Capítulo 7
REBECCA
Pasaron un par de días y las cosas con él se habían suavizado, un poco. Ambos no nos hacíamos la vida miserable por un tiempo, apenas nos veíamos, tenía mucho trabajo últimamente y no nos mirábamos mucho en la oficina y con suerte nos veíamos en casa.
Acomodé el audífono en mi oreja y miré hacía las pinturas, tomando un poco más azul, mordí mi labio con un toque de fuerza para seguir pintando.
Tomé una bocanada de aire y un par de pensamientos llegaron a mi cabeza, crecías; te dabas cuenta en esos momentos que la vida no era como todos lo decían.
Te das cuenta de que hay realidades diferentes a la tuya, no es solo tu vida la que circula y tampoco eres el centro del universo—por más que lo quisieras—, es gracioso el cómo te das cuenta que la vida es impredecible, no solo es gris, no solo es rosa, ni azul.
Me sentía tranquila, pintando, supongo que eran del tipo de cosas que podían generarme paz, pasar mi pincel por aquel lienzo, no me sentía aquí obligada a seguir algo, aquí era lo que yo quería pintar, el cómo me inspirará y todo lo que me salía del alma, aquí yo era feliz, era yo.
Yo era yo.
Coloqué un poco de gris sin darme cuenta y seguí colocando aquel color, más y más.
Cuando era niña, muchas veces me pregunté ¿A dónde iban las personas de grandes sueños? Existían grandes personas, que escondían secretos bajo su cabello y sueños bastantes grandes debajo de un traje de vestir. Supongo que a veces las halas se cortaban desde niños y otras veces estás dejaban de funcionar.
Deje de pintar hace un tiempo, lo amaba, pero por alguna razón mis padres solían decir que no tenía el talento suficiente, además, ¿Quién vive de obras de arte? Debía aprender de Renata, ponerme un traje y estudiar una verdadera carrera—palabras de ellos—supongo que eso eran las cosas que pasaban a romper los sueños, padres cegados.
Después mamá me inculcó un sueño, casarme, con un enorme vestido blanco y ser feliz, aunque... Ese sueño se rompió cuando no era por amor, no por parte de los dos, sí, nos casaríamos, pero, la única enamorada era yo.
Me jalaron mi audífono haciendo que la canción de Taylor Swift dejara de resonar en mi cabeza, fruncí las cejas levemente esperando que dijera cualquier cosa.
—Hace mucho no te veía pintar—menciono Zack en cuclillas frente a mí—¿Por qué lo haces en el suelo?
—Sí... Un tiempo—, mencioné apartando la mirada de él. Sin embargo sus dedos sujetaron levemente mi rostro obligando a que lo viera—, Ah... Yo, ¿T-te molesta?
Mi titubeo fue evidente, tenía la guardia baja.
No sabía con claridad que decir puesto que... A pesar de que los pensamientos en mi cabeza se habrían convertido en olas de marea alta, se quedaban completamente atorados en mi garganta, carcomiendome.
—¿Te molesta? —pregunté sin mirarle—, Yo...
Uno de ellos era el hecho de pensar en Demian, le habría comentado sobre una segunda opinión a Zack y él habría accedido a dármela, esperaba que con un poco de suerte... Las cosas fueran distintas, no quería que él tuviera cáncer, pero la idea de pensar que mamá mentía con eso, me enfermaba. Eran ideas que me carcomían la cabeza de un modo voraz, quizá terminaría por perder la cordura, con todo esto.
Guardia baja. Estaba así desde un par de días. Después de que le habría dicho que quería ayudarle con la condición de confirmar que mi hermano tenía cáncer algo me carcomía. Nada menos que la idea de que creía que mi madre mentía.
—Ah. No—, dijo con desdén—, ¿Qué pintas?
—Es… El mar—, mencioné en un susurro—, Aunque no está quedando tan...
—No. Es una buena pintura—, mencionó observándola. Le miré con duda—, Sólo que...
–¿Qué...?
—Pues... se mira un poco triste—dijo con ambas cejas alzadas, para después encogerse de hombros—, ¿Por qué?
—No lo sé. Simplemente me salió así—, Encogí mis hombros ligeramente.
—¿Te carcome la cabeza algo?
Pues... Sí, técnicamente. Pensaba en que mi madre me estaba mintiendo con lo que decía, con cada una de las palabras que salían de sus labios y... ¿Eso me hacía mala hija? ¿Creer que mi madre le haría daño a mi hermano? ¿A su propia sangre?
—Ah, no. Nada—, mentí. Él hizo una mueca.
—Te quitaste el anillo—, señaló.
—Seguramente es caro. No quería dañarle con mis tonterías—, dije limpiando el pincel—, Llegaste temprano.
—Sí. Te dije anoche. Que llegaría a comer contigo y después irnos.
Fruncí las cejas, con un poco de confusión, noté que se encontraba él con uno de sus trajes elegantes y su cabello lucía perfecto, sacudí la cabeza cuando me di cuenta que estaba mirando a cada detalle el como era él. Cómo se miraba perfecto.
Deja de ser idiota. Pensé.
Miró de reojo mi pintura para después mirar hacia mí, pase mis manos por aquella enorme falda lila y le miré de nuevo, esperando que dijera un poco más de las cosas que quería.
—¿Qué sucede?
—Deberías estar arreglada ya. Iríamos a ver el salón, ¿Lo olvidaste?
—¿No lo había escogido tu madre ya? —pregunté levantándome tomando las cosas entre mis manos—, ¿Por qué veremos más salones?
—Sí encogió unsalón como para un evento de personas de ochenta—menciono con burla—, Anda cámbiate. Le diré a Nora que nos sirva.
—Sí Sr. Bennet—, reí ligeramente. Él sonrió con tranquilidad—, No tardo.
Tome mis cosas y camine a mi habitación por algo más, me cambie rápido con ropa cómoda pero ligeramente elegante, un vestido blanco que me llegaba a la mitad de los muslos.
Baje con pasos apresurados. Él estaba en el sofá leyendo un libro. Apenas me miró su ceja se arqueo más no dijo nada.
Ambos caminamos en dirección del comedor, me sentía ligeramente conmosionada.
—¿Entonces cambiaras todos los planes de tu mamá? Seguramente...
—Es nuestra boda, ¿No?—, mencionó sentándose en la silla, hice lo mismo—, Además, me parece tonto que ella organice nuestra boda.
Nora dejo una ensalada frente a ambos comida, le agradecí y ella sonrió ligeramente. Hice lo mismo.
—Rebecca. ¿Sabes que me causa gracia de ti?
—Ah, ¿Mis chistes?—, mencioné con burla.
—En realidad, lo descuidada que eres—, dijo pasando aquel pañuelo de su traje por mi mejilla—, ¿Lo ves?
Su mano sujetaba detrás de mí cabeza mirando ligeramente mis labios, sentí cómo mi presión bajaba ligeramente. Me señaló el pañuelo manchado de pintura celeste.
—L-lo siento...
—Me gusta esto de ti. No te preocupes—, dijo enderezandose en su lugar—, Por cierto... Te queda lindo el vestido.
Mis mejillas se enrojecieron inmediatamente con sus palabras, le miré con cierto toque de confusión, le sonreí ligeramente.
—Gracias Zack.
Comencé a comer, un poco callada jugando ligeramente con la comida, él me miró de reojo.
—¿No te gusta?
—¿Ah?—, miré mi plato. Para después mirar nuevamente a él—, No. Sí me gusta, es solo qué tu...
Me quedé callada, para regresar la mirada a mi plato, no quería seguir metiendo la pata una y otra vez, tomé un poco de agua.
—¿Mi que...?
—Es que—, me enderecé y sonreí ligeramente—, Tu mamá me pidió que bajará unos siete kilos mínimo antes de la boda. Y como falta poco tiempo...
—Mira, bonita. ¿Quién da el dinero para lo de tú hermano?
—Pues... Tú—, mencioné jugando con la comida.
—Mírame—, ordenó. Infle ligeramente mis mejillas para verle—, Me dan ganas de presionar tus mejillas cada que haces eso. En fin...
—En fin—, repetí burlona.
—Primero que nada. Ya tienes un cuerpo muy bonito, no necesitas bajar, te ves bien así—, mencionó deslizando el plato un poco hacía mí—, En segunda, las únicas órdenes que debes de acatar son las mías. No de nadie más, así que borras ese casset de lo que los demás, por favor.
—¿Y sí tu Madre se molesta?
—Problema de ella—, encogió los hombros—, Ahora, come.
Aplane los labios, para mirar el plato.
