—¡Maldita sea, Faith! Vamos, o te dispararé yo misma. Destiny se encontraba entre dos enormes gigantes mientras yo estaba detrás del alienígena original que había detenido nuestro coche. Sin embargo, Faith apenas estaba trotando, agitando su bolso en el aire, burlándose del gobierno o del ejército, o de quienes fueran los malditos agentes detrás de ella. Ellos podrían haberla atrapado. Fácilmente. Y ella lo sabía. Pero a ella siempre le encantó un buen juego del gato y el ratón, y sabía que los humanos no querrían jugar con ella con el calor extraño que nos rodeaba. —Ya voy, ya voy. Ella estaba sonriendo. Lucía radiante. El gigante más cercano a mí se despertó, mirándola. Con una sonrisa, ella le dio una palmadita en los bíceps mientras pasaba a su lado, la parte superior de su cabeza n

