a. La parte que estaría en nuestra muñeca y al final de la palma de la mano y que en el dibujo del cerebro corresponde a los primeros números (1, 2, 3) sería nuestro cerebro más primitivo, llamado también cerebro reptiliano. Es el responsable de nuestras funciones más básicas: nodulación del latido del corazón, respiración, temperatura, marcha automática... Controla nuestra supervivencia, autopreservación y reacciones más instintivas. Este primer nivel cerebral lo tienen todos los animales; nuestro bebé, como descendiente de ellos, también.
b. La parte que formaría nuestro dedo gordo, que en el dibujo del cerebro estaría representada por los números 4, 5, 6, 7, 9, es la responsable de nuestras emociones y sentimientos y de parte de nuestra memoria (la inmediata, la implícita). Este segundo nivel (el cerebro emocional) también lo tienen los bebés y los mamíferos, pero no así otros animales «inferiores» en la escala evolutiva, como peces y reptiles.
c. La última parte, la más exterior y que correspondería al dorso de la mano y los dedos (en el dibujo del cerebro es el número 8), es el cerebro más moderno, aquel que sólo poseemos los mamíferos y que los humanos tenemos más desarrollado. De él depende el lenguaje, el razonamiento, el pensamiento, la memoria a largo plazo y la memoria episódica. Este tercer «cerebro» está incompleto cuando nacemos; de hecho, la mielinización del córtex cerebral no se da hasta los 2-3 años. Por eso los niños no hablan correctamente antes de esas edades y por esa misma razón no podemos recordar nada de nuestra primera infancia. ¿Qué deducimos de todo esto? Que el niño es un ser emocional. Que su cerebro más desarrollado es el sistema límbico y, por eso, ante cualquier amenaza a su seguridad va a explotar y a reaccionar con exageración.
Por eso los niños lloran cuando «sólo» tienen hambre o cuando algo les causa dolor, como la simple rozadura de una etiqueta en el cuello. Nosotros no entendemos por qué pasa eso; total, no es para tanto. Lo que sucede es que nosotros sabemos que eso no tiene importancia puesto que más tarde o más temprano vamos a comer o nos quitaremos el jersey en cuanto lleguemos a casa. Pero los niños no saben cuándo va a terminar su sufrimiento; dependen de que alguien haga caso a su llanto y les atienda. Una vez una amiga mía tenía hipo, cosa sin importancia y que ya había tenido otras veces. Pero esta vez estaba muy nerviosa porque tenía un examen oral y no sabía cuándo iba a finalizar. Nuestros bebés no controlan a los adultos y, en cambio, como seres altriciales, dependen exclusivamente de ellos. Eso, más el desconocimiento de cuándo va a finalizar su «sufrimiento» debe de ser terrorífico. Nuestro cerebro no está terminado en el momento de nacer porque, como ya hemos dicho, lo hacemos antes de tiempo; el cerebro del bebé tiene todas sus partes pero con pocas conexiones. Es como cuando compras un ordenador y el software que lleva es prácticamente nulo, hay que instalar los programas
Asimismo, el mayor cerebro humano obliga a que los bebés nazcan «antes de tiempo», precozmente y computen sus redes neuronales a partir de los estímulos que perciben en sus primeros años de vida.5 Por tanto, dependiendo de cómo se programe el cerebro del bebé, así será su vida adulta, puesto que las experiencias que se repiten quedan «grabadas inconscientemente» (recuerden que los bebés no tienen memoria explícita hasta los 3 años). «Se comprenderá, pues, que en los humanos sea tan determinante la estimulación cerebral a partir de la exposición del individuo al entorno físico, social y cultural».6 Conforme al funcionamiento del cerebro se determina la evolución de una persona. En el momento de nacer el cerebro humano es extremadamente inmaduro; y se desarrolla de forma espectacular hasta los 2-3 años de edad.' Por eso, aunque nazcamos iguales, no lo somos, ni siquiera los hermanos criados de la misma manera, si bien cuantas más experiencias similares tengamos, más posibilidad habrá de parecernos. De hecho, es cierto que nacemos con el número máximo de neuronas, pero sin conectar. Estas neuronas se van conectando y ramificando (eso es la neuroplasticidad, muy grande en niños porque están en periodo de realizar muchas conexiones, mientras que es menor en los adultos) dependiendo de las experiencias vividas. Yaquíradica la importancia de dichas vivencias y el trato que reciban nuestros bebés desde el primer momento: El que el niño o la niña se sienta atendido, satisfecho y estimulado influye decisivamente en la construcción de su tejido nervioso, enriqueciendo sus arborizaciones dentríticas y creando mayor contingente de sinapsis o, contrariamente, frustrando su desarrollo si es deficientemente atendido.
¿Ven la importancia de atender al bebé tal y como lo necesita? Si lo hacemos así, las estructuras que se graban en su cerebro son de tranquilidad, sin estrés, de autoestima, con mayores ramificaciones... En cambio, si usted graba en su hijo los circuitos de la espera sin final (el niño no sabe cuándo termina su sufrimiento), el estrés y el miedo, su personalidad tendrá déficits en algún área. Si en el pasado se ha estimulado cierto patrón, aumenta la probabilidad de activar un perfil similar en el futuro. (...) este proceso general se denomina desarrollo cerebral «dependiente de la El neurólogo Donald Hebb lo explica diciendo que las neuronas que se excitan conjuntamente en un momento del tiempo tenderán a excitarse conjuntamente en el futuro
Imagine por un momento esta escena:
Los primeros contactos que tiene el bebé con el pecho materno suministran ya mucha información al cerebro. El bebé apoya la mano en el pecho y percibe el tacto de su piel cálida, de su volumen y consistencia. Con los labios succiona el pezón obteniendo alimento y un líquido dulzón que le sacia el hambre, la sed y le proporciona placer. Al quedar satisfecho se relaja y se duerme. (...) Con el olfato percibe el olor de la leche y el de la madre (...). Mientras que con la vista aprende a distinguir el pecho materno (...). Progresivamente, el niño integra todas estas percepciones en los circuitos de su cerebro, asociándolas a los distintos estados de placer y satisfacción .
Si usted estimula los centros de placer de su bebé, éste se sentirá más satisfecho, crecerá más seguro, pero también será más inteligente porque estos mecanismos de placer se repro ducirán más fácilmente ante otras experiencias de aprendizaje (es lo que hemos grabado en nuestra mente), y ya se sabe que lo que se aprende con satisfacción y placer se aprende mejor: «todos sabemos que aprendemos con mayor facilidad aquello que nos produce satisfacción (placer), y que nos es enseñado con afecto y Ahora vayamos al otro extremo: niños que viven en un entorno que pueden percibir como hostil, que se les hace esperar para responder a sus necesidades o con afecto limitado a unas horas. Es decir, un niño que vive inseguro y con miedo porque no controla la situación
Como dice Eduard Punset:
Una vez se establecen estos circuitos como respuesta al miedo, la reacción tiende a perpetuarse automáticamente. (...) Es muy difícil desprogramar estos circuitos por dos motivos básicos: en primer lugar, el miedo se almacena de forma casi indeleble en nuestro cerebro, y, en segundo lugar, reaccionamos de forma instintiva ante esta emoción. (...) Como se ha dicho antes. Muchos miedos almacenados en la infancia son inconscientes y perduran siempre.'
A estos procesos se les denomina de memoria implícita. Ésta es una memoria de la que no tenemos consciencia (por eso no recordamos nada de cuando éramos bebés), está desprovista del «recuerdo», del tiempo. Es como una impronta que graba en nuestro cerebro unos caminos que después tendemos a perpetuar. Así pues, el hecho de que una persona sea incapaz de pedir un aumento de sueldo puede ser porque ha adquirido desde pequeño la idea de que no es merecedor de que le valoren. El hecho de no saber pedir ayuda es porque ha aprendido que nadie se la va a dar porque a veces de pequeño lloraba pidiéndola y nadie le hacía caso (esto se llama indefensión aprendida y lo presentan muchos niños a los que se ha tardado en atender o se les ha dejado llorar).
No responda a su bebé y hará un adulto que no pregunta, deje llorar a su bebé y tendrá un adulto que no sabe quejarse adecuadamente porque la forma natural de hacerlo ha quedado truncada y alterada en él. El llanto es un proceso comunicativo que no debería ser manipulado nunca.
¿ Cómo preservar el hábitat?
Desde el momento en que el bebé viene al mundo hemos de poner las condiciones para que se sienta «como en casa». Por lo tanto, lo que necesita el bebé es la no separación de su madre desde el momento del parto, por ser ella quien le ha acompañado durante nueve meses; la alimentación a demanda, por ser como lo estaba haciendo hasta entonces, y el contacto siempre que sea posible, ya que antes se encontraba en un abrazo permanente en el útero de su madre. Todo lo demás: pañales, cunas, etcétera, es secundario; puede que también importante, pero secundario.
Muchas de las madres que optan por esta forma de crianza suelen llevar a sus bebés a cuestas, cargados en mochilas o bandoleras de tela, dándoles cariño y contacto continuos, tanto de día como de noche (ya que duermen con ellos). También les dan alimentación a demanda. No tiene más. Solamente con eso el bebé se sentirá satisfecho y atendido, eliminará el miedo y el estrés en su vida. Será feliz.
¿Qué se le transmite al bebé con el hábitat preservado? Muchas veces he estado de invitada en casas ajenas. En muchos casos mis anfitriones se han desvivido por agasajarme: me han preparado una habitación confortable, han cocinado algo especial para mí... Y yo pienso: soy importante y valiosa para ellos, puesto que se han tomado muchas molestias para que esté bien. En otros casos, el trato es correcto pero frío, y pienso: no soy importante para ellos, se esmeran para no quedar mal pero no les importo. Podría pasar (de momento es una hipótesis en mi caso) que se me invitara y me trataran mal (no me dieran de comer, ni un lugar donde dormir, no me hicieran caso...) y pensaría: me odian, me han hecho venir para tratarme mal, ¿qué les he hecho yo?
Lo mismo le sucede a nuestro bebé: necesita que le digamos lo valioso que es para nosotros. La consigna más importante que puede grabar en su mente es «soy valioso». El menor requiere y reclama cuidados y atenciones. Aquellos niños que los reciben de forma satisfactoria desarrollan una mayor autoestima; serán niños y adultos emocionalmente fuertes. Los que no tengan esa suerte generarán personalidades inseguras, aunque, a veces, para que no se les note, las disfracen en forma de violencia y agresividad; piensan que la mejor defensa es un buen ataque.
Cuando los progenitores son egoístas y no cumplen con dedicación y afecto esta función, se pueden frustrar algunas expectativas del desarrollo generando dificultades en la maduración y en la interrelación del niño con el entorno natural y Un bebé con el hábitat preservado acaba de nacer y piensa: «¡He acertado viniendo aquí! ¡Me hacen caso, me quieren, se desviven por mí!», y por eso es un bebé feliz, porque tiene tranquilidad, seguridad y ausencia de miedo, ya que sabe que nada malo le va a pasar, como hasta ahora, y si pasara sabe que le ayudarán con premura. Los circuitos que se graban son positivos, duran toda la vida y configuran la base de un apego seguro:
Un bebé que disfruta de un apego saludable y seguro ha contado con la experiencia repetida de respuestas protectoras (...) y de atención previsibles en su madre, respuestas que han sido codificadas implícitamente en el cerebro. (...) Dado que estas experiencias repetidas han sido previsibles y que, cuando se han producido interrupciones en la comunicación madre-bebé, la madre ha reparado con relativa rapidez y eficacia las rupturas, este bebé afortunado ha sido capaz de desarrollar un modelo mental seguro y organizado de su relación emocional. Su memoria implícita anticipa que el futuro seguirá aportándole tal comunicación contingente.
En cambio:
Un bebé con apego inseguro puede haber experimentado a sus progenitores como menos previsibles, emocionalmente distantes o incluso como temibles. Estas experiencias también se codifican implícitamente y en la mente del bebé se crea una representación generalizada de esta relación que puede caracterizarse por la incertidumbre, la distancia o el miedo.
De usted depende qué se graba en la mente de su bebé y cómo responderá cuando sea mayor con estos circuitos que se quedaron marcados en su recuerdo más olvidado
Principales preocupaciones de los padres en este periodo
o La inversión parental.
Somos una de las especies que dedica más inversión parental (es decir, tiempo que ocupan los padres en la crianza de sus hijos), aunque no la que más: las gorilas suelen estar unos siete años portando a sus bebés consigo. Muchos padres se quejan del tiempo que reclaman sus bebés. Por el hecho de andar de pie pagamos un precio: nuestros bebés necesitan de nosotros más tiempo. Al adoptar la postura erguida el canal de parto se estrechó y un bebé de un año de gestación sería muy cabe zón para nacer. Por eso nacemos antes, muy prematuramente, y se nos debe cuidar más tiempo. El hecho de saber que su bebé es así, que no es que quiera tomarle el pelo, hará que usted se sienta más segura con lo que hace y, por lo tanto, más tranquila. Y si quiere más consejos prácticos puede mirar en el capítulo IV el apartado dedicado a la organización y gestión del tiempo en familia. De momento hay soluciones prácticas como llevar al bebé atado a su cuerpo, así puede cuidarlo y tener las manos libres para hacer otras actividades.
o Cuanto antes, ¿es mejor?
Muchas veces se utiliza el argumento de que «cuanto antes, mejor» para que los padres se atrevan a poner en práctica actitudes hacia sus hijos que no tienen ninguna base lógica ni científica. Nadie quita un pañal a los 3 meses porque sabe que el bebé no está preparado para ello. Su desarrollo cerebral no le permite hablar, controlar esfínteres, pensar y razo nar antes de los 2-3 años. Por eso, cualquier aprendizaje que necesite de alguno de estos procesos psicológicos no va a ser adquirido hasta esa edad, aunque lo practique desde la cuna. No enseñe a escribir a su hijo de 2 meses (es tiempo perdido); en cambio, si empieza después de los 2-3 años tiene más posibilidades de que lo aprenda en un corto espacio de tiempo. ¿Enseñamos a llevar coches a nuestros niños de 10 años? Los adultos pensamos que no están capacitados para asumir una responsabilidad tan grande hasta los 18; en cambio, sí pensamos que pueden hacer sin problema cosas más complejas como tener técnicas de estudio, el autocontrol emocional y la adquisición y respeto a todas las normas (¡a los 10 años es mucho más fácil que conduzcan un coche de forma correcta, créame! Rételo a una carrera de coches en un videojuego y verá). Si usted aún es de los que opina que «cuanto antes, mejor», antes de sacar a su hijo de la habitación, antes de retrasarle las tomas de pecho, antes de dejarle solo para que se acostumbre, por favor: quítele el pañal, enséñele a leer, a encender la tele, etcétera. Si no está preparado para esto, tampoco lo estará para lo otro.
o ¿Se malcrían?
El concepto de malcriarse tiene dos significados. a. Por un lado, el niño que se acostumbra a una cosa y pensamos que no se le podrá cambiar: «Es que si le dejo dormir en mi cama no lo podré sacar nunca». ¿Usted cree que si lo acuesta en una cuna no lo podrá sacar nunca? Nadie ha pensado que los niños puedan «engancharse» de por vida a una camita de 40 x 100 cm, pero todo el mundo está de acuerdo en que se pueden «enganchar» a una de 135 x 200 cm. Los niños no saben de medidas de camas y tienen tantas posibilidades de engancharse a la cuna como a la cama de matrimonio. Si fuera así, acuéstelo siempre en una de matrimonio, que estará mejor visto de mayor que si siempre duerme en una cuna. Si usted es de los que cree que si se acostumbran a algo nunca más lo va a cambiar, acostúmbrele desde que nace a lo que hacemos los mayores: no le ponga pañal nunca, no le dé chupete, no le vicie a tomar biberones (el pecho se lo puede dar, pues no está mal visto entre los adultos que se deseen las tetas, se tenga el sexo que se tenga). Por supuesto, nada de cochecitos de paseo, que luego no quieren andar nunca. Ya hemos visto que los niños no poseen capacidad de razonar y memoria de lo que está pasando antes de los 3 años; por lo tanto, la palabra malcriar no sirve para los pequeños. Puede que su hijo se acostumbre a dormir en un determinado lugar, a pasear con la abuela, a jugar con su patito, pero eso no quiere decir que esté malcriado o viciado. Simplemente muestra sus preferencias. Si hay alguien moldeable, adaptable y flexible, ése es un niño. Lo sé, trabajo con ellos. Con tiempo y cariño se pueden convencer y se dejan modificar. Pero lo más importante es que si usted no lo hace, el niño lo hará por usted: es imposible obligar a un niño a quedarse para siempre en la cuna o en la cama de sus padres. Es imposible obligarle a que toda la vida tome el pecho o el biberón o a que se quede con el chupete. Es imposible impedirle que un día quiera quitarse el pañal.
De la misma forma que ningún adulto continúa durmiendo en la cuna, su hijo dejará la cama de sus padres. De la misma forma que ningún adulto continúa con el chupete, su hijo se destetará solo. De la misma forma que ningún adulto continúa con el pañal, su hijo también lo dejará. Nada hay tan cambiante como los intereses de un niño cuando se hace mayor. No deje de darle algo o de hacer algo sólo por el miedo a que nunca pueda retirar esa costumbre en su hijo. b. El segundo significado de malcriarse está relacionado con el egoísmo: sólo piensa en él. «No tiene nada grave, pero quiere que esté pendiente de él: me toma el pelo», dicen algunos padres. En cuanto a esta conducta de desear estar bien y reclamarlo sin importar nada más, hay cuatro grupos de personas que la realizan. En tres es normal y sólo en una es patológico y perverso. Las tres «normales» son los bebés, los adultos enfermos y algunos ancianos. Estos tres grupos desean estar bien y reclaman cuidados sin atender muchas veces a nada más.
En el caso del niño es porque necesita preservar su hábitat y lo reclama por encima de todo: si no lo tiene, se cree morir. Siente que su vida está amenaza da, que lo que necesita no le es dado. No le toma el pelo cuando deja de llorar ante su madre que le coge en brazos: sólo quería eso y por eso ya no llora. Si su madre le vuelve a dejar en la cuna, volverá a llorar. Pero no toma el pelo a nadie; es su forma de decirle lo que necesita. Por eso, cuando lo tiene, calla, y cuando le falta, llora
En el caso del adulto enfermo y del anciano es algo derivado de la enfermedad o de la vejez: «Cuando sufrimos una crisis febril nos sentimos aturdidos e indefensos y, como el bebé, no deseamos otra cosa que recibir alimento, saciar la sed, recibir cuidados y dormir; no nos interesa otra cosa».16 El único caso en que resulta una cosa perversa es en el adulto normal: «La variante perversa puede observarse en los adultos que atropellan a los demás persiguiendo la satisfacción exclusiva de sus intereses, lo que en términos psicológicos llamaríamos narcisismo».17 Así pues, si su hijo reclama alguna cosa, por algo será. Él no sabe de días ni de noches, ni de si es importante para usted o no; él sólo sabe que quiere eso y lo pide. Conforme pase el tiempo será capaz de esperar, será más autónomo y reclamará menos, pero sobre todo ya sabrá qué es lo que se considera importante o no para los adultos y obrará en consecuencia.
En cambio, los adultos ya conocemos esas cosas. Por lo tanto, nosotros sí podemos hacerlas o no para manipular. Y algunos padres las hacen egoístamente para que la gente les deje hacer lo que ellos quieran. Si observa en algún padre conductas de ese tipo: «Quiero descansar por encima de todo y todos», «Ahora quiero que no me moleste nadie», «Ven cuando yo te lo mando», etcétera, normalmente también podrá observar que critica en su hijo lo que él hace, con la salvedad de que su hijo no lo hace con la misma intención que él. El hábitat preservado debe durar mientras el menor así lo pida: normalmente llega un momento en que el bebé quiere dejar los brazos de su madre y ser depositado en el suelo, en donde empieza a sentarse o a gatear. Ningún bebé permanece eternamente en brazos de su madre.
EL PERIODO DEL TIEMPO RESPETADO (7 A 24 MESES)
Qué es tiempo respetado y por qué? Los niños que han recibido los cuidados adecuados y a los que se les ha preservado su hábitat van creciendo y necesitan sentir además que son respetados en aquello que realizan. Pero no sólo en lo que hacen, sino en el tiempo que tardan en hacerlo. Cada niño tiene su ritmo, y querer forzarlo hace que el niño sienta que hace mal las cosas. La introducción forzada de ali mento, los métodos traumáticos para que el niño duerma y los castigos severos ante el control de esfínteres van a provocar un menoscabo de la autoestima del menor. Entre los 7 y los 24 meses, la mayoría de niños suelen presentar ansiedad. Para el profesional entrenado es fácilmente observable mediante tests musculares, o con la forma de garabatear cuando ya son algo mayores. ¿Por qué? Pues porque se les obliga a ir a un ritmo sin tener en cuenta el suyo. Como citaba al principio de este apartado, «las personas hervimos a diferentes temperaturas»; esto es, cada una necesita un tiempo distinto para hacer y adaptarse a las cosas. Los niños también. Pero con los niños no se tiene en cuenta. Es normal saber andar entre los 11 y los 18 meses, pero como usted tenga un bebé que no sepa andar alrededor del año ya le van a mirar mal. La enuresis (hacerse pipí) no se considera problemática hasta pasados los 5 años, pero como su hijo vaya a la escuela con 3 años y lleve pañal le mirarán mal.
hijo vaya a la escuela con 3 años y lleve pañal le mirarán mal. Los niños entre 7 y 24 meses son forzados en los aspectos más importantes de su vida, ya que en esa edad es cuando se dan los mayores aprendizajes de un
o La alimentación complementaria.
o La deambulación (gatear, andar).
o La superación de la angustia de separación
o El control de esfínteres.
Pero no se respetan sus tiempos y el día en que el niño cumple los 7 meses nos lanzamos como locos a una carrera para que tome papillas, o llegados los 2 años queremos sacar el pañal cueste lo que cueste en un par de días. Total, si otros lo consiguen, ¿por qué no el nuestro? Pues no tiene por qué ser así: cada niño tiene su tiempo. El problema radica en que cuando un bebé nace, la sociedad les regala a los padres dos valiosos objetos virtuales para su crianza: un cronómetro y un aro. Así, desde que el niño nace, el juego consiste en hacerle pasar por el aro al mismo tiempo que los demás. Es decir, llega el séptimo mes y, como la mayoría ya come papilla, el nuestro es obligado a tomarla, cuando la lactancia debe ser mayoritaria hasta el año y la papilla sólo es un «extra».19 Resulta que llega el segundo año y nos ponemos como locos a quitarle el pañal sin mirar si está preparado: un niño no preparado, en lugar de controlar esfínteres, lo único que hace es contracturar la musculatura de la pelvis y realiza un mal aprendizaje. No cree un problema donde no lo hay. Antes de forzar a su hijo, busque bien los periodos «normales» de adquisición de cada una de estas metas y no se deje guiar por los valores más frecuentes, ya que cada niño tiene su ritmo. Los otros niños son ordinarios, pero el suyo es extraordinario.
El tiempo respetado es la necesidad que tiene el niño de que se respete su tiempo de adquisición por varios motivos: o Porque no hacerlo le produce ansiedad. i Porque los periodos normales son más amplios de lo que se suele decir. o Porque el cerebro del niño en esta etapa sólo tiene memoria implícita. La grabación de esos momentos de sufrimiento, debido a que es forzado, reñido o castigado por no adquirir unas metas para las que no está preparado, dejan una huella indeleble en él. ¿Cómo respetar el tiempo? Hay que estar muy atentos al bebé y a sus señales. Él irá indicando el camino de cada una de estas metas. Por si no sabe verlo, su pediatra le indicará el momento más frecuente; cuando llegue ese día, intente estar más atento. Respecto a las principales metas que hemos comentado (comida, sueño, control de esfínteres y retirada del pañal), puede encontrar sugerencias en la tercera parte del libro.
¿Qué se le transmite al bebé con el tiempo respetado?
Un bebé al que se le respeta su ritmo de adquisición siente que es considerado, que lo que hace normalmente está bien. Si a usted le dijeran que hace las cosas bien, ¿no sentiría crecer su autoestima por momentos? Nuestros hijos también. En cambio, si le dice que debe comer más, que debe dormir mejor, que haga menos pis... ¿no cree que su autoestima bajará? Si su hijo se mueve dentro de una normalidad, no lo dude y respete sus tiempos y su ritmo. El tiempo respetado no puede ir separado de la preservación del hábitat. Así, un niño al que en un primer momento se le dijo que era valioso, y ahora además sabe que se le respeta y que hace las cosas bien, será un adulto fuerte emocionalmente, seguro, con una sana autoestima y un apego sólido hacia sus progenitores.