—Come Rebecca—, insistió. Le miré y tomé mi cubierto—, Por cierto, ¿Desde cuando te dijo eso?
—El día de la fiesta—, dije introduciendo la comida a mi boca. Para hacer un gesto de satisfacción—, ¿Por?
—Por eso vine a comer contigo. No sabía que te lo había dicho mi madre, pero en la oficina solo tomas café, y no como lo sueles usar.
—¿Sabes como tomó el café?—, me burle.
La comida me sabía a gloria. Seguí comiendo con la misma satisfacción, la madre de Zack me habría dicho que hiciera dieta, ayunos largos y una comida cada cierto tiempo.
—Ajá—, dijo introduciendo un bocado en su boca—, ¿Y cuando fue la última vez que comiste antes de esto?
—Ya. No tiene importancia—, dije sin dejar de comer para verle divertida—, Gracias.
–¿Por qué?
—Solo gracias—, me límite a decir.
Seguimos comiendo y he de admitir que la comida me sabía a gloria, Zack me miraba de reojo ligeramente. Apenas terminé él me dijo que teníamos que irnos. Así lo hicimos.
En trayecto era silencioso, no hablábamos mucho, puesto que cuando cualquiera de los dos lo hacía terminábamos peleando, aunque en realidad me parecía sorprendente que durante un tiempo para acá después de aquellas palabras hirientes que me decía constantemente se habrían vuelto silencios, me sorprendía que me dijera lo de esta tarde, poniéndole fin al mandato de la reina malvada—alías su madre—por lo cual quizá las cosas se llegarían a suavizar un poco.
—¿Tienes ya a tus damas?—, preguntó.
—Ah, sí. Dos.
Cuando me di cuenta, en realidad las cosas no eran tan extrañas, ambos nos conocíamos y solo era un favor mutuo. No pensaba demasiado en la boda puesto que esta la planeaba la Sra. Bennett, hasta que la idea de Zack de planear desde cero nosotros con una organizadora de bodas un poco más a como nosotros quisiéramos se le cruzo por la cabeza, en momentos me seguía pareciendo ridícula la idea de casarnos, esa idea paso por mi cabeza “Te casas con Zack”, arrugue la nariz, jamás imagine casarme a los 19.
Aunque, no era tan malo, no pasábamos demasiado tiempo juntos, quizá solo el necesario—fuera de que dormíamos en la misma cama—nada parecía haber cambiado. Era muchísimo el pensar que nosotros éramos así, dos personas que no se llevaban del todo bien, una pelea que no sabía el porque habría iniciado, y no sabría cuando llegaría a terminar.
Creía no ser rencorosa pero cada que miraba a Zack en lo que pensaban mis labios era en aquel día en el que decía que nadie podría amarme.
¿En realidad yo era tan mala? ¿Del tipo de persona que nadie podría amar?
Vimos ya alrededor de tres salones que a pesar de que eran lindos no nos terminaban por convencer a ambos en los mismos detalles, como si nos pusiéramos de acuerdo del mismo modo para rechazarlo. Aunque no era así.
Era curioso porque nos manteníamos cerca, su mano me tomaba ligeramente de vez en cuando y ambos veíamos detalles aunque no nos terminaban por convencer del todo.
El trayecto al tercer salón fue un poco más ligero, sin tanta problemática como los demás, miré en su dirección ligeramente.
—¿Vendrá mucha gente a la boda?—, pregunté.
—La suficiente. Quizá venga poca prensa por el hecho del apellido—, mencionó sin verme—, Por cierto. Lo has hecho bastante bien en las veces que la prensa te ha cazado.
—Quizá nací para ser actriz—, mencioné burlona—, Sería la mejor.
—Seguramente, sí.
Su tono era burlón. Sonreí ligeramente, cuando llegamos al salón me gustó como se miraban ciertas cosas aunque otras se miraban ciertamente apagadas. Solté un suspiro pequeño para caminar ligeramente por el jardín.
—Me gusta. Es elegante pero no anticuado—, mencionó Zack posándose a un lado de mí—, Él mejor que hemos visto.
—Es lindo—dije cuando los ojos de Zack me miraron. No le habría puesto demasiada atención, a ser honestos—, Sí, lindo.
—¿Solo lindo? —cuestiono, miré un poco más.
—Ajá—, mencioné abrazando mi cuerpo de un momento a otro me habría sentido ligeramente extraña. Procesando la realidad—, Quizá con un poco de peonias se vería mejor. ¿No te parece?
