Desperté en una cama desconocida, en una recámara que no era de mi casa, con el calor de un cuerpo casi sobre mí. No me sorprendió sentir la dureza matutina, aún después de la actividad nocturna; sin embargo, el cansancio me hizo declinar ante la idea de un mañanero.
Me levanté directo al baño para asearme, y en medio de mi ducha, Sebastián entró. -¿Por qué escapas de mí? –Llamó mi atención mientras se metía a la regadera conmigo.
-No estoy escapando – me abracé por su cuello para besarlo, porque impresionantemente lo deseaba, a él, por completo.
Nos bañamos juntos, aparte del beso no hubo ningún otro contacto. Tan pronto salimos ordenamos el desayuno a la habitación, para pasar media mañana aún en el hotel, el cual, abandonamos inmediatamente después con dirección a nuestra casa, y de esa manera, pasar el resto del sábado en ella.
-Sólo quiero que quede claro la situación en la que quedamos –Sebastián, tenía una expresión de n¡ño culpable durante la cena.
Fruncí el ceño. –No estoy entendiendo. –
-Seguiremos cumpliendo fantasías, ¿verdad? -Yo intentaba reprimir una sonrisa, porque él estaba expectante, emocionado; reitero, como un n¡ño.
-¿Qué tienes en mente? –Le di un trago a mi taza de té, riéndome de su actitud.
-Un trío – su mirada llena de deseo y perversión, fue notoria.
-¡Hagámoslo! –Acepté, a pesar de la fila de preguntas que en mi cerebro desfilaban. Mi respuesta hizo a Sebastián sonreír con placer.
-Prepararé todo – se puso de pie a un lado de mi silla, jalándome para abrazarme por mi espalda; dio pasos, obligándome a caminar hacia las escaleras; – pero en este momento, necesito que me ayudes con esto – se pegó a mi trasero, haciéndome sentir su erección y sólo comencé a carcajearme, siguiéndolo para satisfacer su necesidad… Está bien, yo también lo quería.
Sólo le tomó un par de días el pedirme que me alistara para salir un jueves por lo noche. Pasó a recogerme a la casa, sin querer revelarme nada de lo que había planeado; no fue hasta que entramos a la zona residencial, que me di una idea. Me giré a verlo con un poco de sorpresa, pero él puso una mano sobre mi muslo, y viéndome fugazmente, ambos nos quedamos en silencio.
Llegamos a la casa y tan pronto tocamos la puerta, un Nick sonriente y entusiasmado, nos recibió. –¡Bienvenidos! –No podía ocultar su emoción, mientras nos guiaba hasta la sala. –¿Gustan algo de beber? –Nos ofreció con amabilidad.
-No, ¡gracias! –Respondí rápidamente. Toda la situación me estaba poniendo incomoda, sin explicación alguna.
-¿Tienes Brandy? –Preguntó Sebastián sumamente relajado.
-Sí. Pónganse cómodos por favor - habló Nick, mientras caminaba hacia la cocina. -Ahora vuelvo – fue lo último que dijo antes de desaparecer.
Mi mirada incrédula se fijó sobre Sebastián, quien al verme sonrió con diversión y me abrazó. –Querida, vas a superar en este momento tu complejo – lo empujé ligeramente, para verlo a sus ojos miel, que no habían perdido su brillo. –No tienes idea lo hermosa que luces ahora, destilando inocencia – abrí mis ojos ante la sorpresa de sus palabras, mientras él se acercó a mi oído. –No eres más que una liebrecilla asustada, en medio de dos lobos listos para devorarte – la adrenalina se disparó, mi corazón se aceleró como hacía mucho no lo hacía, el miedo a lo desconocido me invadió, y cuando él dirigió su mirada de nuevo a mí, descubrí el fuego del deseo en sus ojos.
-Lo siento si me tarde, es que estaba escondida en… -Nick venía hablando y cuando entró a la sala, se detuvo, cambiando por competo su expresión. –¿Están empezando sin mí? –Dijo con indignación y lujuria.
Sebastián se alejó dos pasos de mí, y soltó mi mano sonriéndome, para levantar la vista en dirección a Nick, a quien de inmediato le presté atención; sin esperar más, caminó hacia mí, dejando la botella del licor sobre la mesa en el trayecto. En ese momento, pasaron por mi cabeza las palabras: “lo prepararé todo,” en definitiva, lo había hecho.
Nick se plantó frente a mí, con agilidad pasó un brazo por mi espalda, el cual sirvió para sentir el viaje hacia el sillón con suma calma, precisión y gentileza. No les detallaré el vestido que llevaba, en este punto no es relevante; lo importante, es que no se tomó la molestia siquiera de quitármelo, sólo levantó la falda sobre mi cuerpo, y luego mis piernas sobre su hombro, para quitarme las bragas. Apenas estaba buscando una posición, cuando me jaló, posicionando mi cadera sobre el descansabrazos; alzó mis piernas de nuevo, abriéndolas para él, y viajó al espacio que él mismo buscó exponer. Su boca se apoderó de mí clítoris, moviendo su lengua con pericia me hizo jadear de placer, que cuando hundió los dedos dentro de mí, fue la estimulación perfecta para elevarme hasta el éxtasis.
