Los días posteriores a esa confesión son una especie de tregua. No hay grandes discusiones, pero tampoco hay claridad completa. Estamos en una zona indefinida, como si camináramos sobre terreno inestable, probando qué tanto podemos avanzar antes de que algo se derrumbe. Patric y yo continuamos hablando como siempre, pero hay una nueva suavidad en él, una vulnerabilidad que antes no dejaba ver. Ha aceptado la situación, pero sé que en su mente está analizando cada pequeño detalle, buscando una forma de que todo encaje, de que funcione sin rompernos a ninguno de los tres. Brandon, por su parte, sigue siendo el huracán que es. Aparece sin previo aviso, llevándome a cenar, a caminar por la ciudad, siempre intentando mantenerme en el presente, como si al no dejarme pensar mucho, pudiera evita