—Peonias—le señaló al hombre, el anoto eso en su libreta—Este será.
Alce ambas cejas más no le dije nada. Salimos del salón cuando las cosas terminaron de agendarse. Mire hacia Zack cuando salimos el frío chocaba en mi rostro.
—¿En que estas pensando?–, preguntó apenas salimos del salón.
—Nada. Solo miraba el cielo.
—Ya—, dijo para sujetar mi cintura ligeramente sin presionar, apenas haciendo notorio que me tocaba—, Tengo que ir a recoger algo, acompáñame.
—Ah, sí. Claro—, mencioné alargando mis palabras—, Lo que ordené el Sr. Bennet.
Sin mucho que pueda pensar me arrincono contra la pared y sus manos sujetaron mi cintura, para verme directamente a los ojos con las pupilas levemente dilatadas, yo le miré con confusión.
—¿Te había mencionado ya que te daría con fuerza si me seguías llamando así?—, dijo con la voz ronca. Mis mejillas se enrojecieron.
—No lo recuerdo—, Mentí sonriendo divertida—, ¿Entonces debería llamarte...?
—Sorprendeme.
—Seré tu futuro esposo—, dijo acercándose a mis labios.
Y... Si las historias de amor fueran fáciles las tendríamos en la vida real y no pasaríamos la mayor parte del tiempo leyendo libros de romance en lugar de vivir estas en carne propia.
Ante ello si es que la vida nos fuera a dar algo... Calmar la sed y las ganas que tenía dentro de mi sería un chiste, puesto que el destino se burlaba ante mis ojos de dicha acción y sentir, un flash cegó mis ojos y las cosas se hicieron pesadas recordándome el porque las cosas pasaban de este modo.
Gire mi rostro ligeramente notando cómo la prensa ya se encontraba aquí grabando y fotografiando cada uno de los pasos que dábamos.
Joder.
—¿Por qué están aquí? —susurré cubriendo ligeramente mi rostro con mi cabello—, ¿Sucedió algo? ¿Olvide algo?
Miró por el rabillo del ojo para enfocar la presa, acomodó mi cabello y encogió sus hombros con ligero desdén.
—La llegada de Esteban.
—¿Tu quieres hablar con ellos? —pregunté, el negó—, ¿Y que se hace en esos casos?
Se quedó callado y su mano se entrelazo con la mía, para caminar con un poco de prisa hasta el auto sin soltarme.
—¿Por qué Esteban volvió? —pregunté con curiosidad.
—Por la boda. Mamá lo llamó, diciendo que es lo que sería correcto—, mencionó a lo que fruncí las cejas—, Pero solo atrae problemas.
No pensé mucho en lo que dijo, cuando la primera pregunta de la prensa bombardeo mi cabeza... Lo demás es historia.
—Señorita Rebecca, ¿Cómo se siente ante que en un par de semanas se cumple un año de la muerte de Renata?
Los miré, aquella sonrisa que me hacía tener Zack ante los medios desapareció, miré a Zack, quien presionó mi mano como señal de apoyo.
—Ah…
—¿No es extraño que te cases con quien iba a ser el esposo de tu hermana?
Sentí como mi corazón latía con ferocidad, miré hacía las luces cegadoras y me respiración comenzó a estar tan agitado que creí que moriría.
—Quiero irme—dije bajamente, en un hilo de voz a Zack—, Quiero irme por favor.
—Las personas comienzan a pensar que tuviste que ver en la muerte de tu hermana.
—¿Por qué querría que mi hermana muriera? —pregunté.
Si bien, habría dicho que me alegraba que fingiera su muerte, pero seguramente si ella muriera mi mundo se vendría abajo, la amaba con cada latido de mi corazón. Era mi hermana, no necesitaba tener un motivo para quererla.
—Todos vieron yendo detrás de ella, queriendo ser igual, ahora tienes la vida que ella iba a tener.
No dije nada, sentía que todo el mundo se me habría venido abajo con lo que ellos habían dicho, no importaba en donde estuviera Renata.
—No responderás a más—me frenó Zack—, Las acusaciones que está haciendo a mi prometida son especulaciones, amo a Rebecca, Rebecca y yo éramos quienes salíamos, desde hace años atrás, pero nunca le ha gustado llamar la atención, por eso mismo en las entrevistas era Renata quien aparecía.
