Capítulo 15.

2473 Words
Capítulo 15. Somos adictos a lo que nos destruye. Hay una línea delgada entre perder el orgullo y perder la dignidad. El orgullo lo pierdes cuando no quieres perder a ese alguien que quieres. La dignidad la pierdes cuando decides dejar de quererte tu mismo por querer a alguien que no te quiere. Alguien me acaricia el cabello y no hago intentos de abrir mis ojos. - Maddison- Me hago la dormida- siento mucho haberme comportado así. Soy un imbécil. No se porque actúe así, me dejé llevar por el momento- el suelta un suspiro y la cama se hunde a mi lado- se que estas despierta. Te escuché llorar hace menos de cinco minutos. Todo mi cuerpo entra en tensión y tiemblo ante sus caricias en mi pelo. - No merezco ninguna lágrima tuya. Lo que dije hace rato no es cierto. Eres lo mejor que ha llegado a mi vida. Se que no pude elegir mejor a la persona que me ayude en todo esto. Y ahí vamos otra vez. Siento como si para él, sólo sirviera para salvarle y ayudarle en todo. Me siento frente a él y ambos nos miramos. Su semblante duro y característico  ha desaparecido. Ahora está preocupado y triste. Y yo. Yo debo de tener un aspecto horrible. - Eres un completo estúpido- asiente. - Lo sé. Lo que te dije no tiene perdón.¿Tu, me perdonas?- nuevo la cabeza en señal de negación. Por más que me duela verlo así, no cedo. Creo que yo debería de hacerlo sufrir así como el me hizo sufrir a mí. - Para ganarte mi perdón tienes que darme algo más que palabras. - Se me olvidó lo mala y rencorosa que eres- sus palabras me hicieron sonreír. - Creo que esto te pertenece- saca el anillo del bolsillo de su pantalón de vestir y desliza el objeto brillante en su lugar. Le da un beso al diamante. - Haré que me perdones, ya verás. ___________ Por la mañana, me encuentro en la habitación, tirada en la gran cama sin hacer nada. Hoy es sábado y no tengo ganas de levantarme. Alguien golpea la puerta y doy el pase. -¿ Te encuentras bien?- Iván con aspecto preocupado se acerca a mi y se sienta en un sillón de piel, situado en frente de la cama. -¿ Porque lo dices?- frunzo el ceño y paciente, espero su respuesta. - Escuché sus gritos anoche- me cubro la cara con las dos manos y la vergüenza invade mi cuerpo en cuestión de segundos. El hecho de que alguien más se haya percatado de nuestra discusión me provoca un sentimiento extraño. No lo puedo explicar con detalles- Iba a entrar a tu habitación, pero Marcus se adelantó. Asiento, aún anonadada por lo que Iván me acaba de contar. No me había dado cuenta de que ambos, gritabamos a tal punto de que medio mundo se enterara de lo sucedido. - No tengo que preguntar lo que pasó. Creo saber con exactitud lo sucedido. - Te escucho- me acomodo mejor, de modo que quedo sentada en forma de indio. - Ambos iban platicando normal, hasta que supongo que uno de los dos, dijo algo que al otro le molesto y ambos comenzaron a discutir por lo que supongo cosas incoherentes. Abro la boca y la vuelvo a cerrar. El tiene razón. Ambos peleamos por cosas sin sentido alguno. Ninguno de los dos midió sus palabras antes de dejarlas salir. Aunque, esa no es excusa para que Marcus me hiriera de esa manera. - No se que hacer. El me pidió perdón y yo la verdad estoy en una difícil decisión. Entre perdonarlo y no perdonarlo. - Sabes que no puedes durar mucho tiempo sin darle una respuesta- suspira y concuerdo con Iván- perdonar no sólo implica decir "Te perdono". En ocasiones podemos creer que hemos perdonado, pero al tiempo estamos esperando el momento en que nos podamos vengar. Para poder perdonar tienes que estar conectada con tu mente, con tus sentimientos y tus acciones. Pienso, pienso y pienso. No se ni para que le doy tantas vueltas al asunto, no es como si él me hubiera engañado con otra mujer. Lo que pasó, fue una de las tantas discusiones que tendremos, de esto estoy muy segura. Salgo de mis cavilaciones cuando mi consejero se levanta y se encamina hacia la puerta. Me mira sobre su hombro y se, que lo que va a salir por su boca me va a dejar aún más en el hoyo. - En esta vida nada es gratis, ni siquiera el amor. Todo tiene un precio y tarde o temprano pagamos todo lo que hemos hecho mal y alguien cobra el daño que nos hicieron- gravo cada una de sus palabras en mi memoria y las dejo en un cajón junto con todas las otras palabras que tengo que tener siempre presentes. Antes de salir por esa puerta, el chico con tan poca edad pero a la vez con tanta experiencia, se da la vuelta y se encuentra con mi mirada. - Nunca olvides esto, Maddison. "Para ser feliz, hay