Capítulo 1: Juguemos
Caminó rumbo a la oficina, mientras llamaba otra vez a ese teléfono, que tan repetitivita timbró, una, dos, tres y luego una voz: “el número que está llamando no está disponible para contestar, por favor deje su mensaje o marque de nuevo". Ya incluso de lo había aprendido de memoria. Estaba cansado de esto, su esposa había desaparecido desde hace dos semanas y media, si es que a eso se le podía llamar desaparición, y por más que intentaba no la había podido localizar, lo cual lo estaba volviendo loco. Además, su hija de solo cinco años, no dejaba de preguntar por ella y no sabía ya que hacer o que decirle. Sabía que no era un secuestro, ella venía desde hace días diciendo que quería el divorcio y que ese tipo de vida no era para ella, por lo que al revidar el armario y ver que no estaba nada de su ropa o joyas, supo enseguida que solo había cumplido su palabra.
Sin embargo, esto era diferente, no solo lo dejaba a él, sino también dejaba a su hija, de que seguía insistiendo con ir a verla. Por otro lado, ¿Irse así? No había dicho a donde iba, ni se había despedido, mucho menos contestaba las llamadas o mensajes que le dejaba. Se iba como si estuviese huyendo de algo o de alguien. Ella pudo haber le pudo haber pedido el divorcio, dejarlo de buena manera y seguir viendo a su hija, pero lo que le dolía realmente y lo enfurecía era que lo hubiese hecho de aquel modo tan repentino y sin previo aviso. Aunque tampoco sabía porque se sorprendía tanto si ella siempre fue así, siempre pensó primero en ella que en los demás y siempre fue decidida a tal punto de que cuando quería algo se enfocaba en ello hasta obtenerlo.
Esto se lo dejó muy en claro cuando ella lo persiguió en la universidad hasta lograr ser su novia. Luego lo presionó para que estuvieran juntos su primera noche, hasta que él cedió, siempre cedía ante ella, era su debilidad. Tiempo después salió embarazada y sus padres la echaron de su casa por eso, no querían que ella estuviese con alguien antes del matrimonio, y menos con alguien como él, que era de una familia humilde. Además, ya le tenían un matrimonio concertado, por lo que para ellos significaba que hubiese deshonrado a la familia. Desde entonces ambos tuvieron que comenzar desde cero y madurar, pensó que ella había madurado. Que ella pensaría en su hija antes que en ella.
Después de todo, todo el que la viera hubiese dicho que era una madre y esposa modelo. Y quien la hubiese visto antes no la reconocería. Pues cuando la conoció en la universidad era muy vanidosa y solo pensaba en cosas superfluas, lo que quería y le convenía era lo único que le importaba. Sin embargo, cuando nació su hija dio un cambio de 180 grados. Se preocupaba por su hija, le leía cada noche y eran felices juntos.
Se preguntaba cuando las cosas empezaron a cambiar y cuando él y su hija dejaron de ser su prioridad, claro, ella nunca quiso niños, sin embargo, desde que la suya nació se apegó a ella, tanto que sus ojos brillaban con tan solo verla. Incluso parecía que había nacido para ser madre. Por otro lado, él le daba todo lo que una esposa podría pedir de su marido o eso pensó. La consentía y su palabra era ley en esa casa. Pero de pronto, todo eso volvió a cambiar y de un día para otro como siempre. Ese día él había llegado a casa emocionado, pues era su aniversario de bodas y quería preparar algo especial y bonito para ella.
La había enviado a un spa del que ella había estado hablando durante semanas y se dedicó a preparar una sorpresa para ella con ayuda de las chicas del servicio, en cuanto llego de trabajar. Tenía ya todo listo, una cena cocinada por él, un salón lleno de velas, un camino de rosas desde la puerta hasta la mesa y desde la mesa a la habitación, una botella de champán y dos patos. Era algo simpe, pero romántico. Quien iba a pensar que ella lo miraría con mala cara y se molestaría con él por tal detalle.
Su respuesta a su sorpresa fue decirle: «se nota claramente que a pesar de que tienes dinero sigues siendo un muerto de hambre. – lo miro con desprecio - jamás podrás siquiera imitar a alguien con clase, eres tan corriente.
