El bebé es colonizado por las bacterias de la madre. Estar con la madre favorece la colonización del bebé de la flora bacteriana de la madre, lo que impide que otros gérmenes patógenos lo hagan, evitando así infecciones nosocomiales. o La reducción del estrés. «Un recién nacido separado tiene a las seis horas de nacer el doble de cantidad de hormonas de estrés que un recién nacido que ha permanecido en contacto piel con piel con su madre».
Fomenta el inicio de la lactancia y la buena marcha de ésta, ya que el bebé dejado al pecho suele reptar e iniciar la lactancia por sí solo. Pero sobre todo empieza a tomar calostro, de vital importancia para el recién nacido. o Fomenta la vinculación entre la madre y el hijo,` no sólo en los primeros momentos, sino hasta edades muy prolongadas. «No hay un tiempo de separación seguro. La separación siempre daña. Lo correcto es no separar en absoluto» (Asociación El Parto es Nuestro). No olvidemos que el parto conlleva el nacimiento de un nuevo ser que tiene derecho a ser recibido con respeto a sus necesidades básicas, con seguridad pero con amor. Las separaciones injustificadas del recién nacido/a de su madre no son inocuas, ya que el mejor sitio en el que pueden estar los bebés es en brazos de su madre y recibir así su calor, amor, protección y, por supuesto, el mejor alimento: su leche. Algunos se preguntarán cómo se va a llevar a cabo la exploración del recién nacido si no es separado de su madre. En la «Estrategia de atención al parto normal» del Ministerio de Sanidad y Consumo` se explica que lo más importante, una vez el niño ya está en este mundo, es la identificación y el test de Apgar. Las dos cosas pueden ser realizadas permaneciendo encima de su madre. Y cuando finalice este contacto precoz (unos setenta minutos), entonces ya se puede realizar el pesado del niño, la profilaxis ocular, vitamina K... en presencia de los padres y tras su consentimiento. Es decir, que después de un periodo prudencial, son los padres los que deciden cuándo se le practican esas pruebas al bebé. Hace unos años el equipo del Karolinska Institutet de Estocolmo realizó el siguiente estudio en el Hospital 12 de Octubre: «Separation Distress Call in the Human Neonate in the Absence of Maternal Body Contact». Querían estudiar los efectos de la separación sobre los bebés y tuvieron que venir hasta aquí porque las leyes suecas impiden la separación de madrebebé tras el nacimiento. Actualmente, tal y como dice el Dr. Gómez Papí:2' El contacto piel con piel forma parte de los diez pasos de la «Iniciativa Hospital Amigo de los Niños», está incluido en la Declaración de Barcelona sobre los Derechos de la Madre y el Recién Nacido (World Association of Perinatal Medicine, 2001), en las recomendaciones del Comité de Estándares de la Sociedad Española de Neonatología (Comité de Estándares SEN, 2001), en las del Comité de Lactancia Materna de la AEP (Hernández et al., 2005) y en las de la Sección de Lactancia Materna de la Academia Americana de Pediatría (AAP, 2005).
¿YCUANDO HAYVERDADEROS PROBLEMAS? Todo lo dicho hasta ahora sólo se produce en el caso de un parto fisiológico, pero esto no quiere decir que en el resto de partos no podamos minimizar los estímulos inapropiados y favorecer los adecuados. Puede que nuestro hijo deba nacer por pero eso no implica que sea separado de la madre. Puede que nuestro hijo necesite instrumentalización para nacer, pero eso no significa que no deba ser respetado el proceso de parto en la madre o que se separe al bebé de ella de forma rutinaria. El bebé nacido de un parto normal por vía vaginal necesita a su madre, pero el que nace después de un parto difícil aún la precisa más, ya que a mayor intervención, mayor vulnerabilidad del feto, y por lo tanto mayor necesidad de sentirse vinculado con su madre y tranquilizado por ella. En algunas de nuestras maternidades, en casos de partos normales se respetan las decisiones de las madres y no son separadas de sus bebés. En cambio, cuando hay un pequeño problema23 se separan (precisamente cuando ese bebé necesita más que otros el contacto piel a piel con su madre). En casos de grave enfermedad de la madre, el bebé puede quedar a cargo del padre, piel con piel. ¿Por qué no?