que tener mala memoria"- cierra la puerta y ahí me quedo. Sola y con miles de pensamientos rondando en mi cabeza. _______ Termino de ponerme unos jeans negros, una blusa super bonita de encaje crema y unos Converse blancos. Son las cuatro y media de la tarde y hace media hora que Marcus vino y me dijo que me preparara y que me pusiera ropa cómoda e informal. Vamos a pasar el resto del día juntos. Que emoción. Tras arreglar mi cabello y ponerme un poco de pintalabios rosado claro, salgo de la habitación con mi celular en manos. Desde mi s*******o que no lo uso. Bajo las escaleras con cuidado y sonrío al sentir que ya no me duele la pierna y que puedo caminar y ponerme todo lo que yo quiera. Las muletas se pueden ir al carajo. No voy a usar esos objetos incómodos. Marcus está de espaldas en el salón mirando por el ventanal que da hacia la piscina y me muerdo el labio al verlo. Se ve tan joven con ese pantalón de mezclilla, unas vans negras y ese polo que se le adhiere al cuerpo como una segunda piel. - Te ves bien- ambos hablamos al mismo tiempo y nos reímos. - Deberíamos irnos, hay mucho que visitar y hacer- con una sonrisa, me toma de la mano, salimos fuera de la casa y frente a nosotros un lamborghini n***o se encuentra parqueado. Y junto a él, Lachlan, James e Iván. - La suburban ya está lista jefe. Iremos detrás de ustedes. Señora Marshall- le doy una mirada asesina a James. Todos saben que me gusta que me llamen por mi nombre. Él me sonríe a modo de disculpa. Mi prometido me abre la puerta del auto deportivo, entro y tras cerrar mi puerta, se acomoda en el asiento de piloto y enciende el auto. Es increíble lo potente que es. Me gusta. Salimos a toda velocidad por el residencial en donde está la vivienda de Marcus y nos paramos en un semáforo. - ¿Te gusta?- asiento y sonrío. -Quiero manejarlo- lo miro y él se ríe. ¿Acaso dije un chiste? - ¿Y tú sabes manejar?- ruedo los ojos. Si no supiera manejar no hubiera dicho aquello- vale, vale. Si sabes manejar. - Papá me enseñó cuando tenía 14 años. Y déjame decirte que sé manejar más que cualquier hombre. - Eso lo veremos- sonrió. Enciendo el radio y voy cambiando de estación hasta que una de mis canciones favoritas se escucha en la radio. For you es una de las canciones para una de las películas de mi saga favorita. Comienzo a cantarla en voz alta y desafino en varias partes. Marcus me dice que canto fatal, pero vamos; al menos no soy un amargado como el. Lo invito a cantar conmigo y me quedo muda al oír su voz. Madre mía, este tipo canta hermoso y no desafina en ninguna parte. Ya si me dio vergüenza. No dudaría que si él no fuera un empresario daría para cantante. Nos estacionamos en un espacio libre y los chicos detrás de nosotros. Estamos en el Hyde Park. Uno de los parques más grandes de Londres y el cual firma una cadena desde la entrada del Palacio de Kensington hasta el Palacio de buckingham. Salimos del carro y en cuanto salimos los chicos salen de la camioneta y nos siguen. Marcus entrelaza nuestras manos y comenzamos a caminar. Nunca he sentido tanta paz como ahora. Este parque está lleno de personas y niños y pesar de eso, todo está tan tranquilo. Seguimos caminando hasta llegar al lago Serpentine. Su agua cristalina y de un azul tan claro, nos dan la bienvenida. Dejo de caminar y el hombre a mi lado también. Me paro enfrente del lago y miro mi reflejo en el agua. Mi cabello castaño vuela por el viento que hace. Cierro los ojos y dejo que la suave brisa me abrace el cuerpo entero. Abro los ojos y Marcus está mirándome. Lo miro sin desviar la mirada. Me coloca un mechón de mi cabello detrás de mi oreja y me da un beso en la mejilla. Los chicos están a una distancia no muy alejados de nosotros comprando helados. Lachlan se acerca a nosotros con dos helados, uno en cada lado y nos los entrega. El mío de vainilla y el de Marcus de chocolate. Le agradecemos y con un asentimiento de cabeza, se dirige a donde estaba. Ambos seguimos caminando, degustando nuestros helados y llegamos a la multitud de zonas infantiles. Cientos de niños y niñas se encuentran jugando en los juegos infantiles y sonrío ante la escena. Una niña rubia, con los ojos de un azul profundo se acerca a nosotros y se nos queda mirando. Bajo mi estatura hacia ella y le sonrío. -Mami, te estuve buscando todo este tiempo- sin darme tiempo a reaccionar, la niña se tira a mis brazos y me abraza. ¿Me llamó mamá?. Ella se separa de mi y la observo arreglarse sus rizos dorados. - No soy tu mamá, preciosa- le acaricio una de sus mejillas y ella sonríe, mostrando sus dientes y las aberturas de los que le faltan por crecer. - Claro que si. Tu eres mi mami y el mi p**i- señala al hombre que tengo a mi lado y Marcus la mira horrorizado. - Creo que te has perdido- recorro la mirada por toda la zona y una mujer de tez blanca se encuentra desesperada buscando algo. Esa debe de ser su mamá. Cargo a la niña entre mis brazos y camino en dirección hacia su madre. - Disculpe señora. ¿Ella es su hija?