El amanecer apenas roza los bordes del horizonte cuando volvemos a la cama, exhaustos pero aún electrizados por la intensidad de la noche. La ciudad despierta lentamente bajo nosotros, pero en la habitación parece que el tiempo se ha detenido. Brandon y Patric, a mi lado, se han relajado un poco, pero no lo suficiente como para borrar del todo la tensión latente que sigue presente entre los tres. Me giro hacia Brandon, quien respira profundamente, su brazo aún envuelto firmemente alrededor de mi cintura, como si me reclamara incluso en el sueño. Su rostro sereno, ahora relajado, es una versión completamente opuesta del hombre que fue anoche en el club: desbordante, salvaje, casi imposible de contener. Lo veo en este momento, y me doy cuenta de cuánto lo quiero, de cuánto he caído en el ca