Abrí los ojos con mi cordura regresando, busqué a Sebastián en la habitación, sorprendiéndome al encontrarlo. Estaba a medio desnudar, masturbándose sin perder de vista mi figura.
Dejé de sentir a Nick. –Tú turno – le dijo a Sebastián, que no perdió tiempo y se desplazó velozmente al sillón, mientras Nick me ayudaba a ponerme de pie.
-Ven acá Bebé – me guió con sus manos en mi cintura, a sentarme sobre él a horcajadas. Me ayudó a empalarme despacio, sintiendo cómo mi cuerpo aceptaba su rigidez con devoción; y a pesar de que nos mantuvimos poco tiempo en esa postura, fue lo suficiente para hacerme anhelar el final. Tomé el control de la posición, dándome placer, exigiendo obtener el deleite del orgasmo; y mientras estaba en el cometido, Sebastián me desnudo por completo. Recorriendo con sus manos mi cuerpo, terminó por agarrar mis caderas, y empujándose con fuerza, logré mi propósito.
Presté atención a mí alrededor, y Nick estaba desnudo sentado a un lado de Sebastián, con condón puesto y ávido de acción. Me pasaron como una muñeca de trapo, pasé de un falo a otro, Nick me sostuvo de las nalgas, manteniendo el ritmo y la profundidad, haciéndome alcanzar el clímax.
Sebastián me cargó, tan pronto Nick se puso de pie, me acostó sobre el sillón y abrió mis piernas, siendo su turno de penetrarme una vez más. –Otro Bebé – dijo sobre mi oído. Lo abracé con mis extremidades, dejándome llevar por su notoria lascivia, conseguí lo que me ofreció.
Me dejó recostada sobre el sofá, permitiendo a mi respiración regularizarse y observar a mí alrededor. Sebastián, llegó ofreciéndome agua y mientras yo tomaba un poco, vi que Nick le entregó un bote de algo, provocando a Sebastián sonreír con maldad.
-Sebastián… - lo llamé con temor en mi voz. ¿Qué era lo que estaban planeando?
Se acercó a mí, con absoluta seriedad. –En el momento que me digas que me detenga, lo haré, ¿de acuerdo? –Y con horror, asentí.
¿En qué demonios me estaba metiendo?
Lo vi abrir el pequeño recipiente de plástico, y verter una considerable porción de un líquido transparentoso. Lubricante. Eso era, lubricante. Lo untó por toda su longitud, y flexionando mis piernas hasta mi pecho, comenzó a hurgar en mi ano. Su mano me masturbaba, ocasionando que aquel agujero cediera.
Le pidió ayuda a Nick, quien me sostuvo para girarme 180° sobre el falo de Sebastián. El movimiento extravagante lo dejó a mi espalda. –Están locos - susurré.
Se puso de pie conmigo, sin muestra alguna de pretender salir de mí, me levantó una pierna y me abrazó desde esa posición. –¡Oh Bebé, disfrútalo! –Entonces vi a Nick caminando hacia mí, abrí los ojos sorprendida, y me penetró por la v****a.
Mantuvieron un ritmo coordinado, el constante siseo de Sebastián en mi oído y los jadeos de Nick, que no dejaba de pasear su vista lujuriosa sobre nosotros, me hizo de a poco extraviarme en las sensaciones. El estímulo que ambos me dieron, no sólo al penetrarme, sino que también me tocaban, me hizo recibir las contracciones más intensas que ningún otro orgasmo me había dado, haciendo que gritara en medio del frenesí.
-¡Sí Bebé, sí! –Escuché a Sebastián, que finalizó con un gruñido de deleite. Luego Nick, que gimió apretando sus ojos con fuerza, manteniéndose totalmente inmóvil por un período de tiempo.
-¿Estás bien? –Preguntó Sebastián, mientras Nick se alejaba, para desplomarse sobre el sofá y retirarse el condón.
-Sí – lo estaba, impresionantemente lo estaba. Fue el turno de Sebastián de salir, lo hizo algo lento y con delicadeza, para terminar por tirarnos a un lado de Nick.
-Voy a llamar a Natalia, es su turno con ustedes – giré mi cabeza para ver a Nick, con mis ojos realmente abiertos.
-Estás bromeando - le dije, para que soltara una carcajada. Me volví a acomodar en el sillón, negando en desaprobación.
-No, dejaremos a Natalia para otra ocasión – me giré a prestarle atención a Sebastián, que dijo aquello con seriedad, dándome a entender que no estaba bromeando, y que esa era una opción que seguramente sucedería. –¿Nos vamos querida? –Asentí, para levantarme a vestir.
Nick nos acompañó a la puerta, nos despedimos y emprendimos el viaje a casa de nuevo, en medio de un silencio, en el que Sebastián condujo con su mano tomando la mía. No sabía que significaba aquello, pero me hizo sentir muy bien su cercanía.