LAS RELACIONES ENTRE LOS PADRES
Hace unos años me contaron un chiste que suelo relatar a los padres para que vean cuán importante es nuestro ejemplo para educar a los niños:
-Juanito, cuántas veces te he dicho que no pegues a tu hermana pequeña!
-No le estoy pegando, sólo jugamos a papás y mamás... Creemos que las relaciones que mantenemos los padres entre nosotros no tienen implicación en la educación de nuestros hijos. Total, «Los niños no se enteran», «Nada tiene que ver con ellos», «Son cosas de mayores»... ¡Cuántas veces hemos oído alguna de estas frases! Nada más falso. Los niños se enteran y se dan cuenta de que hay un doble rasero: el que les hacemos seguir a ellos y el que siguen sus padres. Es importante que los niños observen en sus padres las conductas que queremos potenciar en ellos, así como que las relaciones entre los padres sean fluidas y armoniosas. Así pues, antes de empezar a explicar cómo deben ser las relaciones de los padres con el niño (parte que sigue), mejor que comencemos por las relaciones que hay establecidas entre la pareja. Miremos cómo nos comportamos nosotros, entre nosotros, qué problemas tenemos en la pareja, y seguramente la educación de nuestros hijos mejorará. Los principales aspectos a tratar son: o El modelo de los padres.
Organización y gestión del tiempo en familia.
El papel del padre. El sexo durante la crianza.
El modelo de los padres Los niños son impredecibles.
Nunca se sabe en qué contradicción nos van a pillarla próxima vez.
¡Cuántas batallas para que los niños tomen una verdura que sus padres prueban a regañadientes! Muchos padres no probarían las mismas papillas que obligan a tragar a sus hijos y en donde yo vivo, era muy típico dar a los niños sesitos y criadillas que muchos padres eran incapaces de comer. No crean que el problema se soluciona con que a los padres les guste una comida, pero si es así resulta más fácil que los niños intenten probarla o que tengan más probabilidades de verla en la mesa.
Hace unos seis años estaba convenciendo a mis hijos de la importancia de ducharse cada noche antes de cenar, cuando el mayor me dijo: «Sí, pero tú no lo haces». Y era cierto; yo no me ducho antes de cenar. De hecho, solía hacerlo en momentos en que ellos no me veían (por la mañana, normalmente, aunque también por la noche, pero más tarde). Era, pues, imprescindible explicarles este hecho: que mamá y papá sí lo hacían, pero en otros momentos; que los niños se duchaban por la tarde porque iban al cole y, además, necesitaban ser supervisados por los padres. Sin esta explicación lo que hubiera quedado es que les queríamos vender una falsa idea. En definitiva, que les intentábamos convencer de algo que nosotros no cumplíamos
Los mismos padres que se quejan de que el niño no presta sus juguetes en el parque, no comparten los suyos con su hijo: «Eso no se toca, que es de mamá». «Deja la pluma, que es de tu padre», «No cojas las llaves del coche»... Lo que le enseñamos al niño es: «Lo nuestro, aunque en este momento no lo estemos utilizando, no lo toca nadie», y él así lo hace. Entiendo que para usted sea más valiosa su pluma que la muñeca de su hija, pero igual ella no tiene aún la misma escala de valores. El hogar es un lugar agradable en el que vive y convive la familia; todo es de todos y lo que de momento no pertenece a todos -un cuchillo, la vajilla de los domingos, el diario secreto de mamá, etcétera- es mejor que desaparezca de la mirada infantil. Los niños son grandes exploradores, no nos cansaremos de decirlo, y si ven un cuchillo querrán uno para investigar. A edades en que no deberían tener uno a su alcance, es deber de los padres velar por que no los vean. Con la edad aprenderán a respetar lo que es nuestro si nosotros respetamos lo que es suyo. No se puede pedir a unos hermanos que no discutan, si los padres solucionan sus problemas de esa forma.
