Capítulo 2: Un número desconocido

2853 Words
Iba caminando por el pasillo de la entrada haciendo que sus tacones resonaran contra la loza. Desde las 6 de la mañana no había parado, iba de un lugar a otro, resolviendo esto y aquello sin poder siquiera sentarse. Pues antes de que siquiera se alzara el sol en el alba, su “amado esposo” para el cual fungía como secretaria, le había puesto como tarea el terminar los preparativos tardíos de la fiesta de cumpleaños de su hermana, si de su propia hermana, quien seguro estaba sentada bajo una encimera de lo más tranquila y dando órdenes como una reina. Así era Angélica Cross, una chica mimada y consentida que obtenía todo lo que quería y cunado lo quería. Pero a la vez tan hermosa y de una belleza angelical, como su nombre, que no iba para nada con su personalidad, aunque quisiera aparentarlo frente al público. Tan diferente a ella Ikara Tales, tanto en físico como en personalidad. Pero se preguntan ¿Por qué si eran hermanas tenían apellidos distintos? No, no es lo que se imaginan, no es que fueran medias hermanas, eran hermanas de padre y madre, sin embargo, no fueron tratadas igual al nacer. Esto justamente por verse distintas. Toda su familia de generación en generación habían sido una familia de diplomáticos, una de las familias diplomáticas más importantes del país, debido a que eran expertos y excelentes en lo que hacían, y como un buen abogado, jamás perdían un caso. Esto los ayudo a formarse un nombre y una fortuna. Eran gente muy respetada en el ámbito público y social, no había quien no supiese su apellido “Tales”. Esto hasta su madre, la única hija de sus abuelos, la cual decidió ir por el campo empresaria y fundar su empresa “Cosmetología Tales”. Y sus abuelos, aunque les dolió que no siguiese el legado familiar, no les importo mucho, ya que ellos habían trabajado duro para que ella hiciese lo que quisiese, además su hija había demostrado desde muy pequeña que era buena para los negocios, por lo que sabían que prosperaría y así fue. Además, ella era su única hija y no le impedirían ser feliz solo por una tradición. Su madre, Diana Tales, era un haz en los negocios y rápidamente no solo dejó atrás, sino que también aplastó en ventas a los demás. Claro que también tenía 7 legados de influencia tanto en el mundo imperial, como en el político, social y artístico, eso también influyo en demasía. Un años después su enamoro de su padre, Anhelo Cross, un chico de clase media, al que sus padres se opusieron desde el inicio. En su familia todos habían sido diplomáticos y se habían casado con uno, sin embargo, para ellos estaba bien que ella hiciese lo que le placía, incluso que no fuera con un diplomático, pero no con un hombre de clase social baja y solo le restaría, mucho menos con ese hombre que desde el primer día les dio mala espina. Eran muy críticos, esto porque su profesión lo exigía y sus padres le habían enseñado a serlo. Por esto desde el primer momento en que lo vieron supieron que iba solo detrás de su dinero. Por eso, es que incluso podrían aceptar que se casara con un mendigo con principios que alguien interesado, sabían que solo haría sufrir a su hija. Sin embargo, al final tuvieron que aceptar que saliera con él, con un inmenso dolor en su alma. Esto porque su hija, que no quería escuchar razones estaba más que enamorada, obsesionada con él y su inmensa belleza, al punto de querer quitarse la vida en un par de ocasiones por su oposición a casarse. Claro que seguían sin estar de acuerdo, pero tanta fue la insistencia de su hija que incuso se terminaron casando. Ellos tuvieron que callar y soportar, mientras se sentían culpables, después de todo era su culpa que su hija tuviera un carácter tan voluble y tan poco crítico, como para dejarse manipular por ese hombre, ya que ellos siempre estuvieron ausentes en su vida. Para compensar dichas ausencias siempre le daban todo lo que ella pedía, de lo que ahora se arrepentían, eso era algo que no se perdonarían jamás. Dos años después de la boda había nacido ella, Ikara. Embarazo del cual todos esperaban el nacimiento de un niño, sin embargo, resulto siendo una niña, a quien su padre se negó a reconocer como suya desde el primer día. Y esto no era solo porque no era del género que esperaba, porque si hubiese sido solo eso no le importaría, era su hija después de todo. Sino que la niña había nacido débil, de ojos grandes y saltones, y se piel se enfermó, se llenó de pintas rojas semanas después de nacida. Pero, sobre todo, era su cabello, a pesar de que ambos padres tenían un hermoso cabello n***o azabache la niña nació con el cabello blanco, totalmente blanco. Por lo que él y muchos pensaron era que se trataba de una infidelidad, otros pensaron que era un castigo divino por la mezcla entre clases. Tan intenso fue su repudio por ella, que se negó a recibirla como hija y a darle su apellido, a la vez que despreciaba a su madre en público, siendo esto como la confirmación que todos esperaban que los rumores eran ciertos, la pequeña no era hija suya. Esto llevo a Diana y el apellido Tales a una degradación social, recibiendo la crítica de todos y la burla de la sociedad, la repudiaban por haber mancillado el nombre de su familia. Al mismo tiempo las acciones de la empresa comenzaron a caer en la bolsa de valores, mucho más cuando una empresa nueva de cosméticos empezó a hacerles la competencia y ofrecer productos de buena calidad e innovadores. Por otro lado, ella que estaba siendo la comidilla de la sociedad y despreciada por su esposo, además con una hija recién nacida, se encontraba frustrada y dolida, la presión y el estrés llegaron a tal punto de beber una pastilla cada día, lo que le imposibilitaba el alimentar a su bebe. Además, estaba tan turbada que no se le ocurrían ideas nuevas. Esto hizo que cada vez sintiese más y más desprecio hacia la bebé y cada día dejara más su cuidado a una enfermera al punto de no ir a visitarla nunca. Por otro lado, su esposo por su sempiterno odio hacia la niña, le dio un ultimátum o se deshacía de la niña o se divorciaban, palabras que la terminaron de convencer para dejar a la niña. Pues ella no iba a permitir que su esposo, por el que había luchado tanto, la dejara una pequeña que ella ni siquiera quería. Anhelo, por su parte, no quería ser el hazme reír de la sociedad y menos por una mujer que en sus palabras: no amaba. Porque si, él no amaba a Diana, y ya tenía una novia antes de ella a la que dejó, porque ella representaba un mejor partido. Sin embargo, periferia estar con la mujer que amaba y que lo amaba, no había dejado una mujer pobre, pero buena y hermosa, por una rica infiel que lo dejara en vergüenza. Por esto, Diana decidió dejar atrás a su hija, al cuidado de sus padres, que, aunque no estuvieron muy de acuerdo con la decisión, la recibieron con los brazos abiertos. Y dos años después, Diana tuvo otra hija, Angélica, una niña de una piel blanca y cremosa como la leche, un pelo azabache que contrastaba con su tono de piel y unos labios rojos sangre. Lo más importante los ojos verdes de su padre, con lo cual, no quedo duda de que ella era su hija. Poseía una belleza angelical, siendo aún más hermosa que su madre. Para ellos era un ángel que había venido a recompensar su matrimonio, por lo que la amaron y la consintieron, olvidándose total y completamente de Ikara. Por eso no tenían el mismo apellido y por eso ella jamás entendió, siendo su esposo de una familia tan importante ¿Por qué la habían escogido a ella para ser la esposa de aquel hombre y no a su adorada hija? Brrrrrr, Brrrrrr, Brrrrrr. La vibración de su teléfono, sacó de sus pensamientos, sobresaltándola al punto de lazar todos los papeles que llevaba en las manos al piso. - ¡Maldición! – se quejó de su perenne torpeza. Se había olvidado totalmente