—Tenemos cinco postulantes, pero solo puedes escoger a dos.
—Todos son de mi agrado y desempeñaron bien la prueba, no hay posibilidad de... —insistí.
—No es posible, nos gustaría escoger a todos los locos que se presentan con nosotros, pero no podemos tener más de dos en una misma aula.
—Escogeré a Susan y Luis, vienen de diferentes países y con patologías distintas.
—Será muy interesante al momento de adiestrarlos.
Aunque no estaba de acuerdo con el término que usaba, sus métodos pocos ortodoxos ayudaban a estas personas de forma rápida y efectiva.
Abro la puerta de la oficina y dejo ingresar a Susan.
—Señor, ella es Susan.
—Déjanos a solas, cuando termine con ella, hazlo pasar a Luis.
Asiento y me retiro de la oficina, le indico al enfermero que encierre a Luis en la habitación, mientras espero en la silla junto a la puerta.
Susan sale más tranquila de la habitación, pero con la mirada perdida, por lo que aún tiene el efecto de la pastilla en su organismo. Me levanto y me dirijo a la habitación de Luis para llevarlo a la oficina.
—Señor Manuel, ¿dolerá el cambio? —preguntó Luis asustado.
—No Luis, debe confiar en el doctor Menéndez, es el mejor especialista en el sector —le toco la espalda—. Debe ingresar, yo estaré afuera por si me necesita.
Le doy una palmada en el hombro y me vuelvo a sentar en la silla. Habían pasado cinco horas y ninguno de los dos salían de la oficina, ingresé para cerciorarme de que todo se encontrara en perfecto orden, cuando vi al doctor Menéndez con un cuchillo sobre el cuerpo de Luis.
—Tuve que hacerlo.