En menos de cinco minutos se estacionó en un hotel. -¿Es en serio? –Cuestioné, pero no respondió. Se bajó del auto, y lo seguí con la mirada hasta que abrió mi puerta para que saliera, con una mezcla de incredulidad y diversión.
Caminamos por el amplio vestíbulo del hotel, con dirección a la recepción. Mientras prestaba atención a los detalles del lugar, escuchaba a Sebastián hablando.
-¡Buenas noches! Tengo una reservación a nombre de Sebastián Hamilton – lo miré disimuladamente, apretando mis labios para no reírme, ya que podía notar que él tenía prisa. Debo admitir, también que estaba sumamente fascinada con la idea de que había planeado algo.
El registro no le tomó más de dos minutos, y es que al parecer, había dejado todo prácticamente listo. Me tomó de la mano con dirección al elevador, mientras yo seguía admirando los enormes candelabros, las paredes color roble claro, los pilares clásicos marcando los pasillos, los sofás y mesas de madera estilo neo-clásico puro; teniendo un diseño atávico, pero sumamente encantador.
No perdimos demasiado tiempo en el ascensor, nos dirigió al segundo piso e inmediatamente nos adentró a la habitación designada. Me quité los zapatos enseguida, y como una pequeña exploré todo a mí alrededor. El diseño y estilo de los muebles, no distaban de la entrada, tenía un amplio vestíbulo con una pequeña sala al centro; un escalón, aunado a una puerta corrediza, separaba el área dónde se encontraba la cama, y a un lado la puerta del baño.
Mientras seguía deambulando por la habitación, escuché la puerta e inmediatamente me asomé para sosegar mi curiosidad. Un carrito con una champanera, donde sobresalía la botella, además de algunos aperitivos, fue lo que empujaba el chico bien uniformado. Sonreí mientras me acercaba, y Sebastián despedía al joven. –No pensé que esto iba a ser romántico. –
Se acercó hasta mí, sujetándome por la cadera ladeó su rostro. –Bebé, si crees que esto es romántico, es lo que provocas en mí – el brillo en su mirada era el reflejo de sus palabras, el sentimiento estaba ahí. Me paré de puntitas, estirándome lo más que pude lo tomé de su nuca, para alcanzar sus labios y sellar el momento con un beso.
-Sabes, estoy un poco preocupada – sus ojos se fijaron en los míos, dándome toda su atención. –¿De verdad sólo sientes excitación por lo que pasó con Nick? –Me arriesgué a preguntar.
Me dio una sonrisa de satisfacción. –Me agrada que te preocupes por mí, y me tranquiliza saber que podremos hablar honestamente de esto. Es algo que consideré – fruncí el ceño sin entender. -Sabes que la búsqueda del placer, sin importar quién te lo dé, puede culminar con el orgasmo – tenía razón, con esa revelación me amplió el panorama, ya que por mi parte, no consideré que también él pudo haber alcanzado el clímax con Natalia. –Y eso no significa que no me ames, o que lo nuestro se vaya a acabar. Simplemente estamos experimentando y se puede terminar cuando lo decidamos – sonreí ante sus palabras.
-Tengo miedo de tantas cosas – revelé.
-Yo también, durante mucho tiempo tuve miedo. Lo nuestro iba en picada, la llama se estaba apagando paulatinamente, que llegué a considerar que no habría retorno. No tienes idea del tiempo que pasaba meditando, cuestionándome qué estaba haciendo mal. Quería recuperar nuestra relación – pasó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja – pero ya no podemos hacer nada por el pasado, aprendamos de él y modifiquemos el futuro. Te amo, eso no ha cambiado Alexa. Hagamos lo que tengamos que hacer para permanecer juntos y felices. –
-Lo haces sonar tan sencillo – me maravillaba la seguridad con la hablaba.
-Lo es. Sólo conversa conmigo. Quiero seguir caminando por la vida contigo – dio una sonrisa, tomó mi mano izquierda y comenzó a jugar con la argolla de matrimonio. –En lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, y si existe una vida después de ésta, también la quiero vivir junto a ti – las lágrimas salieron de mis ojos. Tomó entre sus manos mi rostro, y fue su turno de sellar el momento con un beso.
-También te amo Sebastián – sonreí en medio de las lágrimas.
