Suspiró con pesadez, cuando vio el apellido Tales. ¿Acaso no era suficiente con irse? también lo hizo meterse en problemas con una familia a la que no debía ofender. Hace como una hora que aquella mujer le había enviado su nombre que de pronto se le hacía tan conocido, por lo que lo leyó y releyó tratando de hacer memoria. Pero no lograba hacer memoria, sin embargo, mientras más lo leía más conocido se le hacía, por lo que lo investigó y vaya sorpresa que se llevó al descubrir que era Tales, de los diplomáticos Tales. Apellido que quizás había caído mucho y no tenía la misma gloria que cuando sus padres los nombraban, pero personas a las que no se podría permitir ofender, pues tenían influencias fuera y dentro del país. Claro de espaldas todos hablaban sobre ellos y cuchicheaban, pero de frente, ofender un Tales de frente era sentencia de muerte en el mundo empresarial.
Esto lo inquietaba, después de todo no quería ofender a personas influyentes, menos como los Tales que tenían relación con los Cross y los Brisenta. Lo peor era que enseguida le envió ese mensaje lo bloqueó, eso sólo significaba que estaba furiosa y si lo estaba tomaría represalias, además no podía disculparse. A las personas como ella no le era difícil conseguir su nombre y su dirección en un parpadeo, esto lo volvió temeroso frete a este asunto, después de todo, era difícil llevar a cabo una compañía, sin aliados comerciales, mucho menos en la industria del cine y estaba por firmar un contrato millonario con los Brisenta.
Aunque era muy extraño, tenía entendido que la única hija de los Tales era Diana, de la compañía de cosméticos “Tales”, quien se había casado con Anhelo Cross, dueño y fundador de la industria de modelaje "Cross" y que tenían una sola hija, Angélica, esa chiquilla presumida que siempre lo estaba persiguiendo, en todas las reuniones y quien llevaba el apellido de su padre, por lo que quizás fuera de otra familia. Pero Tales, no era un apellido común. Volvió a suspirar. No era como si varias familias pudieran llevar ese apellido, incluso se atrevería a asegurar que solo ellos lo tenían en ese país. Pero había dicho que el numero lo obtuvo hace poco, quizás sea de otro lugar. Siguió dando tumbes en su cabeza, para después pasarse las manos por esta, frustrado, a buena hora la fue a confundir con Verónica.
Ahora no sabía si esa mujer tenía conexión con esa familia o si la firma de contrato se cancelaría por eso. Además, en la web no aparecía ni la más mínima información sobre ella. Podría pedirle perdón, pero si ella lo había bloqueado ya y le escribía o llamaba desde otro dispositivo sería probar su suerte, cosa que podría resultar contraproducente, pues pensaría que la acosa. Quizás lo mejor era dejar las cosas así, después de todo, tal vez si trataba de contactarla de nuevo, sólo se metería en más problemas. Ojalá este error no trajera caos a la empresa. — pensó con resignación.
No era de los que le dejaban las cosas a la suerte, por lo que se decidió a intentarlo, quizás podía hablar de buena forma con ella y explicarle. Era solo que no pensó que escucharía aquello que lo dejó en estado de shock.
…
Mientras, para Ikara, aquello no estaba mal, después de todo había logrado que ese molesto hombre le dejara de acosar, por lo que no le pregunto qué era le había escrito y dejo su celular a un lado, en lo que él se sentaba en su mesa, con el ceño fruncido y observando su reloj de cuando en cuando. Ella sabía que él no quería estar allí, pero debía aparentar que no pasaba tanto tiempo en la mesa principal, que era donde quería estar o surgirían chismes. Después de todo el mundo entero sabía que estaba casado, lo que no sabían era que con quien se casó era nada más y nada menos que su asistente, ella Ikara Tales, si lo supieran todos caerían de espaldas. Se rio ante ese pensamiento.
De igual manera no entendía que apariencia quería mantener, después de se había pasado la mayor parte de la noche en la mesa de su hermana, si quería mantener las apariencias, no se hubiese pasado toda la mayor parte de la noche en la mesa de su hermana. Si lo que quería era que no hablaran, era muy tarde para ello, porque seguramente, todas las revistas de chismes que había invitado su hermana se lucrarían con ese hecho. Lo peor es que ella sería quien tendría que resolverlo mañana, solo pensarlo le daba dolor de cabeza. No se había terminado de quejar internamente, cuando ella se acercó con una sonrisa hacia su mesa.
