Capítulo 8: ¡Esto es un circo!

1098 Words
Capítulo 8: ¡Esto es un circo! Antes de hacer nada, tenía que cambiarme de ropa. Una vez que volviera a sentirme yo misma, se encontraría mejor. Arrastré la maleta hasta el sofá, donde la abrí, y me encontré con que todos los elegantes vestidos que había traído, habían desaparecido, aunque el resto de las prendas parecían bastante adecuadas para estar en este lugar. Desgraciadamente. Me puse unos pantalones, un top de color melón y unas sandalias. El diminuto cuarto de baño resultó estar mucho más limpio que el resto de la caravana. Y cuando me arreglé el pelo y me retoqué el maquillaje, me sentí lo suficientemente bien conmigo misma para salir y explorar el lugar. Olores a animales, heno y polvo inundaron mis fosas nasales tan pronto como puso un pie en el suelo. La brisa caliente chocó contra mi piel, y agitó las lonas de la carpa y los banderines multicolores. Había un sonido de una radio a través de la ventana abierta de una de las caravanas y el sonido estridente de un programa de televisión saliendo de otra. Alguien estaba cocinando en una parrilla de carbón y me rugió el estómago. Al mismo tiempo, percibí el olor a tabaco, mi adicción empezaba a llamarme. Lo seguí hasta otra caravana y vi a una mujer vestida de hada apoyada contra la pared, fumando un cigarro. La saludé amablemente, pero los ojos de la chica se mostraron desconfiados mirándome de arriba a abajo. —Hola, soy Marta. —¿Es tu nombre de verdad? —Martina, pero todos me llaman Marta. ¿Cómo te llamas? Hubo un largo silencio. —Joya. —Qué bonito. Trabajas en el zoologico, ¿no? Por supuesto, o no estarías aquí, ¿verdad? —¿Zoologico? —fruncí el ceño— ¿Crees que es una zoologico? —¿Entonces qué es? Se rio. —Circo, zoologico... uhm, sí, circo. Joya me miró con el perfecto desdén que sólo los adolescentes parecen capaces de dominar. —¿Has crecido en el circo? —Al hacer la pregunta, me di cuenta de que estaba dando muchas vueltas para un cigarro—¿Cuántos años tienes? —Acabo de cumplir dieciséis. Llevo aquí algún tiempo. —Se puso el cigarrillo en la comisura de la boca. —¿Y que haces? —Veo como hacen malabares. Yo sólo salgo para posar con estilo. —¿Posar con estilo? —Para captar la atención del público. ¿Es que no sabes nada? —No sobre el circo. —Tampoco debes saber mucho sobre los hombres. Te vi entrar antes en la caravana con Damian. Alcé ambas cejas. —¿Sabes lo que dicen sobre las mujeres que se enrollan con Damian? —continuó. Estaba bastante segura de no querer escucharlo. —¿Qué? —Que todas las mujeres que se acercan a él algún día acabarán asesinándolo. —¿Porqué? —Se odian mutuamente. —Tomó una profunda calada y tosió. Cuando se recuperó continuó diciendo:—Apuesto a que se deshace de ti después de que te haya follado un par de veces. Me reí, realmente había oído cosas peores en mi infancia, pero aún me sentía desconcertada cuando esa palabra salía de labios de un adolescente vestida de Hada, parecía hasta absurdo. Yo nunca decía palabrotas. —Eres una chica muy guapa. Es una pena que lo eches a perder utilizando ese lenguaje tan vulgar. Me dirigió una mirada de desprecio absoluto. —Follar. —Se quitó el cigarrillo de la boca y lo tiró al suelo, apagándolo con la suela de la sandalia. Contemplé la colilla con anhelo. Habría podido darle al menos tres caladas antes de apagarla. Me tardé mucho en pedirle el cigarro. —Damian puede tener a la mujer que quiera —me dijo Joya con algo de desprecio por encima del hombro cuando se dio la vuelta para marcharse— Puede que seas su novia ahora, pero no durarás mucho tiempo. Apreté los labios, si este mujer supiera de que en realidad yo era su esposa... Joya solo se dio la vuelta y se fue. Uhm, ni siquiera mirándolo por el lado positivo, podía decir que el primer encuentro con uno de los miembros de este lugar hubiera sido bueno. Me pasé la siguiente media hora deambulando por el recinto, observando los paseos de los elefantes desde una distancia segura y procurando mantenerse apartada del camino de todo el mundo. Me percaté de que había un orden sutil en la forma en que funcionaba el circo. En la parte delantera se encontraba el puesto de comida y de venta de recuerdos junto a una carpa decorada con brillantes pósters de dibujos horripilantes de animales salvajes devorando a sus presas. Justo enfrente, había una caravana con una taquilla en el extremo. Cuando la gente comenzó a aglomerarse en la carpa del circo, avancé entre los puestos de comida. Los olores de algodón de azucar y palomitas de maíz se mezclaban con los de los animales y el del moho de la carpa de nailon del circo. Desde que había llegado a este sitio me había dado cuenta de lo ruidoso que era. Una mujer envuelta en una capa de muchos colores salió de una de las caravanas y se detuvo a hablar con un payaso que llevaba una brillante peluca naranja. Otros artistas comenzaban a reunirse bajo una carpa que debía de ser la entrada de los empleados del circo, ya que estaba en el lado contrario a la del público. No vi ninguna señal de Damian y me pregunté dónde estaría. Aparecieron unos enormes elefantes que venían en mi dirección, retrocedí hasta una de las caravanas. Si los perros pequeños la aterrorizaban, los elefantes no podían ser menos y estaba segura de que me desmayaría si me acercaba a uno de ellos. Varios caballos engalanados con arneses adornados con joyas se encabritaron a un lado. Vi una caja de cigarrillos casi vacía que estaban en una de las camionetas y saqué uno. —¡Señoras y señores, la función va a comenzar! Acérquense todos... El hombre que hacía el anuncio era el mismo que animaba a la gente a entrar en la casa de fieras, aunque ahora llevaba puesta una chaqueta roja de maestro de ceremonias. En ese momento vi aparecer a Damian montado en un caballo n***o. Fue entonces cuando me di cuenta por primera vez de que mi esposo me había engañado, esto no era el zoologico, este era un circo, y él no sólo era un gerente, sino también uno de los artistas.
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