- la mujer se voltea a verme y suspira aliviada. - Si. Muchísimas gracias, la estuve buscando por todos lados- le sonrio sincera y le entrego a la niña- muchísimas gracias. Me despido de ellas y con Marcus a mi lado, nos encaminamos hacia los chicos. - Es hora de irnos. Siganme Entramos al carro y él conduce en silencio por par de minutos. Hace media hora estaba sonriendo y ahora está todo serio y distante. Que bipolar. La actitud que adoptó cuando la niña lo llamó papá me sorprendió, es como si no le gustarán los niños. ¿Acaso no quiere ser padre o le aterra serlo? Llegamos a un lugar solitario, sin casas y sin personas. -¿ En donde estamos? - En una pista de carrera- abro la boca y la cierro de nuevo. No pensaba que me iba a dejar manejarlo en serio. El sigue manejando hasta que llegamos a una calle con muchas curvas. - Demuéstrame todo lo que sabes- los chicos se bajan y se sientan en el capo de la camioneta, mientras yo me bajo y me siento en el piloto y Marcus a mi lado. Ambos nos ponemos el cinturón de seguridad y enciendo el motor del carro. Acelero y más que comenzar a manejar, comienzo a correr. Marcus abre los ojos como platos al observar como cruzo las curvas con facilidad. Aunque no lo crean, un hermano de mi papá le encantaba correr en carros y él me enseñó desde niña. Pero eso no se lo diré a Marcus. Maniobro el volante y las gomas hacen un sonido agudo mientras giro el volante y doblo por las curvas. Acelero la velocidad y bajo la ventanilla de mi lado. Desde hace tiempo que no siento la adrenalina y el viento al mismo tiempo. Es una sensación tan placentera. Después de dar cinco vueltas, bajo la velocidad y parqueo el deportivo en su lugar. Observo a Marcus que me mira entre sorprendido y extasiado. Le guiño un ojo y salgo del auto. Los chicos están con la boca abierta y rio al verlos. - Uau- es lo único que menciona Marcus. - Debiste de verte manejando. Parecías una profesional- Iván se baja del capo de la camioneta y me muestra su celular en el que grabó las vueltas que di. - Un día, traeremos dos deportivos y haremos una carrera- asiento y observo como a Marcus le brillan los ojos. Sin importarle la presencia de los chicos, me acerca a el y me besa. Cruzo mis dos manos por su cuello y lo acerco más a mi. Me separo de él y abro los ojos. Ambos sonreímos y él me da un pico. - Hay un último lugar al que quiero llevarte- entramos al deportivo y salimos de la pista. El día se pasó de lo más rápido. 15 minutos después llegamos a un gran edificio en el cual se puede ver sociedad científica de Hampstead grabado en letras negras y doradas. El me abre la puerta del carro y salgo. Ambos entramos al edificio y subimos por un ascensor hasta la planta número cinco. Las puertas se abren y observo maravillada todo el lugar. Levanto la mirada hacia el techo, y miro las estrellas y la luna. Se siente como si estuvieras cerca de ellas y con sólo un movimiento de tu mano podrás tocarlas. Pero no es así. - Ven aquí- me acerco hacia Marcus, quien está en un gran ventanal y me señala algunos lugares- Allá está todo Londres. El techo es el que más me atrae. Levanto la mirada y sigo viendo las estrellas. Marcus se sitúa delante de mí y lo observo. - No te traje a todos estos lugares para que pudieras perdonarme; sino, para que disfrutarás y si te sentías preparada, pudieras perdonarme- me cruzo de brazos y lo miro a los ojos. Azul contra azul- lamento mucho lo que te dije, me arrepiento y quisiera volver el tiempo atrás para no haberte lastimado como lo hice. Me siento como un idiota. Sus palabras y las de Iván llegan a mi mente como un torbellino a mi cabeza. -¿Podrías perdonarme?- quiero hacerme la dura, pero no puedo. Con todo lo que hemos pasado hoy y lo bien que me sentí a su lado, no quisiera arruinar esto. " Para ser feliz, hay que tener mala memoria". Yo debería de aplicarla y acabar con todo esto de una buena vez. - Te perdono- sin dudarlo, me acerco a el y uno sus labios con los míos. Me encanta sentir todo esto cuando estoy con el. Lo quiero, lo quiero y lo quiero.
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