: Comparación

2432 Words
CAPÍTULO 8 RENATA ¿Qué sucede cuando no entiendes el mundo? Un colapso. Cuando nacimos Rebecca tuvo dificultades al nacer, demasiadas. A pesar de ser gemelas idénticas no nacimos con la misma suerte, yo le robaba cada fragmento de ella, cada vitamina, cada gramo de vida, desde bebé parecía querer todo lo que ella tenía y más. Así yo nací sana y Rebecca estuvo por morir, en una encubadora, debatiéndose entre la vida y la muerte. Zack decía "—Inclusive desde antes de nacer, le quitabas todo. Siempre has querido más, siempre más que ella..." Y, ¿Qué culpa tenía yo? No conocía a una persona que no quisieran tenerlo, ser mejores. Así nací, intentando ser la mejor—lograndolo—mis calificaciones eran altas, capitana de porristas, la mejor en deportes y graduada de la universidad con el mejor promedio, tenía todo, amigos, era bonita, tenía chispa, era popular y... Por alguna razón los chicos con los que salía, le gustaban a ella, pero querían estar conmigo, lo estaban, como un pasatiempo, claro. Así podía ver a Rebecca detrás de mí, la comparación la iba matando lentamente, siempre detrás de mí, intentando alcanzarme. Ella tenía sus virtudes, era increíble en el arte, escribía versos de rimas, y pintaba, dibujaba increíble, pero... No era yo. Y así fue, crecimos teniendo todo. Claro que hay personas que nacen teniendo suerte y otras que nacen sin ella, Mamá se cegaba por completo, diciendo que mi perfección no se igualaba, me hizo crecer queriendo tener todo y más, así fue. Hay personas que tienen que esforzarse para tener fuerza, suerte, levantarse y estar de puntas y brincar para tomarla, esforzarse hasta que sientes que tus dedos hormiguean de tanto tener que esforzarse para llegar a algo. Lastimosamente ella ni siquiera haciendo todo ello lograba alcanzar todo lo que yo tenía, eso era triste... Ella no tenía suerte y ni siquiera algo de esa luz, no era una luz brillante... Acomodé los lentes de sol y me enderecé para caminar con seguridad hacía el mostrador en donde se encontraba la recepcionista, sus ojos miraban con atención la computadora. —Buenos días—salude. La señorita me miró con curiosidad. El rostro de Rebecca habría estado en revistas, noticias, periódicos. La gran sensación puesto que se casaba con nada más ni nada menos que Zack Bennett, CEO. —Buenos días Señorita, ¿En que puedo ayudarle? —Necesito una habitación; Vip—, mencioné bajando mis lentes dejando ver mis ojos—, Rebecca. Novia de Zack Bennett. —Sí, se su nombre señorita, es un placer tenerla en este lugar—, alargó con emoción y me extendió un par de papeles—, Necesito que llene esto. —Claro. Que lindo brazalete, ¿De dónde es?—, comencé a escribir en aquella hoja—, ¿Llevas trabajando mucho aquí? —¡Gracias! Me lo hizo mi hermana—, Sonrió viendo su brazalete—, Es mi segunda semana, pero es de los mejores hoteles de la ciudad. Le sorprendería la cantidad de personas importantes que se hospedan aquí. —Puedo imaginarlo. Tiene un gran servicio—dije con una enorme sonrisa—, Además, mencionan que es un perfecto lugar para una luna de miel —Sí, es fabuloso. Podrían considerar pasar su luna de miel aquí. —Lo hemos pensado, sí—, mentí acomodando las hojas. Sonreí y le extendí las hojas con una enorme sonrisa aun en mi rostro—¿Seria todo? — Necesito una tarjeta—, pidió. Asentí, rebusque en mi bolso y ella frunció las cejas. Sabia perfectamente que no tenía ninguna tarjeta. Estaba muerta—, ¿Sucede algo? —No encuentro mi cartera—, mentí. Frunci las cejas para después seguir buscando en mi cartera, tenía en realidad un labial que robe esta mañana y mi celular—, Quizá deba esperar a que llegue Zack. ¿En donde podría esperar? La señorita hizo una mueca y miró hacia otro de los chicos de la recepción, él asintio como si esto fuera normal, en realidad, lo habría visto en una película y quería intentarlo, si salía mal, siempre se encontraba el fabuloso plan b. —No se preocupe señorita. Puede esperarlo en la habitación—alargó, para imprimir un par de papeles—, No queremos causarle un mal rato a usted ni al Señor Bennet. Zack Bennet. El chico guapo con el que salí casi toda mi vida, el y yo podríamos tener algo especial pero algo de siete letras se habría impedido en mis caminos. De nombre, Rebecca. Zack