Y luego se fue a su habitación. Desde ese día se le prohibió la entrada a su habitación y siempre se estaban peleando. Él la verdad, no entendían que había hecho mal o como su plan había fallado, se lo había preguntado, sin embargo, lejos de dale respuesta terminaron discutiendo. Desde ese día todo fue de mal a peor entre ellos, hasta que ya ni se soportaban, solo seguía con ella por su hija. Pero incluso a ella la termino dejando, un día llego a casa y ella no estaba. Pensó que luego volvería y que había salido como siempre de compras. Pero después de 24 horas se preocupó y entró a su habitación para cerciorarse de que no estuviese encerrada allí. Para su sorpresa no había nada allí. Sus zapatos, sus joyas, su ropa, su maleta, nada.
Desde entonces continuaba llamando y escribiendo a su celular con la esperanza de que ella le respondiera, no por él, sino por su hija que no para de llorar desamparada, por su madre. Tenía que hacerse a la idea de que ella se había ido, pero ¿Cómo le explicaba ese inefable hecho a su hija? ¿Cómo podría explicarle a su hija que su madre la había abandonado? Pero si no se lo decía, como explicaba la repentina desaparición de su madre y el hecho de que no viniera siquiera a visitarla. Estaba entre la espada y la pared.
Tecleó en el teléfono una vez más
Emiliano
«Contesta el teléfono, tenemos que hablar»
Guarda el teléfono y entra en el ascensor, rumbo a su oficina y en cuanto sale ve a Carlos, su asistente venir hacia él.
- Llegaron hace dos minutos – dice el rubio, haciendo referencia a los inversionistas.
- ¿Qué? Pero la junta es entre dos horas. – dice viendo su reloj, para ver si estaba equivocado, pero no, eran 8:oo a.m.
Sus ojos azules lo cuestionan con la mirada, dándole a entender que algo estaba pasando por alto.
- Son las diez de la mañana jefe. – le aclara con obviedad.
- Las 10, pero si… - suspira recordando que Carlina estaba jugando ayer son su reloj, era claro que se había descompuesto. - ¿Dónde están? – elige preguntar.
- Los hice pasar a la sala de juntas.
- Genial busca los informes del proyecto y el contrato que firmaremos con ellos, quiero cerrar ese trato hoy mismo. – dice, cambiando de dirección hacia la sala de juntas.
- Ya está hecho, los tengo aquí conmigo. – señalo los papeles que había estado sosteniendo y de las cual no se había fijado hasta ahora.
Pero no era de extrañarse, su cabeza no estaba en su puesto ultimaste. Se detuvieron frente a la puerta e iba a abrirla cuando su teléfono sonó indicándole que había llegado un mensaje, por lo que se detuvo para verlo, después de todo podía ser ella. Y no se equivocó, al abrirlo pudo ver su nombre en la pantalla, por lo que sonrió, al fin había dado con ella, sin embargo, esa sonrisa se borró en cuanto leyó lo que decía aquel mensaje.
Verónica
«Deje de llamarme y no me envié más mensajes, porque le juro que como siga así lo voy a demandar»
Ese mensaje lo confundió ¿A qué rayos estaba jugando Verónica al llamarlo de usted y que quería decir con demandar, como si él la estuviese acosando? Estaba bien que no quisiera saber nada de él, pero ¿Y su hija? ¿Tampoco quería saber de ella al punto de querer demandarlo por llamarla? Suspiró hondo antes de enviar un último mensaje para luego entrar a la sala de juntas.
Emiliano
«Solo quiero que me digas donde estas, no por mí, ya me quedo bastante claro cuando te fuiste que no sentías nada por mí, pero tienes una hija, Verónica, ¿Ni siquiera ella te importa?»
…
Momentos después de salir de cerrar el trato, volvió a mirar su teléfono, quería ver si ella al menos tenia sentimientos. Porque era imposible que una madre, le dijesen eso y ella al menos no se sintiera mal y razonara o al por lo menos eso creía él. Al revisar se dio cuenta de que ella había respondido, por lo que rápidamente lo leyó. Después de todo no era tan fría como había pensado.
Verónica
«¿Qué? ¿Verónica? ¿Hija? No sé quién rayos es Verónica, ni mucho menos sobre una hija, creo que se equivocó de numero»
Enseguida lo leyó su cólera aumento. ¿De verdad estaba jugando a tener demencia? ¿Incluso después de hablarle de su hija? ¿De verdad creía que él se iba a comer el cuento de se equivocó de número? Tenía registrado su teléfono ¿Qué tan tonto creía que era?
