida.
— ¿Por qué vas al centro mamá? — pregunto.
— La agencia donde tengo cuenta en el banco se mudó allí, intentaré hacer un préstamo con ellos nuevamente. Espérame hija para que podamos salir juntas. — pide ella.
— ¿Crees que ahora aprobarán un préstamo? — pregunto, ya que mi madre ya lo intentó antes y fue negado por tener ingresos bajos.
Ella deja de colar el café para mirarme.
— Recemos para que sí. — dice.
— Amén. — digo y miro alrededor. — ¿Pero papá ni siquiera durmió en casa? — pregunto.
Ella niega con la cabeza.
Me enfado aún más con todo esto, pero no digo nada.
— Entonces mientras preparas el café, voy a despertar a los niños y salimos todos juntos.
No espero la respuesta, salgo rápidamente para levantar a mis hijos, claro que se quejaron porque no querían levantarse, pero después de unos minutos salimos todos. Después de desayunar camino a la parada del autobús. Nos tomó algún tiempo llegar al centro de Nueva York, cuando llegamos me despedí de mis hijos y los dejé con mi madre mientras yo iba al Club Ricci. Cuando finalmente me detuve frente al club, veo el enorme nombre Ricci en el frente, mi corazón late rápido sólo por estar frente a un club nuevamente, pero trato de no concentrarme en mi pasado, así que camino hacia la entrada del lugar, veo a un hombre alto con barba grande y cara fea justo enfrente.
— Buenos días señor, vine por el anuncio de la vacante de empleo. — le digo mientras le muestro el folleto.
— Llegó muy temprano y el club tardará en abrir, le recomiendo que vuelva más tarde. — dice queriendo despacharme.
Sacudo la cabeza.
— Necesito mucho el trabajo, si es necesario me quedaré todo el día aquí en la puerta. — digo decidida a no irme.
Él me mira con el ceño fruncido.
— El sol está muy fuerte hoy señorita. — dice con una voz más suave y yo asiento concordando.
— Lo sé, pero realmente necesito trabajar y no será un poco de sol lo que me derrumbe. — digo con una sonrisa ladeada.
Él me mira como si fuera una loca, pero solo asiente con la cabeza y se encoge de los hombros.
— Está bien, la gerencia tardará algunas horas, pero en cuanto lleguen le avisaré que está aquí al frente.
Mi sonrisa se ensancha hacia él, y me quedo parada en la puerta esperando que llegue la gerencia del club, después de unas tres horas siento que mi estómago empieza a rugir, pero no puedo comer nada porque le di la tarjeta a mi madre para comprar las cosas de los niños y seguramente volverá sin dinero ya que es muy poco. Busco a mi alrededor si hay algún lugar donde pueda beber agua y ni eso hay aquí, siento un ligero mareo, pero me mantengo firme, porque necesito este trabajo.
— ¿Señorita? — escucho a alguien llamar mi nombre y cuando me giro veo al guardia de seguridad del club.
— ¿Llegó la gerencia? — pregunto ansiosa.
Él asiente con la cabeza.
— Sí, pero informaron que ya contrataron. — dice con pesar.
Lo miro con sorpresa.
— Pero... puedo hablar con ellos, tal vez haya una vacante para mí, y puede ser de cualquier cosa. — le digo suplicante.
Él me mira como si se compadeciera de mi situación.
— Intentaré que alguien venga a hablar con usted. — dice.
Abro una enorme sonrisa.
— ¡Gracias!
Él entra de nuevo en el lugar y después de casi media hora aparece una mujer alta de cabello rubio largo, piel clara y mirada arrogante, me mira de pies a cabeza analizándome. Estoy usando una camisa formal blanca y un pantalón n***o de mezclilla, en mis pies llevo unos zapatos planos, todas las prendas son de segunda mano. Imagino que debe estar viendo que no soy del perfil de este lugar, por la mirada de desprecio que me da.
— Esta es la chica, señorita Fischer. — dice el guardia de seguridad.
— Buenos días, señorita... — comienzo a saludar a la mujer, pero ella me interrumpe de forma brusca.
— No estamos contratando, chica, puedes irte. — dice levantando la nariz y moviendo los dedos en mi dirección.
Quedo impactada por la arrogancia de esta mujer.
— Señorita, necesito mucho trabajar y... — ella me interrumpe rápidamente.
— No me interesan tus problemas, chica, ya dije que no estamos contratando, sal ahora de la entrada de la discoteca.
Me quedo parada frente al lugar.
— Señorita, por favor...
— Saca a esta mujer de la puerta de la discoteca, Borges, está arruinando nuestra imagen. — le da la orden al guardia de seguridad y yo abro los ojos sorprendida.
El hombre traga en seco.
— Señorita Fischer, ¿no sería mejor llamar al Sr. Ricci? Tal vez él pueda encontrar alguna vacante para la chica. — el guardia intenta interceder por mí.
¡Este hombre debe ser uno de los dueños! — pienso al recordar el apellido Ricci.
— ¿La señorita es la dueña del lugar también? — pregunto mirándola.
Ella cierra aún más su expresión.
— ¿Acaso eso es asunto tuyo? — pregunta con la nariz en alto.
Miro al guardia de seguridad.
— Me gustaría mucho hablar con el dueño, señor, tal vez él pueda encontrar cualquier vacante para mí. Acepto trabajar incluso de empleada de limpieza en la discoteca, cualquier cosa. — le pido al hombre que me está prestando más atención.
Él inspira profundamente, pero antes de responder, la mujer se altera.
— ¿No escuchaste lo que dije? La discoteca ya no está contratando y aunque lo estuviera, jamás serías contratada para trabajar en un lugar como este, menos aún alguien totalmente fuera de nuestros estándares. — deja claro que no formo parte de su mundo.
Me siento una vez más humillada, no entiendo por qué algunas personas tienen la manía de tratar a los demás así, solo porque no somos de la misma clase social. — pienso mirando a la mujer. Siento que mi cabeza comienza a latir debido a toda esta presión y aún estoy bajo el sol caliente por horas, pero no puedo caer ahora, necesito mantenerme firme para intentar conseguir esta vacante de forma digna.
— Señorita, le pido disculpas, pero quiero hablar con el dueño. — declaro decidida a no moverme de la entrada.
Ella se enfurece aún más.
— ¡Vas a salir de delante de esta discoteca ahora mismo! — dice ella irritada, acercándose para sujetar mi brazo.
— ¿Qué está pasando aquí? — se oye una voz alta y fuerte desde la entrada de la discoteca y esa voz hace que mi cuerpo entero tiemble.
Cuando me doy la vuelta, me encuentro con la mirada del hombre dueño de la voz, siento que mis piernas flaquean, pero antes de que pueda decir cualquier cosa, todo se vuelve oscuro.
Continuará...