—Esa historia no tiene sentido.
—Tampoco las especulaciones que le hacen a mi chica, no responderemos más a entrevistas si lo que harán será atacarla.
Apenas lo dijo subimos al auto, sentía mi corazón latiendo con fuerza y mis ojos llorosos. él no preguntó nada, sólo tomo mi mano todo el camino hasta que se detuvo en un pequeño local.
—Ven. De niños decías que lo dulce le ganaba a lo amargo—, dijo bajando. Limpie con el dorso de mi mano mi rostro—, Anda.
Baje del auto y miré hacía mi alrededor, para caminar hacía con Zack con los pasos ligeramente pesados.
Nos adentramos al local pintado de color pastel, era cómo una especie de cafetería antigua, en donde vendían malteadas, nieves y demás... Parecidas a las de las películas antiguas.
—La prensa no debió decirte eso—, mencionó sentándose frente a mí—, No debió atacarte.
—Lo entiendo... Parece que quería que esto sucediera, pero te juro que no es así.
—Lo sé.
Apenas dijo eso miró hacia el mostrador, por un par de segundos pensé en muchas cosas, la tristeza si me habría alcanzado porque si el mundo me veía así, era porque era lo que daba a entender... Yo también pensaría que eso era lo que quería que sucediera.
Él pidió un café y yo también con un pequeño pastel de chocolate a petición de Zack diciendo que el azúcar me haría bastante bien. Zack miró hacía el pastel y tomó un poco, para encoger mis hombros.
—Pronto será tu cumpleaños. ¿Qué es lo que querrás hacer?
—Ir a casa y ver guerra de novias—, mencioné comiendo de aquel pastel—, Aunque en realidad aún falta algo...
—Un par de meses—, mencionó tomando de su café—, ¿Sabes que quedo pendiente lo que me dijiste?
—Recuerdame. No se de que me hablas—, mencioné encogiendo mis hombros—, ¿Qué sucedió?
—Me llamaste Señor Bennet.
—Ajá, ¿Y?
—Eso amerita a ti gimi...
—¡Ay! ¡Ya! Lo recuerdo—, interrumpí.
El sonrió, paso un par de minutos charlando conmigo y otro par de minutos intentando que la paz llegará a mí cuerpo después de un largo de segundos que se sintieron demasiado amargos. Aún podía recordar con claridad lo que habría mencionado la prensa... Y de cierto modo se sentía extraño.
Pero no sabía que era lo que se sentía aún más extraño, el hecho de que en cierta parte llegaba a sentir que todo esto era irreal. La prensa no Estaba tan equivocada. Deseaba que las cosas sucedieran así apenas supe que estaba viva.
Junto que también era extraño el hecho de que... Zack buscará que la paz llegará a mí.
¿Por qué lo haría?
—No tengo más chistes, no suelo contarlos—, confesó bebiendo de su café—, ¿Quieres otro pastel?
—Aun me queda de este—, dije con burla a lo que sonrió ligeramente—, ¿Por qué haces esto?
Él intento guardar un par de comentarios en su garganta y eso se hizo notorio cuando Bebió nuevamente de su café.
—Zack... ¿Por qué haces esto?
Hay una frase que suelen decir mucho, con las personas cercanas, yo puedo molestarte... Pero si te molesta alguien más, se las verá conmigo. Esa frase en ese momento me sonaba tonto, porque mis hermanos... No habían sido así conmigo. Pero... Siempre me pregunté, ¿Será real?
Lo era.
—Nadie puede lastimarte. Ni hacerte dudar de ti misma o bromear contigo sobre ese tipo de cosas—, tomo una bocanada de aire y encogió sus hombros—, Nadie puede hacerte ver que perdiste un juego, que eres una perfedora—, se quedó callado por un par de segundos—. Eso sólo puedo hacerlo yo.
Solté una risa burlesca, para comenzar a preguntarme si... ¿Las cosas podrían ser así siempre? ¿En realidad si existía un Zack que tuviera sentimientos? O quizá... Solo era algo que me habría planteado un par de veces en la.cabrza con estos momentos...
¿Cómo podría odiar a Zack? Si era mucho más fácil amarle.
—Eres un tarado
Y a pesar de que lo dije con. seriedad... Lo que él habría dicho con tanta seguridad... Me habría hecho dudar.