El regreso de mamá

1191 Words
LINA —¿Te llevo a tu casa? —me preguntó. Tragué saliva. No podía permitir que supiera dónde estábamos viviendo. No ahora. —Gracias, pero mejor pido un taxi. Ya has hecho bastante. —Insisto —respondió con esa mirada decidida que parecía no aceptar un no como respuesta. Genial. No iba a zafarme tan fácil. —Está bien —cedí, obligando una sonrisa. Sin decir más, tomó a Nico en brazos y caminó hacia un coche. ¿Era eso un Ferrari? Por supuesto que lo era. Colocó a Nico en el asiento trasero y luego me abrió la puerta del copiloto. Asentí en silencio, subí y acomodé a Mia sobre mis piernas. Sus manitas no tardaron en empezar a toquetear todo a su alcance. —¿A dónde vamos? —preguntó desde el asiento del conductor. —Te iré diciendo. Está relativamente cerca. El motor rugió y me enfoqué en darle indicaciones. Al llegar, señalé un conjunto de departamentos bastante decente. —Gracias por traerme —murmuré mientras abría la puerta. Sin darle tiempo a responder, salí casi corriendo hacia la entrada. Solo cuando estuve adentro escuché el motor alejarse. Suspiré. Qué cerca. Pedí un Uber y, en cuanto llegó, partimos directo al motel. * Ya había pasado un par de horas. La suma que Leo me había dado era más de lo acordado, suficiente para cubrir otro mes de renta. Extraño en él, pero no iba a quejarme. Estaba preparando a Mia para bañarse cuando escuché que llamaban a la puerta. Mi estómago se encogió. ¿Y si era Leo? ¿Y si nos había seguido y descubierto todo? Abrí con cautela. —Mira, sé que no fui honesta pero… —Me congelé. No era Leo. —¿Mamá? —solté, mirando la figura frente a mí, con su uniforme militar impecable. Mia corrió a mi lado, y cuando la vio... —¡Mamá! —gritó antes de lanzarse a sus brazos, llorando como si no la hubiera visto en años. —Mi niña hermosa… —dijo mamá, girándola en el aire entre lágrimas. Luego me abrazó a mí, y colapsé en sus brazos. El peso de todo lo que había estado cargando se desmoronó en ese instante. —¿Cuándo volviste? ¿Cómo nos encontraste? ¿Hablaste con papá? ¿Estás bien? Te ves tan delgada… —Una a la vez, hija —respondió, sonriendo entre lágrimas. —Recién regresé de Irak. Me quedé unos días con la familia antes de venir. Fui a casa y tu padre me dijo que te habías marchado con Mia. Me preocupé. Dijo que sabía dónde podrías estar y me ofrecí a buscarte. Me quedé helada. —No voy a regresar —afirmé. Su rostro se tensó. —¿Qué pasó? —Mia, ve al baño, cariño. Te ayudaré en un minuto —le dije con suavidad. Ella obedeció sin rechistar. Entonces me volví hacia mamá. —Todo se fue al carajo, mamá. No sé qué hacer —le dije antes de romper a llorar de nuevo. —Desde que era niña, papá me pegaba. Me hacía prometer que nunca te diría nada. Siempre lo hacía en lugares donde no se notaba… por eso te pedía que no me dejaras sola con él. —Me costaba respirar—. Empeoró cuando te enlistaste. Toda su rabia la descargaba en mí. Y hace poco... vi cómo le alzaba la mano a Mia. No lo pensé. Huí con ella. Vi cómo a mamá se le llenaban los ojos de lágrimas. —No… no sabía nada. Soy una madre horrible. No debería haberte dejado con él. Lo siento. Lo siento tanto —me decía, abrazándome con más fuerza, tratando de sostenernos a ambas. —No vamos a volver —aseguró mientras me secaba las lágrimas—. Tengo ahorros. Encontré un buen lugar donde podemos vivir las tres. Estará todo bien. —¿Cómo supiste que estábamos aquí? —pregunté, aún incrédula. —Pensé que si no tenías adónde ir ni mucho dinero, buscarías un motel. Recorrí varios hasta que por fin, alguien me confirmó que te habías registrado. Casi me doy por vencida. Solo tenemos que quedarnos aquí unos días más hasta que todo esté listo con el nuevo departamento —me dijo con calma. —Todo va a estar bien ahora —añadió, y por primera vez en mucho tiempo, le creí. * Había sido una semana de locos. Entre empacar, instalarme en el nuevo apartamento con mamá y tratar de reconectar con ella, no me había quedado ni un minuto libre. Me revolví el cabello con una mano mientras buscaba a Mia, que no dejaba de esconderse por toda la casa. Su nuevo pasatiempo favorito: hacerme jugar a las escondidas sin previo aviso. Vi algo moverse bajo la cama. Me agaché justo a tiempo para ver una sombra deslizándose hacia el otro lado. Estaba a punto de lanzarme sobre ella cuando sentí vibrar el celular en el bolsillo trasero. Me detuve. Eso no pasaba mucho. No es como si tuviera una vida social activa. Se me aceleró el corazón. ¿Y si era Leo? Me abalancé hacia la mesita como si estuviera en una película cursi, esa escena donde la protagonista recibe mensaje de su amor platónico. Desbloqueé la pantalla con dedos temblorosos. "Te queda el 20% de tu paquete de datos." Tragué aire, solté un suspiro exagerado. Ridículo. Pero antes de poder guardar el teléfono, otra notificación iluminó la pantalla. Una sonrisa tonta se me escapó sin permiso. “¡Mitad de precio en pizzas de Domino’s! Ordena más de $50 y usa el código DOMIN32.” Genial. Cero Leo, cien carbohidratos. Rodé los ojos y me dejé caer sobre la cama, dejando que la frustración se hundiera conmigo. Sentí un crujido extraño debajo y salté instintivamente. ¡Mia! Me había olvidado de ella por completo. Me tiré al suelo y la encontré debajo de la cama, tapándose la boca para no reírse demasiado alto. • La mañana siguiente, estaba en la cocina intentando hornear algo decente, con resultados discutibles, cuando el zumbido del celular volvió a interrumpir el silencio. No quise mirar. No iba a caer otra vez. Ignoré la primera vibración. Pero vino otra. Y otra. “¿Salimos esta noche?” Me detuve. ¿Era en serio? ¿Leo?, escribí sin pensar mucho. “Claro que soy yo. ¿Esperabas a alguien más?” No, solo a un tipo que se olvidó de mí durante una semana entera. “Podría pedir perdón, pero no soy de los que se disculpan fácilmente.” Perfecto, ya tengo una nueva misión en la vida: hacerte cambiar eso. “¿Y cómo vas a lograrlo si no me das una oportunidad esta noche?” Ups. Tengo que revisar mi agenda, soy una chica ocupadísima. Mentira. Mi única "cita" era con Mia y su escondite nivel profesional. Pero bueno, había que aparentar. “Te hago espacio a las siete. Si tienes suerte.” “Genial. Paso por ti. ¿En el mismo lugar?” Ya no. Nos mudamos con mamá. Recógeme en Apartamentos Blues. “Hecho. A las siete en punto.”
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD