Lucrecia. Me miro al espejo gimiendo, Enrique desde la puerta me mira sin decir nada pero sabe todo, no hace falta que le diga nada para que sepa lo que tengo, y sé que me lo va a preguntar. —La descompostura no era por el parque. —No, no era por eso. —me mojo la cara con bastante agua fría. —¿De cuánto estas?. —No tengo idea, y sinceramente no quiero saber. —salgo agarrándome de las paredes. —¿Cómo que no quieres saber?. —No, cuando le diga a Ignacio se va a enojar muchísimo. —en el escritorio me inclino hacia adelante con los ojos cerrados—. Hace unas semanas me dijo si tomaba bien la pastilla y le dije que no sé preocupe, que nada que ver. —Bueno, vamos que te llevo al medico así te revisan. —Mejor me voy a mi casa. —No te pregunté Lucrecia, vamos. —me ayuda a caminar porque e