Organización y gestión del tiempo en familia
Un hijo propone un caos que hay que organizar.
DR. J. DÍAZ WALKER
Muchas de las disputas familiares son por el trabajo doméstico. Es importante que las tareas de casa estén bien repartidas porque llegará un día en que tendremos que pedirle a nuestro hijo que colabore en ellas. ¿Cómo pedírselo si observa que su padre no lo hace? ¿Cómo decírselo a un niño si al padre hay que solicitárselo varias veces? Los niños requieren grandes dosis de tiempo en sus cuidados. Mi padre siempre decía: «Puedes tener un hijo más de los que piensas que puedes mantener, pero un hijo menos de los que piensas que tienes tiempo de cuidar». Mi padre ya sabía por experiencia que los niños requieren más tiempo que dinero.
Por eso es importante que los padres gestionen adecuadamente el tiempo en familia para que las tareas del hogar no resten tiempo de permanencia con los niños y para que dichas labores no sean un conflicto diario.
Repartir equitativamente los trabajos de casa entre la pareja, eliminar tareas superfluas (quizás es mejor tener un ratito de descanso que una sábana bien planchada), rentabilizar el tiempo empleado (se puede cocinar más cantidad y guardar en el congelador para otros días de la semana en los que se va con más prisas) y saber dedicarse momentos a uno mismo sin detrimento del tiempo dedicado a la familia son los pilares de una convivencia que nuestros hijos van a aprender para el futuro y sabrán apreciar en el presente.
Unos padres que tengan menos contratiempos y estén menos estresados serán unos padres más tolerantes con el caos que su hijo les propone cada día.
El papel del padre
Lo que no es bueno para el enjambre, no es bueno para la abeja.
MARCO AURELIO
Este parte va dedicado sólo a usted, que es padre.
A día de hoy los padres no pueden parir a los niños ni darles el pecho, pero son capaces de realizar todo lo demás. Y eso es lo que se espera de usted. Pasar por un parto y dedicar horas a alimentar a su hijo con la mejor leche del mundo son cosas que sólo su pareja puede hacer y que le impedirá durante un largo espacio de tiempo realizar aquellas tareas habituales que antes de tener al bebé podía hacer. Por lo tanto, si antes se repartían el trabajo de casa, ahora tendrá que asumir más labores, aparte de cuidar del bebé. Si usted es de los que lo tienen claro y lo hace (me consta que hay muchos padres así), puede pasar al siguiente apartado. El problema está en los padres que no quieren hacer más, en los que quieren hacer más y en los que no saben qué se espera de ellos: o Padres que no quieren hacer más.
Quizás usted es de los que piensa que un bebé no le va a cambiar la vida. Que no quiere perder sus horas de gimnasio o de tiempo libre. Y eso es triste, porque un niño requiere mucha dedicación y tiempo. Así pues, si usted es de los que no colaboraba antes, ahora tiene un buen motivo para empezar: su hijo le necesita y, además, su ejemplo es muy importante de cara al futuro. Los hay que se excusan en afirmaciones del tipo:
■ «Bueno, ella tiene baja maternal». Es cierto. El Estado permite que su pareja no vaya a trabajar durante dieciséis semanas.3 Pero ¿cuántas horas trabajaba su mujer fuera de casa? ¿Cuántas trabaja usted fuera de casa? En la mayoría de los casos ambos, ocho horas. Ahora usted continúa durante ocho horas en su trabajo y su mujer durante ocho horas se ocupa del bebé (es para lo que le pagan), así que cuando usted llegue a casa no debe esperar que haya hecho nada más (como cuando trabajaba fuera del hogar). Los dos deben ponerse a trabajar cuidando al niño y haciendo las tareas de casa por igual. Ysi ella debe levantarse por la noche para alimentar al bebé, usted también puede despertarse para poner lavadoras o colgar ropa. ¿Por qué no?
■ «Bueno, yo tengo que ir a trabajar y ella no». Ya hemos dicho que los dos están trabajando, puesto que el cuidar a un bebé es una tarea muy difícil y laboriosa, y ella la hace. Segundo, su mujer tiene la vida de una persona a su cargo y usted a lo mejor no; quizás usted es informático, contable, barrendero, ministro... Y en el caso de que también de usted dependiera la vida de alguien (quizás es cirujano cardiovascular o neurocirujano), ya están empatados y los dos pueden levantarse por la noche porque por el día tienen personas a su cargo. Tan peligroso es que su mujer se duerma con el niño en brazos, como que usted lo haga en el consultorio. Bueno, a usted quizás pueda sustituirle un momento algún ayudante si se encuentra indispuesto; a ella no.
Siempre puede buscar excusas. Hay muchas más, créame, las llevo oyendo en la consulta muchos años. Pero un hijo es algo que sólo se tiene en contadas ocasiones. No pase por la vida de su hijo sin que su hijo pase por la suya. Padres que quieren hacer más.
Padres que no saben qué se espera de ellos.
Hay padres muy prudentes. Puede que usted sea uno de ellos.
Se reconocerá porque o bien le da miedo hacer mal las cosas con respecto al bebé, y por lo tanto delega en su pareja todo lo que concierne al niño, o bien no sabe exactamente qué es lo que tiene que hacer y, hasta que no se lo pidan, no hace nada. Puede que eso desespere mucho a su pareja. Ella pensará que no quiere colaborar cuando usted sabe que no es eso, sino que simplemente desconoce qué debe hacer y cuándo. Si es así, tome la iniciativa y explíquele a su pareja lo que le pasa. Ella estará más tranquila porque ya sabrá que usted quiere colaborar, en lugar de pensar que usted intentaba escabullir el bulto, y le dará sugerencias sobre qué puede hacer en cada momento. De este modo ya sabrá cómo colaborar y no se sentirá tan mal.
Tan sólo dos advertencias para que el diálogo funcione: intente exponer este problema lo antes posible a su pareja (no vale hacerlo cuando el niño ya va a la escuela) y procuren hablarlo con calma, sin recriminar cosas del pasado.
El sexo durante la crianza
La pareja no se apoya en la permanencia de la sexualidad, sino sobre la permanencia de la ternura. K. AXELOSS
Salvo excepciones, a las madres después del parto parece que nos baja mucho el deseo s****l.
Esto está provocado por el mismo parto en sí (cansancio, episiotomía6 en muchos casos, el sangrado posparto [loquios] ...), junto con la caída brusca de estrógenos y progesterona hasta niveles anteriores al parto, y la subida de la prolactina para favorecer la lactancia materna, que hacen que la madre esté más decaída anímicamente. Ante todo ello la madre se siente cansada, dolorida, preocupada... Ninguno de estos factores propicia las relaciones sexuales. Durante el primer mes y medio no hay problema, ya que en nuestro país se recomienda a las madres esperar a tener relaciones durante ese tiempo. Se trata de la famosa cuarentena, como siempre se había llamado. Y la pareja está dispuesta a esperar este tiempo que se ha institucionalizado como normal.
Así llega el día en que van a revisión ginecológica? y el doctor les dice que todo está bien, que si quieren ya pueden tener relaciones sexuales. El padre se pone contento, pues lleva un mes esperando a mantener relaciones completas con su esposa. Pero ella, a pesar de que le han levantado la veda, sigue estando cansada, dolorida y preocupada y, aunque su cuerpo esté bien, su ánimo no lo está. Sin embargo, la madre necesita, en cambio, más mimos, abrazos y contacto que nunca, pues es uno de los efectos de tener la prolactina alta (entre otros).
Y llega un día en que el bebé está más tranquilo y la pareja se dispone a pasar un ratito juntos. Él la abraza y ella, que necesita tanto de esos abrazos, se deja abrazar y abraza también. Pero ese momento es interpretado por ambos de diferente forma: para él es un semáforo en verde para tener una relación s****l («El médico ha dicho que ya podemos y ella está cariñosa. Voy a continuar») y, en cambio, ella, que tan sólo deseaba ser acariciada y relajarse, intuye los deseos de su pareja y se da cuenta de que aún no está preparada. La respuesta es no. El semáforo se pondrá en rojo y, aunque el padre no dirá nada (o incluso: «Tranquila, no importa»), la decepción se notará en su mirada. Las mujeres, que estamos más sensibles en ese periodo (las hormonas contribuyen a ello), lo notaremos.