de que había puesto el teléfono en vibrador. Seguro que era su hermana, con otra orden para ella, como si ella no fuese la mayor. Dejo los papeles ya que era obvio que los tendría que volver a sacar, pues todo estaba mojado por la llovizna de hace rato, incluso aún se podía sentir en el aire ese olor, ese petricor, tan delicioso y que tanto le encantaba debido a eso. Saco el teléfono justo a tiempo para ver que recibía un mensaje de texto y al parecer era el mismo número que la llevaba acosando el mismo tiempo que llevaba con ese número, dos semanas. ¿¡Acaso no se hartaba!? – pensó ofuscada. Mensajes como: tenemos que hablar, responde la llamada, eres una inconsciente, vuelve a casa o llámame cuando puedas, se habían hecho tan usuales en su vida como el color blanco. Además de llamadas en cada momento del día, en el desayuno, merienda, reuniones, cena y hasta cuando estaba durmiendo. Se preguntarán, entonces ¿Por qué no contesta? Para eso hay una simple respuesta, ella no respondía a números desconocidos. Sin embargo, tendría que contestar, de lo contrario su “afable esposo” empezaría a hacer preguntas. Abrió el mensaje, dispuesta a esta vez darle respuesta de una vez por todas. Número desconocido «Contesta el teléfono, tenemos que hablar» Seguía sin entender de que tendrían ellos dos que hablar si no se conocían, negó con la cabeza, esta persona debía tener problemas mentales. ¿Qué debía responderle para que desistiera de volver a escribirle? Lo pensó durante un rato y cuando estuvo decidida lo envió. Ikara «Deje de llamarme y no me envié más mensajes, porque le juro que como siga así lo voy a demandar» Con eso estaba muy segura de que jamás se le ocurriría volver a escribirle. ¿Quién diría que no tardaría ni dos minutos en recibir un nuevo mensaje? Desconocido «Solo quiero que me digas donde estas, no por mí, ya me quedo bastante claro cuando te fuiste que no sentías nada por mí, pero tienes una hija, Verónica, ¿Ni siquiera ella te importa?» Ahora sí que no entendía nada. ¿Verónica? ¿Hija? ¿irse? ¿De qué rayos estaba hablando? Respiró hondo tratando de aclarar sus pensamientos, había tres cosas que le dejaba en claro en ese mensaje: primero: estaba hablando con un hombre, segundo: este hombre pensaba que ella era su esposa y tercero: esa mujer lo había abandonado a él y a su hija, quizás alrededor de la misma fecha que la había empezado a llamar. Po lo que, en conclusión, se había equivocado de número. Por lo que al menos no era un pervertido acosador. Rápidamente le devolvió el mensaje, tratando de reflejar al máximo su error. Ikara «¿Qué? ¿Verónica? ¿Hija? No sé quién rayos es Verónica, ni mucho menos sobre una hija, creo que se equivocó de numero» Creyó firmemente que ese mensaje dejaba en claro que él había cometido un error y no volvería a escribirle, lo que le evitaría problemas con Neythan. Y con eso guardo su teléfono y se dispuso a recoger los papeles esparcidos por la loza de la entrada de su casa, que era donde se realizaría la fiesta para su hermana. … Horas después ya todo estaba listo y miles de personas estaban rodeando a su hermana, felicitándola los sus 22 años cumplidos y felicitándola por su hermosa fiesta, mientras ella se daba ínfulas de haber preparado todo, cosa que ella sabía era mentira. Mientras ella se encontraba en una de las mesas apartadas. Porque a pesar de que estaban en su propia casa, sus padres no la querían tener a la vista. Estaba muy aburrida, ya que esa era una fiesta de caretas y no es que era de máscaras, pero realmente todos llevaban una careta invisible en sus rostros, porque realmente ninguno era amigo de su hermana, todos le tenían envidia y le deseaban lo peor, ella lo sabía, pero en definitiva sonreían frente a ella y le rendían pleitesía. ¡ains! – suspiro aburrido y saco su teléfono para entretenerse, cuando lo vio, era otro mensaje de aquel número desconocido. Medito si