Emiliano
«Deja de jugar, te estoy hablando en serio, Carlina estaba llorando ayer porque dice que no la quieres, ya que nunca vas a verla. Es pequeña, pero inteligente y sabe que no estas.»
Lo envió y espera su respuesta, más esta nunca llegó, por lo que desistió y se enfocó en su trabajo.
…
Eran ya las diez de la noche cuando su teléfono vibró con un mensaje nuevo, justo cuando estaba a punto de abrir la puerta principal de su casa.
Verónica
«¿¡A caso está loco!? Está muy mal si su esposa lo dejo y súper mal que también dejara a su hija, pero ¡No soy ella! ¿Por dónde lo entiende y en qué idioma? No lo conozco y no sé quién sea Carlina.»
Suspiró frustrado. Está bien, si quieres jugar así, juguemos – se dijo para sí mismo, antes de enviar su respuesta.
Emiliano
«Bien entonces, si no eres mi esposa, voy a denunciar el caso a la policía.»
No paso ni siquiera un minuto antes de ver su respuesta.
Verónica
«¿¡Qué!?»
«¿¡De que rayos está hablando!? No me puede denunciar a la policía por no querer admitir quien dice que soy ¿Qué clase de droga se fumó?»
Sonrió, obviamente se había enojado, de lo contrario nunca usaría un lenguaje como ese.
Emiliano
«Si no es mi esposa y le estoy hablando a su número, entonces se robó su teléfono y si le pasa cualquier cosa a mi esposa la acusare a usted»
Escribió casi muerto de la risa. Quería ver si seguía intentando engañarlo. Entró a su casa al darse cuenta de que se había quedado en la puerta y subió las escaleras directo a la habitación de su hija. Pero se detiene y sonríe al escuchar el sonido del celular.
Verónica
«Este teléfono lo compre yo, desde hace dos semanas que tengo este número, porque lo acabo de cambiar ¿Cómo podría ser una ladrona? Soy una ciudanía honrada.»
Quieres seguir con este juego, pues sigamos – pensó él, ya tomándose esto más como un reto, la iba a desenmascarar sea como sea.
Emiliano
«¿Tienes alguna forma de demostrar lo que dices?»
Envía con burla, sabía que no tendría nada para probarlo y solo tendría dos caminos, decir la verdad y tener una conversación decente o tratar de evadir el tema, cosa que él no iba a dejar que pasara.
Verónica
«¿Por qué debería demostrarle algo a usted? Ni siquiera lo conozco»
Leyó mensaje y se recostó de la pared a responder calmadamente, sabía que ella buscaría desviar el tema. Había cometido un error inconmensurable al tratar de jugar con él, pero él sería quien haga jaque mate.
Emiliano
«El que nada debe nada teme, si en verdad no eres mi esposa y no te robaste su teléfono, sino que obtuviste legalmente ese número, deber tener una prueba de que es tuyo. Además, si lo me lo demuestras te libras de mí y de la denuncia que estoy a punto de poner, de todas formas, se lo vas a tener que demostrar a la policía cuando te denuncie.»
Pasan unos minutos y él vuelve a sonreír, quería saber que rayos iba a inventar ahora. Se enderezo y retomo su camino a la habitación se su hija la cual ya estaba totalmente oscura, en señal de que ya se había dormido. Era tan delicada, etérea y dulce que no sabía porque alguien rehuiría el estar con ella. Tocó su cabello castaño con algunos mechones blanquecinos, y beso su frente con dulzura, era una combinación muy extraña, pero hermosa de su madre y de él.
Frunció el ceño con algo de dolor, era una pena que su madre no la quisiese tanto como ella quería a su madre. Se levantó de la cama donde se había sentado a su lado y cerró la puerta con cuidado de despertarla. Entonces escucho el timbre de su teléfono y lo levanto para ver la absurda respuesta que le daría, cuando de pronto quedó estupefacto.
Verónica
Verito
Titular: Ikara Tales
Numero: 809-154-4xxx
Era una captura de pantalla que había tomado de consulta tu número. Entonces era verdad, ella no era Verónica y él la había estado instigando injustamente. Pero si no era ella, eso solo significaba una cosa, Verónica había cambiado de número y no tenía forma de localizarla.