El embarazo

4969 Words
 Principales preocupaciones de los padres en este periodo  La provocación. Imaginen a un bebé de 8 meses sentado a la mesa. Coge un vaso de cristal y lo lleva hacia el borde mientras nos mira. Cuando lo vemos es demasiado tarde, el vaso está en el suelo hecho añicos. Le regañamos. Pero él no entiende: «Mamá se debe equivocar, con lo bonito que ha sido todo. Seguro que me regaña por otra cosa. Es imposible que sea por esto». Al día siguiente se repite la historia. El niño coge el vaso y mira a su madre mientras lo lleva hacia el borde. La madre le dice: «¡No!»; pero el niño se ríe y sigue sin hacerle caso porque piensa: «Mamá, espera, si es bonito... Se cae y salen más trozos y hace ruido... Yo te lo muestro». Puede que la madre siga diciendo «¡No!» y el niño, mirándola con cara de pillo, llevará poco a poco el vaso hacia el borde hasta que la madre se lo quite o el niño pare y se quede contrariado. La experiencia del niño es que aquello no es malo (incluso es divertido) y no entiende el daño que encierra aquella acción. Seguramente esta escena se repetirá más veces, puesto que la única forma que tiene de saber si una cosa está bien o mal es haciéndola y mirando en la cara de sus padres el resultado de lo que ha hecho. El próximo día que lo haga sus padres comentarán: «Lo ves, ¡nos provoca! Ya le hemos dicho que no, ya se lo hemos quitado varias veces y él lo sigue haciendo, y encima lo hace poco a poco y se ríe mientras nos mira». Este comportamiento suele tenerlo también con sus juguetes. Coge uno y lo tira. «¡Qué divertido, hace ruido y encima viene mamá y me lo devuelve!». La segunda vez la mamá ya le dice que no lo haga más, pero se lo recoge; y la tercera vez el niño coge el juguete, mira a la madre con cara de diversión y poco a poco le muestra sus intenciones de volverlo a tirar. No la está provocando, sino que juega con ella, como los perritos a los que les tiramos un palo, «yo tiro y tú recoges»; pero aparte está diciéndole a su madre: «¿No ves lo divertido que es esto?». Y como su madre le está dando a entender con su cara que no le parece divertido, él quiere comprobar si es por el juguete («¡No puede ser que por esto mi madre se ponga así; voy a repetirlo porque le voy a enseñar que no hay de qué preocuparse!»).   Ya lo ven, lo que son simples comprobaciones sobre si una cosa está bien o mal, o si su madre puede ver las cosas igual que lo hace él podemos interpretarlas como un reto, una provocación o una puesta a prueba. Pero no es eso.   EL PERIODO DE LA COMPRENSIÓN (2 A 4 AÑOS) Si de veras llegáramos a comprender, ya no podríamos juzgar. A. MALRAUX  De 2 a 4 años debemos dejar muy claro a nuestros hijos que les comprendemos (aunque a veces no aceptemos sus actos). Es la época en la que se inicia la independencia (a su manera, claro) y es un momento en que pretenden hacerlo todo ellos solos y llevando la contraria. Debemos comprender eso antes de corregir sus actos, puesto que, aunque sean contrarios a nuestros principios, ellos no los hacen para «fastidiar» sino para probar cosas nuevas y experimentar con el entorno. Este periodo es también el de las rabietas, porque el niño quiere empezar a ser autónomo y se disgusta cuando alguien le coarta sus ideas o su libertad. Es la etapa en la que el niño va adquiriendo la memoria explícita, aquella que los adultos solemos entender por memoria: la capacidad de evocar un recuerdo, de recordar algo o a nosotros haciendo algo. Por eso ya son capaces de evocar la imagen de su madre aunque no esté y pueden pasar un rato sin su presencia, superando así la angustia de separación tan típica del periodo anterior. Por eso, en la mayoría de los casos, los niños suelen empezar la escolarización entre los 2 y los 4 años. En este momento el cerebro del niño experimenta un cambio muy sustancial, puesto que finaliza la mielinización del córtex cerebral. ¿Se acuerdan? El córtex era la parte de nuestro cerebro que se encargaba del lenguaje, la memoria explícita, el razonamiento y el pensamiento. Debido a todo esto, suele ser un periodo difícil, y los problemas de comportamiento se disparan debido a la incomprensión de los padres ante un niño con unos razonamientos muy primitivos. ¿Cómo comprender? Las formas de pensar y de razonar de nuestro hijo están empezando; no pensemos, pues, que las vamos a entender a la pri mera. Pero si damos unas pistas podremos tolerar mejor algunos de sus comportamientos. o Estar sin ser. A los niños de estas edades se les pide que estén en un lugar, pero que no se comporten como niños. Deben estar pero no ser niños. Eso es casi imposible porque aún no son capaces de interiorizar todas las normas de comportamiento que se necesitan para hacerlo. Si usted va a una reunión y quiere llevarse a su hijo, sepa que puede que no se comporte como usted espera y que realice algún comportamiento infantil «normal», como correr, levantar el tono de voz, jugar, etcétera, que a lo mejor usted percibe como mal comportamiento. Nada más lejos: se comporta perfectamente, como lo que es, un niño. Déjele ser un niño mientras sea un niño. Ya tendrá tiempo para hacer de adulto. De hecho, nos pasamos más tiempo siendo adultos que niños. o Tiempo presente vs tiempo futuro. Los padres tenemos unas ideas de la educación que queremos dar a largo plazo a nuestros hijos, pero para ellos la idea de «mañana» o «el futuro» puede quedar muy lejana. Los padres que quieren que su hijo coma verdura lo hacen porque saben que les va a beneficiar en el futuro, pero el niño simplemente no la quiere hoy. No entiende el plan nutricional que han elaborado sus padres, sólo sabe qué le apetece más hoy o qué no. Cuando queremos que un niño ordene su habitación lo hacemos porque queremos que en el futuro sepa organizarse; en cambio, el niño no quiere hacerlo hoy, pero quizás no tiene inconveniente en hacerlo otro día. «Nos toma el pelo: hay días en que lo hace y días en que no quiere». No, no es eso, no quiere tomarnos el pelo (repase el último apartado de la preservación del hábitat y se dará cuenta de que no se malcrían ni nos quieren tomar el pelo), aunque es cierto que un día le apetecerá más hacer una cosa y otros no. Él no ve si es una mejora en su futuro; sólo percibe un incordio en el presente. Con el tiempo aprenderá a ver el tiempo futuro y a anticipar lo que se espera de él y a ver qué acciones le van a favorecer más en el futuro. o La comunicación no verbal. Lo niños captan con una rapidez y certeza inauditas la verdad o falsedad en las personas. Cuántas veces alguien se ha dirigido al niño mintiéndole: «Tranquilo, ven conmigo que no pasa nada» y el niño no se lo ha creído (y bien que ha hecho, porque lo que querían hacer era llevarlo dentro de una clase sin su madre). Cuántas veces una enfermera que pretende pinchar a nuestro hijo lo ha mirado y con voz de falsete le ha dicho: «¡Ay, qué niño mas guapo! Ven que no voy a hacerte daño». Seguramente el niño ha contestado: «¡Tonta!», y la señora se ha sentido ofendida y así se lo dice a la madre, que a su vez regaña al niño. El niño en ese caso no quería insultar a la señora; tan sólo ha visto claramente que mentía y ha pensado: «Queridísima señora, me estoy dando cuenta de que miente, sus movimientos y gestos me lo demuestran, pero usted no sólo piensa que me lo tragaré, sino que si no lo hago me va a pinchar, así que para demostrarle mi desacuerdo con su comportamiento voy a buscar en mi limita do repertorio infantil una palabra que exprese lo que siento. A ver... ¡Ah, sí! ¡Tonta!». ¿Qué palabra puede tener en su repertorio un niño pequeño para estos casos? Pues eso: «tonta», «burra», «déjame en paz»... Pero el proceso que le lleva a decirla es más complejo y no tiene nada que ver con el resultado. o La sintonización y la empatía.   Un niño de 14 meses quiere subirse a una mesa en cuya parte superior hay una lámpara.  ■ Una posible respuesta parental sería decir «¡No!» y sacar al niño al jardín, donde su impulso de encaramarse pueda ser «sintonizado».  ■ Otra respuesta sería no advertir el intento del niño, escuchar el sonido de la lámpara caer al suelo, y seguir sin hacerle caso o como mucho decirle que no lo vuelva a hacer sin prestarle atención. ■ Una tercera respuesta podría ser gritar «¡No!> y echar una reprimenda al niño, hacerle sentir culpable y después distanciarse de él porque nos ha decepcionado. ■ Un cuarto enfoque sería enfurecerse y arrojar la lámpara al suelo, justo a los pies del niño, para enseñarle lo que podría haber pasado y pedirle que no vuelva a hacerlo nunca más. (...) Estas cuatro respuestas parentales se asociarían con los vínculos de apego de seguridad, evitación, ambivalencia y desorganización, respectivamente. Como queremos fomentar en el niño un apego seguro, la sintonización y empatía hacia el menor deberían guiar nuestras acciones educativas.   EL PERIODO DE LA DISTANCIA EMOCIONAL ASIMILABLE (4 A 6 AÑOS) Lo opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia ante los sufrimientos ajenos. E. PUNSET Entre los 4 y los 6 años es la etapa en que se atreven a separarse de casa, de la familia (empieza la escolarización en la mayoría). Los hay muy aventureros, que enseguida se adaptan a todo, pero también hay algunos a los que les cuesta más. Hay cosas insuperables de entrada para muchos niños: el primer día de cole, una noche sin sus padres, su primera representación teatral, ir de excursión... Algunos lo aceptan con facilidad, pero a otros les cuesta. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo ayudarles a que se decidan a hacer cosas que temen? Si hemos seguido hasta el momento todos los apartados anteriores, entre los 4 y los 6 años tendremos un hijo/a que será capaz de afrontar esos momentos; algunos lo lograrán antes y otros después, porque ya hemos dicho que cada niño hierve a diferen te temperatura. Unos estarán preparados a los 4 años y otros a los 6. Incluso algunos harán algunas cosas a los 4 y otras a los 6. Pero puede que su hijo sea más inteligente (¿por qué no?) que los otros y tenga más miedo. El miedo en la infancia va ligado a niños más inteligentes que la media: se dan cuenta del peligro con más facilidad y ven problemas donde quizás no los haya («¿Y si entra un señor a robar?») porque su cabeza es capaz de elaborar más hipótesis ante un hecho y de ver peligros en donde a otros les daría igual. También puede pasar que su hijo tenga miedos a causa de algún problema de alejamiento de su base segura, es decir, sus padres. Así ocurre con los niños hospitalizados, los que sufren la separación de sus padres, los que no han sido respetados en su tiempo de adquisición o que no tuvieron la suerte de tener un hábitat preservado, en definitiva, los que sufren déficit de amor o exceso de experiencias semitraumáticas en su corta vida. Sea como sea, puede que su hijo tenga miedo de enfrentarse a cierto tipo de situaciones. ¿Cómo conseguir que lo haga? En primer lugar hay que averiguar su Zona Emocional Cubierta (aquello a lo que se enfrenta sin problema y que llamaremos ZEC) y diferenciarlo de su Zona Emocional a Cubrir (aquello que no puede asumir de ninguna forma y que llamaremos ZEAC). Por ejemplo, el caso de una niña que debe participar en una representación escolar y tiene miedo (eso es su ZEAC) pero participa sin problema en representaciones en casa (eso es su ZEC). Si usted lee este articulo mientras espera a su bebe, le será de ayuda saber que no todo empieza después del parto. Hoy podemos asegurar que muchas de las características personales de su bebé pueden fomentarse desde su estancia en el útero de su madre y también dependiendo de cómo se aborde el acto de nacer. Puede que usted ya haya tenido a su bebé y piense que ha llegado tarde, pero no es así: nunca se sabe si este capítulo puede servirle para un futuro hijo, nieto, hijo de una amiga... Así que anímese a leerlo. Para hablar de cómo el parto y el nacimiento influyen en la crianza tenemos que comprender las bases neurobiológicas y hormonales de las que dependen que se establezcan o se dificulten el proceso del parto y el vínculo afectivo que se forja entre la criatura que acaba de nacer y su madre en las primeras horas tras el nacimiento.   EL EMBARAZO  Yo te esperaba y el espejo nos miraba mientras ya te amaba. A. GUZMÁN Todo el mundo sabe que es importante que la embarazada cuide tanto de ella como de su futuro hijo. Eliminar el tabaco y el alcohol de la dieta de la madre, tomar ácido fólico y llevar una dieta adecuada sin carencias importantes ayudarán a prevenir malformaciones2 en nuestros hijos y problemas tanto médicos3 como psicológicos., Se ha demostrado que el seguimiento de la mujer embarazada por parte de una matrona, o similar, reduce la tasa de mortalidad infantil, y una buena información tanto de su embarazo como de su parto ayudará a la madre a estar más relajada durante la gestación y el nacimiento. También le orienta para que sepa qué quiere y cómo obtenerlo. En caso de partos «normales» y fisiológicos deberíamos ayudar a las mujeres a concienciarse de qué tipo de parto quieren y cómo pueden conseguirlo. La toma de fármacos durante el embarazo debería estar siempre bajo estricto control médico. Pero asegúrese de que su doc tor esté al día de las compatibilidades o incompatibilidades de los fármacos y el embarazo. La mayoría no recetan fármacos por miedo o prudencia, cuando la verdad es que, salvo casos importantes, casi todos los fármacos (analgésicos, antibióticos, etcétera) se pueden tomar. Como recurso profesional, se puede utilizar la siguiente página del hospital Marina Alta en Denia, Alicante, por ser de las más completas que hay. Si su ginecólogo duda, puede pasarle el enlace Disfrute de su embarazo. Quizá nadie se haya parado a investigar los efectos del disfrute del embarazo en su salud y en la del niño, pero mientras somos felices secretamos endorfinas y eso siempre tiene beneficios a corto, medio y largo plazo. Puede que tenga molestias en algunos momentos, pero considérelo una experiencia más en su vida y no un sufrimiento. Anímese a ver la parte positiva de lo que le ocurre (¡que es mucha!).   EL PARTO La decisión de tener un hUo es trascendental. Es aceptar por siempre que tu corazón ande vagando fuera de tu cuerpo. E. STONE  La importancia del embarazo nadie la discute, pero quizás mucha menos gente sabe lo importante que es el momento del parto tanto para la madre como para el bebé: la mujer es una mamífera y el parto es un proceso instintivo guiado genética mente por el sistema límbico. Si recuerdan el capítulo anterior, explicábamos que el sistema límbico es el que rige nuestras emociones, por lo que, para que progrese adecuadamente, se deben evitar tanto interferencias externas como internas, sobre todo por parte de la corteza cerebral, que tiene la «virtud» de alterar a nuestro sistema límbico. Dicho de otro modo, el sistema límbico modifica el funcionamiento de la formación reticular y de la corteza cerebral haciendo que sus funciones estén al servicio del parto y que, en la medida en que la corteza cerebral esté desactivada, la hembra mamífera pueda seguir los instintos propios de su especie, es decir, del sistema límbico, heredados filogenéticamente a lo largo de la historia del Homo sapiens. Esto hace que la mujer de parto no pueda estar pendiente del entorno que la rodea ni de ninguna actividad que implique la participación de la corteza cerebral y favorecer que su cuerpo haga lo que instintivamente sabe hacer.   Es frecuente ver que cuando una mujer de parto está conectada con su sistema límbico se comporta de una forma más primitiva, adoptando posturas y emitiendo sonidos que pueden sorprender a los profesionales que acompañen a la parturienta si no están acostumbrados a atender partos fisiológicos, dado que hoy en día la mayoría de los partos son intervenidos. Esta intervención hace que sea difícil poder ver comportamientos instintivos de las mujeres durante el parto, hasta tal punto que se les llama la atención si gritan o gimen y no se les permite adoptar la posición que ellas quieran (cuatro patas, cuclillas...).   El parto no es una enfermedad; por lo tanto, la mayor parte de las veces no tendría que ser medicalizado ni transcurrir en un entorno hospitalario, si así se deseara. Es como el comer: cada uno lo puede hacer por sí mismo, pero si hay un problema (atragantamiento, anorexia, etcétera) hay tratamientos, técnicas e intervenciones por parte de los profesionales de la salud que son de agradecer. Es por eso por lo que No deberían realizarse procedimientos que interfirieran en la fisiología, a menos que las condiciones de salud de la madre y/o del feto los necesitasen para asegurar su salud; es decir, habría que hacer un uso racional de la tecnología aplicada al parto. Como el parto depende de nuestro cerebro más intuitivo y sensorial, la mujer de parto precisa y busca intimidad y tranquilidad en el momento del parto, al igual que otra mamífera; cualquier cosa que altere esta tranquilidad liberará hormonas de alerta y activará la corteza cerebral, que, a su vez, inhibirá el hipotálamo, lo que puede hacer que se refrene o incluso anule la secreción de oxitocina, hormona fundamental para el progreso del parto, por eso es tan importante que en el momento del parto haya intimidad y tranquilidad para que el parto se desarrolle con normalidad.  En este sentido, también podemos observar que los espacios dedicados en los hospitales para parir son, en su mayoría, fríos y austeros, y no tienen en cuenta las necesidades de la mujer. Si bien en estos últimos años podemos percibir que a la hora de diseñar nuevos hospitales o reformar los antiguos ya se tienen en cuenta factores como el espacio, la iluminación, el aislamiento acústico, los flujos de personal y pacientes, etcétera, de forma que se cree un ambiente hospitalario agradable e íntimo que transmita a la parturienta una sensación de hogar, de seguridad, calor y tranquilidad.   ¿Cómo conseguirlo? Basta con elegir pinturas cálidas, imágenes o cuadros relajantes, luz natural filtrada, puntos de luz indirectos y de intensidad regulable, aislamiento acústico (para evitar que la oigan u oír a otras personas), y proporcionarle la posibilidad de escuchar la música que ella desee. Que todo el proceso del parto discurra en la misma habitación también ayuda a que la mujer se sienta relajada y tranquila, pues el hecho de trasladarla a otra sala con aspecto de quirófano, como suele suceder en los paritorios tradicionales, a veces hace que la mujer lo viva como una amenaza, como un peligro, lo que implica que predomine la actividad de la corteza cerebral sobre el sistema límbico, con la consecuente alteración en la liberación de la oxitocina. Que los muebles de la habitación sean de color madera, en vez de metálicos, hace que la mujer se olvide de que está en un ambiente hospitalario y, por lo tanto, que no permanezca alerta, lo mismo si evitamos que el material médico quirúrgico esté a la vista. Para ello podemos guardarlos en muebles o tras una cortinilla. Para no activar la corteza cerebral es necesario también evitar estímulos sensoriales fuertes, es decir ruidos, olores...; se debe cuidar el lenguaje para no inducir ideaciones en la corteza cerebral, procurando en lo posible hablarle y, si se hace, no tocando temas relacionados con la salud. También se debe evitar que la mujer se sienta observada y todo aquello que la pueda poner «nerviosa». Si dejamos que la madre pueda desconectar de su córtex, entrando en un estado feliz, de despreocupación, se favorece el instinto del parto por influjo de la oxitocina liberada por el hipotálamo: esta secreción de oxitocina se inhibe por influencia de la corteza cerebral y ello no nos interesa durante la dilatación, ya que si no hay oxitocina no hay contracciones y si no hay contracciones no hay parto.   El hecho de que el parto sea más corto o más largo, se pare o continúe, lo vivamos con más dolor o con menos depende de un sutil equilibrio de hormonas y neurotransmisores que podemos «aprender» a favorecer o a entorpecer. Por eso la madre debería estar informada de cómo hacer su parto más fácil y agradable.   ¿ Qué hormonas nos ayudan en el parto y cómo potenciarlas? El amor me impulsa y me hace hablar así. CANTE ALIGHIERI  Oxitocina. También es denominada la hormona del amor, del altruismo o de darse a los demás, por su actividad tranquilizante e inhibidora de la agresivi dad, y se la relaciona asimismo con la protección de las crías y con la sensación de plenitud o satisfacción. Se ha visto que el feto segrega oxitocina durante el parto, lo que también puede ayudar a reforzar el vínculo maternofilial y a que se sienta protegido y querido. Justo después del parto y antes de la expulsión de la placenta es cuando la mujer tiene la mayor capacidad de secreción de oxitocina, por lo que es muy importante que en ese momento se eviten todos los factores comentados anteriormente que puedan dificultar su liberación; además, si se lo permiten, la madre estará sosteniendo en brazos a su bebé, piel con piel, le mirará a los ojos con fascinación, le olerá, le acariciará, y esto a su vez favorecerá la liberación pulsátil de la oxitocina y del resto de hormonas, que veremos a continuación, íntimamente ligadas al establecimiento del vínculo. Podemos favorecer a la madre dejándola tranquila durante el parto y facilitándole todo aquello que pueda necesitar para tal fin.   Endorfinas. Durante el parto se ha visto que se liberan endorfinas, que potencian el reflejo cérvico-vaginal; el feto también las libera, de tal forma que durante el parto y las horas siguientes al mismo tanto la madre como el bebé están impregnados de endorfinas, opiáceos que disminuyen la sensación desplacentera y crean un efecto de bienestar, además de favorecer el vínculo. Por eso, entre muchas otras cosas, no debería separarse a la madre del bebé recién nacido. Este momento después del parto es de vital importancia para la vinculación entre madre e hijo. De hecho, en la mayoría de hembras mamíferas, si no tienen contacto, aunque sólo sea visual o auditivo, con sus crías, suelen rechazarlas a posteriori. Por la misma razón muchas madres que han estado separadas de sus hijos «dicen» no saber qué hacer con ellos o cuentan que les costó más entablar una relación afectuosa con él.    Estrógeno y progesterona. Son hormonas que potencian el instinto maternal estimulando la síntesis de oxitocina. o Catecolaminas. Se liberan como consecuencia de la salida (expulsión) del bebé y hacen que la madre tenga energía y permanezca en estado de alerta cuando éste nace para acogerlo y protegerlo; este instinto es muy patente en las hembras de otros mamíferos para evitar que las separen de sus crías. El bebé también libera catecolaminas que le provocan estar atento, con los ojos abiertos: este cruce de miradas entre madre e hijo/a es un factor que refuerza el vínculo. Por eso no se debería separarles. Entre una y dos horas después del parto el bebé está en alerta y es normal que no se duerma hasta pasado este tiempo. En esos instantes, si se le deja encima del cuerpo de su madre, es capaz de reptar hasta su pecho y agarrarse espontáneamente, favoreciendo el inicio y la buena implantación de la lactancia.   También se fomenta el vínculo que permite conocer y reconocer a la madre por parte de su bebé, y viceversa.   Las rutinas departo y cómo evitarlas  Si se hace algo mal con bastante frecuencia, acabarán pensando que es correcto. A. BLOCH   Ya hemos visto cuán importante es preservar el delicado equilibrio de las hormonas y mecanismos cerebrales durante el parto, por lo que pueden llegar a influenciar a la madre y al bebé. Imaginen ahora el hecho de realizar de forma rutinaria, sin que sea necesario, las siguientes acciones en la madre: o Rasurado pélvico. o Enemas. o Episiotomía. Estas tres primeras acciones no afectan directamente al bebé, pero sí indirectamente, puesto que muchas madres las encuentran «degradantes» y eso hace que su proceso de parto se altere. En el caso de la episiotomía, además, como la madre tiene incomodidad al sentarse, se siente más cansada, con la autoestima más baja; quienes nos dedicamos a asesorar a la madre en la lactancia sabemos que esto dificulta la adquisición de la posición correcta. Tampoco se recomienda realizar estas rutinas en el proceso del parto: o La inducción al parto. o La rotura de membranas. o Maniobras injustificadas (Hamilton, Kristeller...). o El pinzamiento precoz del cordón. Estas últimas sí afectan al bebé. Por ejemplo, el pinzamiento precoz interrumpe totalmente el aporte de oxígeno de la placenta antes de que los pulmones comiencen a funcionar y detiene la transfusión placentaria; es decir, la transferencia de un gran volumen de sangre (hasta el 50 por ciento del volumen total), cuya función es principalmente la de establecer la circulación a través de los pulmones del bebé para iniciar su funcionamiento. Actualmente se consideran perjudiciales para el niño acciones como el aspirado de secreciones nasales o la introducción de sondas bucales y anales. No deje que se las practiquen a su hijo de forma rutinaria. El aspirado puede provocar un taponamiento de las fosas nasales (aunque sea por irritación e hinchazón) que impide la lactancia, y la introducción de sondas en un bebé que no gestiona el estrés (y que siente más dolor que un adulto) provoca estados de shock y ansiedad. Si el niño tuviera el orificio bucal obturado, se verá con la primera toma de leche de su madre, y el cierre del anal si no expulsara el meconio. Fácil ¿no?   En general, es importante no interferir en el proceso fisiológico sino todo lo contrario, favorecerlo. No hay que estorbar en el momento del nacimiento, sino permitir que los instintos maternos, genéticamente programados, se expresen libremente para que la madre pueda proporcionar a su bebé alimento, protección, y amor, dejándose llevar por su naturaleza mater nal (regulada fundamentalmente por el sistema límbico o parte del cerebro responsable de las emociones). Michel Odent recomienda «mamiferear el parto», es decir, recuperar como mamíferos nuestra capacidad de parir sin que nada nos estorbe.   EL PERIODO SENSIBLE: ¡QUE NO OS SEPAREN! No hay nada más interesante que la conversación de dos enamorados que están callados. A. TOURNIER El bebé acaba de nacer, ha estado nueve meses con usted y no es cuestión de cambiar eso en un minuto. Las hormonas liberadas por la madre y por el bebé durante las contracciones y el parto no se eliminan inmediatamente, sino que se van eliminando poco a poco y son las responsables de que se establezca este vínculo afectivo entre la madre y su bebé. Este periodo se denomina «periodo sensible» y va a jugar un papel crucial en la relación materno-filial que se establezca. Por ello es fundamental que todos los cuidados que se proporcionen a la pareja mamá-bebé durante este periodo tengan como premisa respetar este momento y no realizar ninguna intervención que implique separarlos o desviar la atención de uno hacia el otro. De esta forma, la fisiología del posparto también evolucionará correctamente, favoreciendo, por ejemplo, que los niveles hormonales mantengan el útero contraído (evitando así la hemorragia posparto). Este contacto piel con piel entre la madre y el recién nacido tras el parto favorece no sólo el vínculo, sino que propicia: i La sincronía térmica. Hay una sincronía entre la temperatura corporal de la madre (unos 36-37° C) y el bebé. El bebé depositado sobre el pecho desnudo de la madre «sube» su temperatura de forma más rápida que envuelto en las mejores mantas y depositado en la más eficaz de las cunas o incubadoras.   La reducción del llanto del Como todo bebé altricial, necesita del cuidado de los otros para su supervivencia; por lo tanto, el no sentir a alguien cerca le provoca respuestas de llamada hacia el cuidador. Eso es el llanto del bebé separado. Todos los bebés, al ser separados de la madre, responden con lo que se llama protesta de desesperación. Lloran ininterrumpidamente para conseguir volver a reunirse con la madre. Sólo dejan de llorar cuando ya no tienen fuerzas para seguir haciéndolo. El llanto prolongado provoca estrés y el bebé estresado cae en la desesperación. La temperatura corporal baja para ahorrar energías y poder sobrevivir más tiempo solo. La frecuencia cardíaca se hace inestable y la respiración se altera significativamente.
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