Chapter 2

1963 Words
Y entonces llego aquel espíritu de luz y por un momento pensé.... que todo estaría bien  ¿Es normal sentirse así? vacía, como si algo faltase, tal vez tu alma gemela o hilo rojo como decimos la mayoría, queremos que esa persona nos cuide sobre todas las cosas y nos de amor, no importa si es del mismo sexo o no,  lo queremos, porque es algo que necesitamos, el amor; necesitamos de él para sobrevivir en el medio y no siempre tiene que ser de un noviazgo o familiar, lo necesitamos de amigos, aquellos conocidos a los cuales le tomamos confianza y que de apoco se vuelven parte de nosotros porque se roban un espacio en nuestras almas y aun así después de morir nos vamos con los buenos recuerdos, porque perdonar hace parte de nuestro día a vivir. Era un día normal, uno común y corriente como todos los demás, no tenía nada en especial; no que yo me acordase, y ahí me encontraba yo, una niña de tan solo 8 años de edad leyendo el principito debajo del árbol el Arce del Amur en el jardín de aquel orfanato, era otoño y hacía frío, lo más probable era que cogiera un resfriado por mi descuido con respecto a la ropa, pero no me importaba en ese entonces, no había nadie que se preocupara realmente por mí, por lo tanto hacía caso omiso al cúmulo de palabras que salían de las bocas contrarias. Lo recuerdo bien, cada facción, cada emoción, cada expresión, cada letra que escapaba de su boca las cuales se formaban en palabras que luego se convertirían en frases y oraciones, era realmente un espíritu de luz, su sonrisa cuadrada y cabello castaño, un niño al menos de unos 9 años para ese entonces, había decidido ingresar a la residencia cuando oí el bullicio proveniente del lobby, el cual era provocado por la llegada de aquel niño. -         Ian ¿qué pasa aquí?, porque todos gritan como locos causando tal algarabía. -         ¿Assia no estás enterada? – pregunto confundido. -         No, no sé a qué se debe tal cosa – su ceño se frunció, había puesto atención a las clases así que no era posible que se tratara sobre algo escolar. -         Pensé que me habías puesto atención cuando te hablaba Assia – la molestia en su voz se hizo presente en aquella conversación –  es debido al chico que acaba de llegar, sus padres son ricos por lo que se comenta en todo el orfanato, pero dicen que es una molestia y no saben cómo educarlo, la miss nahyer dijo que cuando este tome madurez lo vendrán a buscar sus padres. -         Sí tienen tanto dinero porque simplemente no lo meten a una escuela donde le den la atención suficiente ¿Por qué meterlo en un orfanato? -         No lo sé Assi pero ten cuidado, ya sabes, los ricachones siempre son una molestia. -         Cómo puedes decir eso, apenas tenemos 8 y 10 años Ian , no sabemos nada de la vida, como puedes tu saber que él también será malo. -         Assia eres muy pura como para conocer o darte cuenta de que el mundo no es como lo parece pequeña, no todo es un cuento de hadas, tarde o temprano te darás cuenta de ello.   Y entonces ese día de otoño quedaron las palabras de Ian grabadas en mi mente “no todo era lo que parecía” ¿el mundo entonces era malo? ¿Todas las personas de dinero eran malvadas igualmente? Tenía muchas preguntas que surcaban mi mente a diario, pocos días después conocí a Ciél, así se llamaba aquel chico de facciones precisas, sonrisa cuadrada y cabello castaño. Él no era malo como Ian había dicho, no, en cambio tenía un alma pura y amable, era muy risueño, las veces que se tornaba serio me daba miedo, era una persona la cual tenía esa sensación de paz y un aura calmada, me había dado cuenta de igual forma que  yo era mayor por unos cuantos meses; él era una persona carismática en todo el sentido de la palabra y yo, yo era todo lo contrario, era una ilusa, tímida y confusa niña a la cual le daba miedo las personas, alguien que no podía socializar rápidamente por su fobia, la primera vez que socialice con alguien fue con Ian, exactamente a los seis años de edad, llegaba tarde a mi clase de piano y sin querer chocamos en el pasillo, cuando levante mi mirada lo vi inexpresivo, tenía miedo, ese sentimiento el cual se calaba por todo mis huesos y puntos nerviosos al punto de no tener fuerzas y caer en el suelo tartamudeando, rogando, clamando que no me hiciera nada y cuando lo vi acercándose a mí con esa mirada seria y una mano alzándose pensé lo peor, aquel seria mi fin y solo por el simple hecho de haber chocado con alguien, mas sin embargo el golpe esperado nunca llego, lo volví a mirar y su mano se poso en mi mejilla con delicadeza, una sonrisa sincera y amable surgía de sus labios, entonces supe que aquél chico de cabello n***o y mejillas un tanto rosadas seria mi acompañante hasta el final de mis días en aquel lugar.   Pronto pasaron los años e Ian ya no estaba, lo había adoptado una pareja la cual no podía tener hijos a causa de un accidente, él ya no se encontraba conmigo pero aun tenia a Ciél, de a poco se fueron marchando los chicos con quienes crecí al igual que iban llegando otros, me preguntaba si había algo malo conmigo que las personas nunca me llevaban a casa con ellos, nunca crecí con remordimiento en mi corazón, de alguna forma los entendí, quien querría tener de hija a alguien como yo, una chica que no se podía relacionar con las personas, alguien muy tímida e ingenua, tanto como para no darse cuenta de lo que estaba mal, alguien que ponía una justificación para todos los malos tratos que alguna vez recibió por parte de algún niño en aquel lugar, llegando al punto de no poder levantarse de cama por días haciendo que Ciél se quedara con ella por miedo a que le lastimaran nuevamente.   Una chica de 15 años de edad se graduaba de la escuela, era muy inteligente para los estudios, al menos era buena para algo y eso le hacia regocijarse en orgullo, al punto de inflar su pecho de emoción y ego que se guardaba para sí misma. -         Assia felicitaciones, ha~ es un gusto verte graduar por fin – El chico de cabellera ahora roja froto su mejilla con la contraria, demostrando así un gesto de alegría y amor -         Gra-gracias Ciél, yo… quiero darte las gracias por acompañarme hasta aquí, es lindo ver que te quedaste conmigo y nunca me dejaste sola – sus mejillas de un tono carmesí y sus ojos inundados la hacían ver demasiado linda, algo que a Ciél le gustaba, como las personas le podrían tener tanto odio a alguien como Assia, si era cierto que era muy ingenua e inocente pero eso no le quitaba sus otros atributos. -         Ha~ es un gusto, vamos a por un helado en la cafetería sí, celebremos este logro tuyo – un beso en la mejilla fue depositado, su amistad era asombrosa, algo lindo de ver, nunca pensó que llegaría a ser amiga de aquel chico de sonrisa rara y fascinante, estaba agradecida eternamente con sus padres por haberlo metido a aquel orfanato.   Había sido feliz hasta ese momento, estaba enormemente agradecida y no se cansaría de demostrarlo, pero nada dura porque la vida siempre te lo arrebata, su expresión de felicidad se murió cuando los vio y el cuerpo de Ciél se paralizo, la miro a la cara, las lagrimas recorrían sus ojos, lo sabía, era tiempo; se había acabado, allí los diviso, los padres de Ciél lo esperaban en aquel carro de último modelo mientras que aquellos señores de ropa negra lo miraban serios, sin demostrar emoción alguna, eran fríos y eso la asusto.  -         Buenas tardes joven Novikov hemos venido por usted, es hora de volver a casa señor, sus padres lo esperan – sin dudar un momento, las palabras salieron frías y directas a su corazón, era como una bala la cual estaba decidida a matarla sin compasión alguna. -         No me dejes por favor – su voz lastimera salió, tenía miedo, tanto miedo. -         Perdón Assia, tengo… yo tengo que dejarte, pero prometo volver por ti, lo prometo con todo mi corazón – las lagrimas abandonaban sus ojos – prométeme que me esperaras a cualquier costa. -         Por favor, no me digas eso – sollozo sin poder aguantar las emociones. -         Señor su tiempo se acaba – comento sin darle importancia al drama que hacían aquellos adolecentes. -         Cállate! – la rabia lo consumió – respétame  que también soy uno de tus amos imbécil – aquel guardaespaldas hizo una venia en señal de disculpa – Assia vendré por ti, lo prometo, esta es mi dirección, si yo no he venido en tres años por favor no dudes en ir está bien.   Era tan jodidamente difícil, las dos personas a las cuales les había brindado una oportunidad, esas dos personas con las cuales había crecido y había amado; querido como si fueran parte de su familia, esa que nunca había tenido, lo abandonaba y era difícil, era difícil soltarlas, es difícil ceder ante la soledad y el hecho de saber que nunca mas serás amada por que nadie te dará la oportunidad, era doloroso aceptar aquella realidad, pero solo asintió y lo dejo ir. Ese día vio como se iba, como se adentraba en aquel carro y era amado por su madre de la cual recibió visita en todos los años que estuvo en aquel orfanato, como recibía una caricia en su cabellera por parte de su padre, se sintió verdaderamente infeliz y lloro; lloro hasta que se canso y cayó en los brazos del morfeo.   Los años pasaron; esperaba cada estación con ansias esperando a que Ciél apareciera, mas sin embargo eso nunca paso, cada vez que era su día especial  recibía una carta por parte de este, las atesoraba como si fuese algo de lo que también seria arrebatada.   De: Ciél Novikov Para: Assia Miller   Assia ¿Cómo has estado? ¿Te has alimentado bien? ¿Qué tal todo por allá? Espero y bien, en la carta de hoy quería decirte que feliz decimoséptimo cumpleaños mi ´pedacito de cielo, siento no ir este año nuevamente, he estado ocupado con algunas cosas, espero y este otoño sea más agradable que el del año pasado, se que no voy, pero eso no significa que no tenga a alguien cuidando de ti preciosa, espero y lo pases bien, en tu habitación he dejado un regalo espero y te guste, un beso es tu mejillas, se feliz, te amo.   Atte: Novikov. Hora 4:55 pm   Salió corriendo de aquella habitación, hace 5 minutos exactamente, eso era lo que había pasado después de que dejaran la carta con aquel regalo el cual aun no era abierto, se había asomado por la ventana y ahí estaba, lo reconocería a kilómetros ¿la única diferencia? ahora llevaba el cabello teñido de n***o oscuro, cuando llego había sido demasiado tarde, él ya no estaba, pero un papel yacía en el suelo y lo leyó.   Estas linda mi pequeña, espero y sigas alimentándote bien.   Y sonrió mientras las lagrimas cubrían sus mejillas, era irónico, ella era mayor que él pero aún la seguía tratando como si fuese lo contrario y aunque no lo pudiese ver estaba feliz de poder recibir sus notas y cartas, eso era demasiado por el momento.
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