-Ven acá, quiero hacerte el amor - me elevó por el aire, como recién casados atravesó la habitación hasta la cama, para bajarme con sumo cuidado a un lado de ella. Inició desabotonando el vestido. –¡Diablos Alexa! ¿No pudiste elegir uno de cierre? –Me burlé de él, y a pesar de la cantidad de botones que tuvo que remover, porque también lo hizo con la blusa; desabotonó cada uno de ellos con calma.
Al mismo tiempo, yo desabotonaba su camisa, claro que fui más rápida, y la saqué de su cuerpo antes de que él pudiera siquiera terminar. Zafé el cinturón y acto seguido el pantalón, para que cayera libremente al suelo. Así que terminó estando prácticamente desnudo antes que yo. Descaradamente lo recorrí con la mirada, deteniéndome en la prominencia entre sus piernas, que el brief delineaba casi a la perfección lo que estaba debajo de él.
Cuando ambos quedamos en ropa interior, sus brazos me rodearon por la espalda y sus labios se unieron a los míos con gentileza. Abriéndose paso con la lengua, irrumpió mi boca; y sus manos me liberaban del brasier, mientras las mías terminaron por entrelazarse entre su cabello. Despacio se fue inclinado hacia el frente, forzándome a ir con él, hasta que mi espalda tocó la cama. Su boca abandonó la mía, trazando un camino inconstante por mi cuerpo, pero con la certidumbre del destino. Se detuvo sobre mis senos, brindándoles por un instante atención a ambos, para seguir con la travesía. Espectacularmente, sus manos recorrieron el camino que había dejado, alcanzado con rapidez mi cintura, y de manera sincronizada bajaron la última pieza de tela que me cubría.
En el momento que sentí mi total desnudez, me levanté, para besar su cuello, su torso, su estómago; e imitándolo, lo despojé de lo que representaba un estorbo. Tan pronto lo liberé, el falo saltó, sin dejar lugar a dudas de su rigidez, asegurándome el deleite que estaba por darme. Sebastián sonrió con lascivia, y yo mordí mi labio inferior con fuerza. –¡Oye! Ese es mi trabajo – eliminó el espacio prontamente, siendo él quien mordía mi labio, para luego convertirlo en un beso.
Me empujó hacia la cama de nuevo, sus manos acomodaron mis piernas, para que lograra su objetivo: adentrarse en mí. Mi jadeo fue ahogado por sus labios, quienes no me abandonaron. La lentitud con la que se mantuvo, me hizo sentir la delicia de su longitud. Todo el acto, sólo me confirmaba que estaba haciéndome el amor.
Lo prolongó tanto, que cerré mis ojos por instinto, dejándome llevar por el momento. Eventualmente los cuerpos exigían más, aquel acto de amor, poco a poco se transformó en uno carnal. Levanté la cadera, y él me sujetó con fuerza de esa área, para permitirme sentirlo a profundidad, a tal punto que me llevó al clímax.
-¿Más? –Preguntó con sorna, haciéndome sonreír con ironía. Pero ¿a quién quería engañar? Por supuesto que deseaba más, así que asentí. –Dime Bebé, ¿qué posición quieres? –No puedo asegurar si siguió burlándose, pero mi respuesta lo impresionó.
-Boca abajo Sebs, dámelo por el culo – abrió los ojos con amplitud, y presto salió para girarme.
-¡Oh Bebé! Tus deseos son órdenes – colocó una almohada debajo de mí, comenzando a prepararme para su asalto. Al principio rozaba, podía sentir su glande humedecido por mí, abriéndose paso con paciencia y determinación, haciéndome sentir placer en extremo. Un prolongado jadeo escuché de su boca, cuando entró por completo; para ser sustituido por continuos gemidos y el usual movimiento de penetración.
Mi mano bajó para masturbarme. -Sí Bebé, tócate - abrió sus piernas, llevando las mías con las de él, quedando de rodillas sobre la cama, que me hizo sentirlo más profundo.
Me agarró de la cintura, empujándose con ritmo. -¡Así Sebs! ... Voy a... - la potencia con la que me invadió el orgasmo, me abstrajo en aquella agitación, arrastrando a Sebastián con mi enajenación.
Salió con sumo cuidado de mí, desplomándose a un costado. -¿Estás bien? -Detecté la preocupación en su voz.
-Sí - dije con la respiración agitada.
No tardó en jalarme, acomodándome entre sus brazos. -Te. Amo. Alexa - sus palabras fueron lentas, casi como un susurró; sonreí en medio del cansancio y el sueño se apropió de mí.