Ignacio. —¿Vamos a desayunar?. —Vamos. —Pero yo te invito. —la acompañé al banco a hacer el deposito del auto, le alcanzó para pagar siete cuotas y le sobró un poco de plata que se tira aire con los billetes dándome risa. —Obvio que si, acá tu eres la platuda. —Si, hasta que me vaya a comprar una remerita que vi. —Para un poco con la ropa nena, si un día la casa se derrumba va a ser por el peso de la ropa. —No me importa, cuando salgo no tengo que ponerme. —la miro serio pero no aguanta la risa—. Naa nene, quiero comprar un par de cosas que me hacen falta en la casa. —¿Como qué?. —Unas sabanas nuevas o una aspiradora de auto o los forros de los asientos, probé los del otro auto y no van. —Bueno, vamos al super así me das una mano con las compras. —estaciono en el reservado del lo