—¡Tía! – esa voz le causo escalofríos – ¿Estas disfrutando la fiesta? – preguntó en voz alta atrayendo la atención de las personas que la seguían con la mirada.
Entonces todos empezaron a cuchichear, sobre la hija adoptiva y repudiada de los Tales. Así la conocían en el círculo social y era una broma para todos en el mismo, se podía ver en la sonrisa burlona de las personas presentes. Sin embargo, a ella ya no le importaba, estaba muy acostumbrada a esto.
—Gracias por invitarme – dijo tratando de dar una cálida sonrisa, era solo que a ella no le salía ser tan falsa y se había visto como una mueca.
Ella solo sonrió, al ver que no la podía molestar con eso, fue hasta él y lo rodio por el cuello, atrayendo de manera obvia la atención de todos a la mesa que todos pasaban por alto, esto debido a que ella era el centro de atención en este lugar y ella estaba muy consciente de eso, porque todo lo que ella hacía era para llamar la atención.
—¿No es aburrido estar aquí solo toda la noche? – dijo mientras hacía pucheros, haciendo que todo el mundo especulara de nuevo ¿Por qué ellos no están juntos? Después de todo ellos habían sido amigos desde la infancia y todos imaginaron que se harían una pareja. Por esto todo sospechaban de la mujer con la que se había casado, como la que se paró a la pareja ideal. Luego, puso su vista en Ikara, con una inocencia que ella sabía era fingida. – sin ofender tía.
Ella le dio una sonrisa superficial, pues sabía que lo hacía para humillarla. Ella era considerada hija adoptiva de sus abuelos y pues sus padres jamás la reconocieron como hija y, he incluso, abogaron por que se le llamase hija adoptiva y no una Tales real. Pensó que en realidad había sido adoptada por sus abuelos y que ellos eran sus padres hasta el día en que ellos murieron y le dijeron la verdad, ese fue uno de los golpes más duros que había recibido en toda su vida. Ella sabía la verdad, pero siempre la había llamado tía, sin embargo, llamaba a su esposo por su nombre de pila. Se burló de sí misma por dentro ¿No lo había dicho a propósito? ¿No solo quería burlarse de ella? En pocas palabras de había dicho “aburrida” e “irrelevante”, pero para todos ella había sido solo muy inocente. Esa era ella su preciosa hermana, Angélica Cross.
Su esposo era peor, como si ella no estuviese enfrente asintió.
—Es un poco aburrido, pero la prensa me ha visto en tu mesa toda la noche igual que los invitados, si me ven junto a ti por más tiempo surgirán rumores, pero si solo estoy con mi asistente... – dijo impasible, como si con ella no se estuviese refiriendo a su esposa, de todas formas, poco le importaba lo que ella pensara, pero eso sí, no podía dañar el prestigio y reputación de su familia.
—Pero es solo un baile, aun no has bailado conmigo y me lo prometiste, prometiste ser el primero. – dijo con cara triste y sus ojos verdes esmeralda caídos con lamento.
Él suspiró sintiéndose sin salida, simplemente no le podía decir que no.
—Está bien, pero solo un baile. – cedió, mientras se levantaba, al tiempo que ella miraba con algo de regodeo a Ikara, que hasta el momento solo había visto la escena sin decir nada.
No ver expresión en su cara, le molestaba.
—No te molesta ¿Verdad tía? – dijo ella como si notara que la había olvidado otra vez.
Pero Ikara sabía que solo hacía esto para hacer enfadar al hombre junto a ella. Y efectivamente, enseguida estas palabras llegaron a los oídos de Neythan, que era un hombre que siempre hacía lo que quería y cuando quería, su rostro se distorsionó, como bañado con ácido y miro a Ikara como si fuera la autora del comentario, con un disgusto evidente.
- ¿Qué clase de poder tiene ella sobre mí para que le tengas que pedir permiso? – dijo de forma desdeñosa antes de irse con ella a la pista.
Mientras todos veían a Ikara con burla y algunos empleados con pena. Ella era la señora de la casa, la esposa de famoso multimillonario, Neythan Brisenta. Sin embargo, era tratada peor que una mucama. Ella había preparado la fiesta con solo una semana de anticipación, ya que su hermana había asegurado podría hacerlo sola, pero a la hora de la verdad solo terminó repartiendo las invitaciones y espero hasta la última semana, para semana para decir que necesitaba “ayuda”. Sus padres dijeron que era muy poco tiempo para organizar la fiesta que ella quería, no podrían alquilar ningún salón con solo una semana de anticipación, ella se había puesto triste y lloro. Todo esto cuando les habían pedido ir a una “Cena familiar”. Neythan, como no quería verla llorar ofreció la casa de ellos que tenía un amplio salón y la ayuda de ella sin siquiera pedir su permiso. Eso la tenia de muy mal humor desde entonces. No era que le fuera a dar tiempo libre para “ayudar” sino, que ella tenía que cumplir con sus labores en la empresa y luego ir a cumplir los caprichos de su hermana.
