La noche se vuelve una niebla espesa de deseo y sensaciones. El club está más lleno que nunca, la música pulsando con un ritmo que parece marcar el latido acelerado de mi corazón. Brandon y Patric, cada uno con su estilo, me envuelven en una especie de burbuja impenetrable de tensión, placer y tentaciones. El alcohol fluye sin restricciones, pero no son los tragos lo que me emborrachan, sino el fuego incontrolable entre los tres. Brandon se vuelve más audaz. Mientras seguimos en la pista, sus manos se deslizan por mi cintura, subiendo por mi espalda para luego descender peligrosamente por mis caderas. Su boca está cerca de la mía, su aliento caliente contra mi piel, y siento cómo su cuerpo me presiona, su energía sin límites expandiéndose hacia mí como una tormenta que no tiene intención