era guapísimo y desde que éramos unas criaturas pequeñas y tímidas se le habría metido hasta por las orejas, estaba enamorada. Habría sido su primer amor y en realidad, el único, habría mirado hacía otros lados pero sus ojos regresaban hacía Zack, siempre hacía Zack. —Se lo agradezco muchísimo, de verdad—, Dije tomando la tarjeta con una enorme sonrisa—No debe tardar. Comencé a caminar en dirección del elevador con pasos completamente seguros. Rebecca y yo nunca habríamos tenido mala relación pero la cosa era que con el paso de los días se hacía aburrido. Siempre me habría gustado meterla en problemas. Sin embargo, que los problemas los ocasionará yo, no me gustaba que se metieran con ella, ni que le hicieran daño, siempre la habría apoyado. Y me parecía ridículo que ella quisiera ser como yo. Nadie era como yo. Subí al elevador. Para presionar el número del piso correcto. Había pensado en muchas cosas antes de caer aquí, habría pensado en las mentiras, excusas y en cuantas palabras decir, los planes perfectos necesitan ser planeados, un hilo suelto logra romper toda la historia. Rebecca siempre habría odiado llevarle la contraria a las personas. Esto era el sazón de su vida. Seguramente. De la mía. Un par de lujos. No odiaba a Rebecca. Pero, al final ella se quedaría con todo. Ella vivía en la gran casa de Zack. Sufrir no le vendría mal. REBECCA Acomodé los papeles y leí una y otra vez estos, siempre en las ruedas de prensas tenía que apoyar a Zack en este tipo de cosas, en las preguntas, en los tratos, habría aprendido bien y eso a él le satisfacía porque al final del día yo hacía muchas de las cosas que él necesitaba. —Un café simple, con un poco de leche—, me dijo Francis. Para sentarse frente a mí dejando una taza frente a mis ojos—, Hay algo más que te traigo. Pero necesitas estar tranquila. Solté una risa llena de burla, puesto que el café podría hacer muchas cosas en realidad, pero mantenerme calmada no sería una de ellas. Seguramente. —¿Tranquila y un poco de café?—me burle. Alce ambas cejas—, Suéltalo. Anda, ¿Que puede ser tan malo? —Ella irá también—susurró. Fruncí las cejas con confusión acercándose a mí intentando ser discreto—, Al viaje. —¿Ella?—, curioseo. Él asintió. —Karen. Ella es la asistente segunda de Zack, la necesita para las campañas, las firmas. Las fotografías—enumeró. A lo que asentí con una mueca—, La necesita ahí. —Claro—, refunfuñe rodando los ojos con desdén—, Seguramente me introduce en un horno y me cocina. O quizá me haga una casa de dulce, me engordé y coma después... —¿Me llamaste bruja?—mis ojos enfocaron a Karen. Con sus brazos cruzados sobre su pecho—, Madura. Además, seguro me intoxicas. —No. Pero...—, Comencé. El pie de Francis impacto el mío callandome, Karen me miró esperando una respuesta—,Quizá no te enseñaron a no escuchar conversaciones ajenas. —Tus papeles están en orden. Una pena que tu serás la esposa de Zack, tan pequeñita—dijo. Para después mirar hacia Francis—¿Qué es tan gracioso? Mire hacia Francis quien ocultaba una enorme sonrisa en su rostro debajo de una enorme taza de café color magenta. Seguro nosotras. —¿Celos?—, canturreo. —¿De una chica como tú? Para nada—, mencionó con burla apoyándose en uno de sus pies, pasando su cabello sedoso hacía atrás—, No eres del tipo de chicas por las cuales perdería el sueño. Eres insípida. —Una pena. Ni siendo insípida pudiste ganar—, miré a Francis quien intentaba guardar la compostura, seguro le parecía difícil, tomó aire—, ¿No te parece patético? Noté como Zack atravesaba el pasillo para pararse un poco en la entrada de la puerta mirando con seriedad hacía acá. —Te necesito, Rebecca—, dijo. Para introducirse por completo en la oficina. Chasqueo la lengua. Tomé mi taza y mis papeles pegando estos a mi pecho sonriendo con tranquilidad, para terminar por encoger mis hombros y una sonrisa vitoriosa entre mis labios. —A mi me parece patético. Cari—sonreí—, Aunque, yo no peleare contigo. No por un hombre, eso es tan poco ortodoxo. Camine hacia afuera. Nunca habría sido de este tipo de persona. Quizá habría odiado con mi ser aquellos villanos de niña en donde la chica trataba así a los demás. Karen era un caso diferente, me lograba poner los pelos de punta y estresarme de un segundo a otro. Camine hacia la oficina de Zack apenas entre noté como revisaba unas cuentas sentado en su escritorio. —¿Qué sucede señor Bennett? —Cierra la puerta—, Mando frío dejando los papeles en el escritorio y mirando con enojo hacía mí, intentando disimularlo entre la frialdad de sus ojos. Me adentre cerrando la puerta y caminando hacia su escritorio. Se mantenía callado y por un segundo pensé en que estaba furioso conmigo. Me coloqué frente a él jugando con mis manos detrás de mí espalda y sentí como el alma me caía a los pies. No parecía ser portador de una buena noticia honestamente. —¿Qué sucede Señor Bennet?