—¡Vamos! —dijo eufóricamente—. ¿Es todo lo que tiene?
—Estoy siguiendo las instrucciones a pie de la letra.
—Debes mejorar tu concentración e interpretación.
—Intento todo lo que puedo...
—Debes hacer presión con la pinza y el cuchillo sobre el corazón.
Respiré hondo e ignoré la presión inexcusable que ejercía en mí. Solo estoy para cumplir mis horas luego de que me hayan asignado a otro departamento.
—He terminado —dije con pequeñas gotas de sudor en mi frente.
—Excelente, sin duda alguna no te tomará tiempo terminar con los seis corazones del refrigerador.
—¿Dijo seis?
—Afirmativo.
—¿Acaso todos fallecieron al mismo tiempo?
—Desafortunadamente, sí —abre la puerta del refrigerador—. Quiero que destroces parte por parte estos órganos.
—Disculpe mi intromisión, pero puedo saber el propósito.
—Debe recordar que trabaja para esta empresa bajo confencialidad.
—Lo recuerdo bien.
—Bien, en el sótano tenemos tres perros adiestrados que necesitan alimentarse.
—¿Se acabaron las croquetas para perros?
Bromeé, pero la seriedad en su rostro resaltó mi falta de ética y profesionalismo.
—Estos perros son el resultado de varios experimentos, por lo tanto no comen lo mismo que los perros que conocemos —me mira nuevamente—. Gracias a su chiste, usted bajara personalmente para alimentarlos.