Y se repite la misma escena que en el párrafo anterior: él ve un semáforo en verde donde ella, que no está preparada, pone un semáforo en rojo. La decepción en la cara del padre ya es algo más evidente. La madre empezará a sentirse culpable. A partir de ahí, la madre suele volverse más fría y distante: «Si yo no provoco a mi pareja no tendré que decirle que no». Incluso cuando su pareja la abrace, intentará escabullirse («Ahora no», «Déjame, que tengo que hacer no sé qué», «Espera, más tarde»). Ella le evitará y él empezará a dejarla por imposible. Si se distancian los encuentros seguramente no se den relaciones sexuales con frecuencia.
A partir de aquí, el padre suele culpabilizar a los otros miembros de la familia de esta situación. En lugar de pensar que a lo mejor él ha ido demasiado deprisa para las circunstancias que se están dando, pronuncia frases como: «Es que el bebé te tiene muy absorbida», «Te has vuelto muy fría»... y eso le duele a una madre, lo que agravará el proceso. Cuando te sientes criticada, tu mente no está para confraternizar con la persona que lo hace.
¿Qué hacer?
1. Ante todo estar enterado de lo que ha pasado, de cómo nuestras hormonas juegan un papel muy importante en el deseo s****l. Éste se transforma en un deseo más sensual, que es el que propicia que amemos a nuestros hijos a pesar de ser unos recién llegados a los que no conocíamos. Hay una parte del vínculo materno-infantil que se establece en la química cerebral posparto.
2. El tiempo de recuperación de cada mujer es diferente: no lo puede dictar el médico, sino ella. En cuanto al deseo s****l, todo el mundo ya sabe que cada uno es cada cual.
3. Abrazarse mucho. Y no sentirse defraudado si no pasamos de ahí. Si favorecemos los contactos físicos tenemos más probabilidades de que alguna vez acaben en sexo más explícito que si nos volvemos fríos y distantes. Déjese abrazar y abrace, sin más, que no es poco.
4. Hay que acostumbrarse a un sexo más sensual. Las madres, debido a ciertas hormonas, enlentecen su ritmo y se tornan menos tigresas. No espere una furia desatada en una mujer que está criando, por mucho que antes fuera así. Es un sexo muy diferente, más lento y sensual, el que se puede esperar de esos encuentros.
5. Hay que poder hablar de las necesidades de cada uno en esos momentos. Si ella necesita un extra de caricias, ¿por qué no dárselo? Y si él desea cubrir unas necesidades sexuales que no han sido modificadas ni por el parto ni por las hormonas, ¿por qué no buscar soluciones imaginativas? La masturbación (de uno mismo o de la pareja) y el sexo oral suelen ser las más utilizadas.
6. Nunca culpe a su pareja de lo que está pasando. Es cosa de los dos. Hay dos ritmos y necesidades diferentes pero no hay un culpable.
7. Nunca culpe al niño de lo que está pasando. Aparte de que él no es culpable, sólo hará que se agrave el problema, puesto que se buscarán soluciones para apartar a la madre (o al padre) de su hijo. Ante esto su pareja le verá como un ser insensible, y el deseo por usted caerá aún más. Si ya había pocas ocasiones de relaciones sexuales, ahora todavía menos. También suele pasar que al apartar al bebé de sus cuidadores, el niño se vuelva más demandante, más irritable y se tenga así menos tiempo para establecer contactos entre los padres.
8. A veces el problema es anterior al nacimiento del hijo, sólo que ahora se hace más evidente. Sean sinceros el uno con el otro y hablen de los problemas que tienen. Quizás un hijo sea el detonante, pero también brinda una oportunidad de solucionar un conflicto.