debía ver ese mensaje y responderlo, después de todo lo que quería era que le dejara de escribir, si lo ignoraba, seguro que se rendía con el tiempo. Pero por otro lado no tenía nada que hacer y esto se estaba volviendo cada vez más y más aburrido. Además, no perdía nada con leerlo para entretenerse. Desconocido «Deja de jugar, te estoy hablando en serio, Carlina estaba llorando ayer porque dice que no la quieres, ya que nunca vas a verla. Es pequeña, pero inteligente y sabe que no estas.» Leyó en mensaje un par de veces, tratando de encontrarle sentido a sus ridículas palabras. ¿Qué no había entendido de que se equivocó de número? ¿Quién estaba jugando? Ikara «¿¡A caso está loco!? Está muy mal si su esposa lo dejo y súper mal que también dejara a su hija, pero ¡No soy ella! ¿Por dónde lo entiende y en qué idioma? No lo conozco y no sé quién sea Carlina.» Sabía lo malo que era crecer sin una madre y lo terrible que era ser abandonada, pero ese hombre la estaba volviendo loca y en definitiva le quería dejar en claro que no era la tal Verónica. La respuesta llego en unos minutos. Desconocido «Bien entonces, si no eres mi esposa, voy a denunciar el caso a la policía.» ¿¡Qué!? ¿¡Se había vuelto loco!? Tecleó la respuesta lo más rápido que puedo y la envió. Ikara «¿¡Qué!?» «¿¡De que rayos está hablando!? No me puede denunciar a la policía por no querer admitir quien dice que soy ¿Qué clase de droga se fumó?» Estaba totalmente indignada ya. Desconocido. «Si no es mi esposa y le estoy hablando a su número, entonces se robó su teléfono y si le pasa cualquier cosa a mi esposa la acusare a usted» ¿Qué clase de lógica era esa? – se preguntó indignada. Ikara «Este teléfono lo compre yo, desde hace dos semanas que tengo este número, porque lo acabo de cambiar ¿Cómo podría ser una ladrona? Soy una ciudanía honrada.» Desconocido «¿Tienes alguna forma de demostrar lo que dices?» Rodo los ojos enojada. Ikara «¿Por qué debería demostrarle algo a usted? Ni siquiera lo conozco» Envió y espero a respuesta. Desconocido «El que nada debe nada teme, si en verdad no eres mi esposa y no te robaste su teléfono, sino que obtuviste legalmente ese número, deber tener una prueba de que es tuyo. Además, si lo me lo demuestras te libras de mí y de la denuncia que estoy a punto de poner, de todas formas, se lo vas a tener que demostrar a la policía cuando te denuncie.» Racionalizo lo que escribió unos minutos, en cierto punto tenía razón, pero no por eso ella le daría su información personal a un desconocido, además ¿Llamar a la policía? ¿Con que derecho? Trató de contestar cuando de pronto alguien arrancó el teléfono de su mano y lo tomó entre las suyas. Al alzar la vista supo quién era, la última persona que quería que leyera ese mensaje: Neythan Brisenta, su esposo. - ¿Con quién te mensajeas tanto que ni siquiera notaste que te estaba llamando? – leyó el mensaje y su rostro ennegreció. - ¿Me quieres explicar quién es la persona a la que ni siquiera le agregas un nombre? – pregunto estrechando los ojos en ella. Lo único que le faltaba es que esa mujer le fuera infiel, después de todo, hija de pecado pecadora. - Te aseguro que no sé quién es, no lo conozco. – respondió sincera, algo asustada de su reacción. Recorrió su cara con la mirada, no parecía estar mintiendo, pero ella siempre se hacia la inocente. Suspiro. - ¿Entonces? – alzo una ceja hacia ella, inquisitivo y sin creerle del todo. - No lo sé, te dije que no sé quién es, puedes leer los mensajes si quieres. – ofreció, sabía que no podría encontrar algo para usar en su contra más tarde después de todo. Él asintió y empezó a leer todos los mensajes enviados anteriormente, para luego teclear en su teléfono. Minutos después le paso el teléfono sin ni un solo mensaje, por lo que ella no supo qué respuesta había dado aquel mensaje o si en verdad lo respondió.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD