Capítulo 5.

1012 Words
Eran movimientos como en círculos que hacía sin bajar la fuerza, impulsando mi cintura hacia atrás chocando mi cuerpo contra el suyo mientras el placer llegaba a su fin. Había logrado liberarme y mi mente se empezaba a relajar mientras mi mano descansaba. Me había dejado llevar por un gran momento ideando como resolver mi vida teniendo grandes placeres. Pero casi no tuve tiempo de descansar, cuando me sentía más relajada alguien tocó la puerta de mi habitación y me levanté de un saltó. -¿Quién? -Pregunté tratando de tomar aire y disimulando mis acciones. -Soy yo, me gustaría conversar contigo. -La voz era de mi padrastro lo cual me dió escalofríos. ¿Lo habría llamado con mi mente?, ¿Seguía mi imaginación como loca? No sabia que sucedía pero me tomó por sorpresa y no me quedó más remedio que sacudir mi ropa y abrir para averiguarlo. -Hola, ¿Puedo pasar? -Me preguntó al verme parada enfrente de él. -Si claro adelante. -Por la sorpresa de me olvidó mantener el carácter rudo había él y me salió mi personalidad amable que tenía de rutina. El pasó y se me quedó viendo un poco raro, en ese momento me comencé a preocupar por mi imagen. Mi sudadera rosa era de cierre y yo la traía abierta dejando descubierto mi hombro izquierdo, mi playera de abajo seguro también estaba desalineada. Lo que más me preocupaba era mi pans, por mi actividad anterior y levantarme rápido no supe ver si lo había acomodado bien. -¿Qué estabas haciendo? -Me preguntó mirándome fijamente poniéndome muy nerviosa. -Yo estaba arreglando mi cuarto, pensando que debería pintar. -Mi mejillas debieron sonrojarse mientras mi voz tartamudeaba. Estoy segura que debió parecer que ocultaba algo y aunque lo que dije era verdad no me vi muy convincente. -Eso es muy bueno. -Dijo el siguiéndome la corriente. -¿De qué color te gustaría pintar? -Eso da igual, no tengo dinero para comprar pintura. -Regresé a mi tono de voz normal y me hice la víctima como ya era mi costumbre hacerlo. -¿Y desde cuándo te hemos negado dinero si lo necesitas? -Me dijo mirando la pared. -Solo tienes que decirlo y con gusto te ayudamos a hacerlo. -Pues mi madre no creo que lo haga, ella está enojada y ni me dirige la palabra, no creo que le pueda pedir algo. -Cierto, a platicar sobre eso venía yo. -Regresó su mirada a verme y noté que estaba un poco nervioso también. Eso fue nuevo para mí. -¿Hasta cuándo me vas aceptar? -Lo sentí muy sincero y me confundió un poco. Mis recientes pensamientos y hasta en mis sueños lo había visualizado diciéndome eso pero en otro contexto. -No entiendo, ¿Cómo que aceptar? -Traté de alargar la conversación como lo hacemos haciendo preguntas cuando no sabemos que responder o nos toman por sorpresa. -Llevo ya mucho tiempo viviendo con ustedes, conviviendo todos los días intentando ser una familia pero parece que tú no quieres eso. El me miró de una forma tierna, como si en verdad le afectara el sentir mi rechazo y los problemas con mi madre por está situación. Sentí un poco de remordimiento, haciendo memoria él siempre se había preocupado por mi como un auténtico padre aunque yo, por mis egos, no lo hubiera visto así. Por un momento comenzó a darme remordimiento por mi actitud no cordial hacía él pero después volvía mi otra mentalidad la cual me hacía culparlo por haberse metido en mi casa y con mi familia, esa era su culpa y yo nada podría hacer. -No es que yo no te acepte, es que estás queriendo ocupar un lugar que no te pertenece. -Dije intentando ser lo menos grosera e hiriente que pude. -Yo estoy segura que eres muy buena persona, lo has demostrado en muchas ocasiones pero yo jamás podré verte como tú quieres y eso siempre me hará pelear con mi madre. -¿Y tú qué sabes en como quiero que me veas? -Me dijo con ese tono tan varonil que le caracterizaba confundiendo aún más mis pensamientos. -Pues no lo sé, pero me lo imagino. -Le respondí tratando de seguir los papeles de hijastra-padrastro. -Supongo quieres que te vea como la pareja de mi madre y un ejemplo de padre para mí. -Tal vez algún día entiendas mejor las cosas. -Me regaló una sonrisa que no supe cómo interpretar ni mucho menos sus palabras pero no tuve el valor para seguir investigando en la conversación. El tiempo pasaba y este tipo de situaciones eran las que me daban a entender como debía jugar mis cartas para tener la vida que yo deseaba. ¿Qué iba a esperar de la vida?, ¿Una relación de amor y respeto que sabía nunca llegaría? Mira a mi madre se casó con mi papá y ya no estaban juntos, en su momento debieron de pensar en lo muy felices que eran y ahora ni se extrañan. A mí misma no me había funcionado el amor y no tenía nada que ver con mi edad y que aún faltaba mucho por conocer, no iba a perder el tiempo esperando. -¿Y tú cómo estás tan seguro en como quiero verte yo? -Lo miré seriamente y con un tono de voz seductor. -Una cosa es lo que a ti te gustaría y otra muy diferente es lo que los demás queremos ¿No crees? -¿Y qué es lo que tú quieres? -Me miró un poco extrañado pero empezaba a entender el mensaje. Mis opciones eran seguir fingiendo o lazarme directamente a lo que quería, si lo tenía de mi mano el dinero que me podría dar además de la satisfacción podría ser mucho. Si el se negaba y me acusaba podría decir que era mentira y ese sería mi pretexto ideal para separarlos. -¿Cómo te gustaría que me comportara contigo? -Dijo cayendo en mi plan. -Me gustaría que fuéramos más unidos, que me complazcas siempre y me des lo que te pida.
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