Dicen que los niños aprenden del matrimonio de sus padres, por lo que es importante que nosotros, los padres, analicemos qué les transmitimos en este apartado.
Como hemos explicado en la primera parte de este libro, no hay nada más incomprensible para un niño que obligarle a hacer lo que él evidencia que sus padres no hacen, o también observar su resentimiento cuando se hablan. Los menores tienen un radar especial para captar las intenciones de las personas y la comunicación no verbal, y saben si hay armonía o no entre sus padres.
En resumen, si nosotros tenemos una buena relación de pareja y ofrecemos a nuestros hijos un modelo a seguir basado en nuestro propio ejemplo, las relaciones con ellos serán mejores en todos los sentidos.
LAS RELACIONES CON LOS PADRES
Un comportamiento tiránico para con los niños crea tiranos. La indiferencia hacia el llanto del niño creará adultos indiferentes no sólo al dolor, sino a la simple existencia del otro. F. GRAU CODINA
Educar viene del latín ex ducere, que significa encaminar, guiar... Así pues, nos podemos plantear la educación como un camino que debemos recorrer conjuntamente padres e hijos. Y digo recorrer conjuntamente porque tan importante es que los hijos puedan ser educados por sus padres como que los padres aprendan de sus hijos.
Por ello debe establecerse una relación basada en el respeto mutuo y la empatía, así como en el ejercicio de la autoridad horizontal. Sólo así se consigue una convivencia tolerante y respetuosa, y no sólo con los hijos, pues estas normas rigen para cualquier m*****o de la familia.
Es importante basar las relaciones que tenemos con los hijos en los siguientes principios: Respeto mutuo. Empatía. Autoridad horizontal. Amor incondicional. Respeto mutuo La misma cantidad de respeto y atención se debe a todo ser humano, porque el respeto no tiene grados.
Un niño de 7 meses no puede respetarle. Para eso necesita un raciocinio que aún no posee; por lo tanto, puede que haga pis encima de usted, le escupa sin previo aviso y le pegue un manotazo en la cara. Puede que un niño de 3 años empiece a comprender el término «respeto» y se contenga de hacer las cosas antes mencionadas, aunque no todas ni siempre, puesto que aún está aprendiendo y hay actos que todavía no controla. Y, seguramente, un niño de 7 años sabe lo que es el respeto aunque a veces no lo ejerza, sobre todo cuando se enfada o está ofuscado.
Pero un adulto no puede faltarle nunca el respeto a un niño. Si toleramos que un adulto no respete, también tendríamos que tolerar que un niño pueda hacerlo; sin embargo nadie tiene derecho a faltar el respeto a otro. Pase lo que pase somos padres, educamos con los mejores valores. Si queremos transmitir respeto no podemos perderlo nosotros cuando nos convenga, porque será lo que ellos hagan.
A partir de aquí, puede que ellos nos imiten siempre o que a veces no sea así. Entonces hay que educar y no perder el respeto. Hay que explicarles qué se espera de ellos en ese momento y ponernos a nosotros como ejemplo («yo también estoy enfadado, pero nunca actuaría como tú»)
Veamos. Pedrito se ha enfadado con su madre y la ha llamado tonta y burra. No importa por qué se ha enfadado, ni si él tiene razón y su madre no; no debe llamar a su madre de esa forma. En ese momento debemos decirle:
«Yo también estoy enfadada y no te insulto. Podemos hablar del problema sin insultar».
«Entiendo que te hayas enfadado, pero eso no te da derecho a llamarme así. Dime que te disgusta lo que te he dicho, pero de esa forma no es aceptable». La idea general es que le podamos educar siguiendo nuestro modelo (claro, si nosotros ya fallamos, no podremos utilizar este argumento y tendremos que ser más tolerantes con él: si nosotros nos saltamos las normas, ellos también pueden tener un mal día); a partir de aquí debemos explicarles la conducta a seguir. Para ello pueden encontrar ejemplos en el capítulo dedicado a las rabietas y al comportamiento, más adelante.