—, pregunté—, ¿Necesita algo...? —La boda deberá adelantarse. Necesitas escoger ya el vestido de novia y las demás cosas será en dos semanas—miró por la ventana mordiendo la punta de mi lengua. Presionando y jugando con mis dedos—, Él viaje de negocios empezará pronto. Necesito que entiendas que debes ser más profesional. —¿Dos semanas?—mi voz salió en un hilo. El asintió—¿Por qué? —Porque te lo he ordenado—, se levantó y me miró. Sus palabras eran tan tajantes...—Así que... —P-pero yo... —Ya. Eso es todo. —¿Por qué se adelanto?—, insistí. —Es todo. Puedes irte—, repitió tajante. —Señor Bennett, yo... —¡Qué ya! ¡Entiende Rebecca!—, chistó enojado, rodé los ojos y camine hacia mi escritorio dejando mi café en él —Rebecca. ¿Sabes escuchar? —Aquí es mi lugar de trabajo, por si lo olvido—dije seca. Ayer después de aquellas luces cegadoras y los paparazzis alumbrando mis ojos pensé en que esto no Funcionaria. Chocabamos, tanto que podríamos ser un accidente trágico, no creía que las cosas trajeran paz, aún si yo sintiera algo por él, no funcionabamos. —Quiero que salgas de mi puta oficina—dijo desafiante—, Rebecca, no quiero perder la paciencia... Le mire a los ojos y note como la vena de su cuello se resaltaba. Estaba enojado. Odiaba que cada que estaba furioso me hablara como si yo fuera lo peor del mundo. —¿Qué quieres? ¿Me siento en el pasillo afuera y te extiendo mi mano para demostrar que me porte bien?—dije con sarcasmo, para rodar los ojos—, ¿Qué de vueltas o haga piruetas? Se acerco a mi quedando a poca distancia miré conmocionada en estos últimos días parecía que iba a besarme y después huía como si se tratase de que yo era una bomba nuclear. No lo comprendo. —¿Por qué hablabas con Francis?—, preguntó. Me sujeto del brazo y me levanto—, Dime. —¿Ah? Eh... De trabajo, sobre los papeles que me arreglaba Karen—mencioné confundida—¿Te molesta? —Sí. Porque le hablaste tan cerca. Coqueteando—, insinuó. Rodé los ojos ligeramente molesto—, Ya no te relacionaras con él. —Es que no lo hice... No le coquetee—dije. Él me miraba enojado—Te juro que no lo hice. —Sí. Lo hiciste—, insistió. Me miraba enojado. Como si quiera eliminarme de la faz de la tierra. —Ve a casa. Estoy enojado y no quiero hablarte como la última vez...—, alargó pasando su mano por mi cabello—, Por favor Rebecca, ve a casa. Le mire a los ojos y pensé. Por un segundo pensé, ¿Le importaba lo que yo sentía? —Yo... —Toma. Compra más pinturas, llama al chófer y ve—dejo su tarjeta en mi mano—Quiero una pintura cuando llegue a casa. ¿Qué? —¿Una pintura...?—, pregunté a lo que asintió. Su mano acomodaba mi cabello con tranquilidad. —Te gusta pintar, quiero que me hagas una—repitió, me sonrió de lado—, Por favor. —¿Por qué querrías una pintura de mí?— dije sentándome en el escritorio—, Ni siquiera tienes nada en las paredes, son blancas y... —Y aburridas—, mencionó colocándose entre mis piernas pasando sus manos por mi cabello—, Estuve pensando en muchas cosas en realidad. —Iluminame—, dije dejando caer mi cabeza hacía atrás. —Sí seguimos con todo esto, lo más sensato es que aprendamos uno del otro—, mencionó mientras sus ojos miraban mis labios—, Yo solo quiero que no hables con un hombre que no sea yo... —¿Te dan celos?—, me mofé. Sus manos me sujetaron del rostro y me obligó a mirarle—, ¿Qué? —No. No me dan celos pero quiero saber más de ti—, dijo para sonreír. Encogió sus hombros—, Además, ¿No dicen que un mujeriego como yo no se queda con una chica? —Zack... —Ve a casa. Hazme el cuadro más bonito—, pidió acomodando mi cabello— , Por favor.
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