Claro ella solo se sentó y ordenó muchas cosas imposibles de cumplir en una semana y ella como si tuviera la magia más poderosa de universo lo tenía que cumplir con un chasquido de dedos. Que significaba, correr, organizar, mediar entre ella y la modista y sobreexplotarse. Aquello era todo lo que había hecho la última semana. No había podido comer, dormir o descasar adecuadamente últimamente, lo que la tenía cansada y sin energía, pero por las apariencias no podía faltar a una fiesta en honor a “su sobrina” que se daba en su propia casa, aunque nadie supiera que era suya.
Igual tenía que esconderse en el rincón más apartado ya que su “hermana y su cuñado” estaban en la fiesta y a ellos le incomodaría tenerla en la misma mesa. Mientras su hermana se burlaba de ella bailando con su esposo, el mismo que no la había sacado a bailar ni una sola vez en la noche y apenas había venido a su mesa dos minutos para reclamarle y guardar las apariencias.
Se bebió su copa de un trago. Obviamente ella debía ser feliz después de casarse, debía ser feliz, ser amada y estar lejos, muy lejos de la estúpida familia Cross. Pero al casarse había visto más a los Cross que cuando vivía con ellos. Odiaba ser su títere de cuerda, moviéndose a su antojo mientras los demás la veían como chiste, pero lamentablemente, los Cross era una maldición que tenía que cargar por nacer dentro de aquella familia.
…
Ellos habían bailado una canción, tras otra, tras otra hasta que ella había perdido la cuenta, desde hacía media hora. Sin embargo, no parecía que tuvieran la intención de detenerse y ella empezaba a sentir somnolienta, quizás por todo el alcohol que ya había consumido o por el cansancio que tenía de días anteriores. Por lo que decidió salir hacia afuera y tomar un poco de aire fresco en el jardín había una hamaca, donde ella podría descansar. Sin embargo, antes de llegar su teléfono celular sonó con una llamada, por lo que se detuvo para ver el móvil en su mano, solo para encontrarse con ese remitente otra vez «Número desconocido».
Enseguida miro el móvil con fastidio ¿Otra vez? iba a responder la llamada y mandar al demonio a la persona de una vez por todas, cuando de pronto escucho murmullos desde un rincón del balcón que estaba cerca de la escalera que daba a la salida. Se suponía que los empleados vigilaban que nadie subiera a su antojo, porque arriba estaban las habitaciones y era una falta total de respeto subir sin el permiso del anfitrión. Por lo que enseguida colgó la llamada y subió. Había demasiadas cosas importantes arriba que no debían perderse y obviamente una fiesta sería el mayor pretexto para que alguien entrara y hurtara.
Solo al subir se había dado cuenta de su error, no había tales ladrones, solo había una persona a quien los sirvientes no le impedirían el paso, el mismo anfitrión.
—Me volverás loco – decía mientras besaba su cuello con vehemencia y recorría su espalda hasta sus caderas.
—Pensé que ella era mejor que yo. – dijo ella, mientras lo atraía a sus labios, para besarlos – después de todo, te casaste con ella.
—Ya sabes que a la única mujer que he amado y amare, eres tú, ella no me sirve ni para calentar mi cama. – subió las manos por sus muslos y la elevo, a lo que ella enredo sus piernas en su cintura. – en cuanto reciba mi herencia me divorciare de ella y me casaré contigo, solo tú eres la mujer de mi vida.
No quiso escuchar más, por lo que dio la vuelta y se fue. Se sentía tonta y humillada, ella pensó que, si se esforzaba más, él podía empezar a quererla, podrían iniciar una familia, la familia que anhelaba tener. Cuan equivocada estaba, porque él solo estaba jugando con ella, hasta tener su maldita herencia, se hizo un ovillo en un rincón del patio dejo fluir las lágrimas. A quien quería engañar, los finales felices no eran para ella. Con lo que había visto sus esperanzas, que ya eran pocas terminaron de desaparecer.
Allí en el balcón, estaban su hermana y su esposo, jurándose amor.