El silencio entre Patric y yo en el parque empieza a sentirse pesado. El sol sigue brillando, pero hay una sombra en mis pensamientos que no puedo disipar. Quiero a Patric. Lo quiero de la manera en que una parte de mí siempre ha deseado algo seguro, algo estable. Sin embargo, cada vez que cierro los ojos, veo a Brandon, con su intensidad, su fuego. Los quiero a los dos. Es un pensamiento que me asusta, porque sé que no puedo decirlo en voz alta. Sería como romper las reglas de un juego que ninguno de los tres decidió jugar, pero que estamos atrapados jugando.
Patric suspira a mi lado, rompiendo el hechizo del silencio.
—Sé que estás pensando en él —dice, sin amargura, pero con un tono que me duele más de lo que esperaba.
Lo miro, pero no respondo. Porque tiene razón. Estoy pensando en Brandon. En cómo, aunque estoy aquí, sentada en la paz que Patric me ofrece, hay una parte de mí que ansía esa adrenalina, esa chispa que Brandon provoca en mí cada vez que estoy cerca de él.
—No es tan fácil —murmuro, aunque sé que no es una excusa suficiente. Patric me conoce mejor que eso. Él sabe que mi silencio dice más de lo que mis palabras nunca podrían expresar.
—Valeria, no soy ciego —su voz es tranquila, pero cada palabra lleva el peso de la verdad—. Veo cómo te mueves entre nosotros dos, y aunque no te lo diga, sé lo que está pasando. No soy de esos que van a pelear en campo abierto por alguien, pero también sé que no puedo quedarme de brazos cruzados esperando que decidas.
Miro nuestras manos entrelazadas y siento una punzada de culpa. Él merece claridad, merece algo más de mí, pero lo que no puedo decirle es que una parte de mí quiere a ambos. Brandon y Patric. Los necesito en mi vida, cada uno por razones distintas. Pero admitírselo a él, a ellos, sería abrir una caja que no estoy lista para enfrentar.
Me despido de Patric con una sonrisa cansada, prometiéndole que hablaré con él más tarde. La verdad es que necesito tiempo, espacio, para pensar, aunque sé que ninguno de los dos me lo dará indefinidamente. Camino sin rumbo, mi mente dividida entre los recuerdos de ambos, hasta que de repente mi teléfono vibra. Es Brandon.
"Ven a verme esta noche. No puedo esperar más."
Su mensaje es corto, directo. Es la manera en que siempre ha sido conmigo, sin rodeos, sin juegos. Mi corazón salta al verlo, pero también siento una presión en el pecho. Ya no es solo una cita casual, esto se está volviendo demasiado serio, demasiado rápido. Y sé que Brandon, en su manera impulsiva, está esperando que yo le diga algo definitivo. Algo que aún no puedo ofrecer.
La noche cae sobre la ciudad, y cuando llego al apartamento de Brandon, la tensión entre nosotros es palpable desde el momento en que abro la puerta. Él está allí, de pie junto a la ventana, con la ciudad extendiéndose bajo nosotros como un paisaje distante. No se molesta en saludarme con una sonrisa esta vez. Su mirada es directa, intensa.
—Tenemos que hablar, Valeria —comienza, su voz cargada de esa urgencia que siempre lo define—. No puedo seguir así. No puedo compartirte. Necesito saber si estás conmigo o no. Y necesito saberlo ahora.
Mi corazón late con fuerza. La habitación parece demasiado pequeña para contenernos a los dos, para contener todo lo que está en juego. Trato de pensar en qué decir, en cómo explicarle que, aunque lo quiero, no estoy lista para dejar ir lo que tengo con Patric. Pero las palabras no salen.
—¿Es por él, verdad?" —pregunta, sin necesidad de mencionar el nombre de Patric. El espacio entre nosotros se vuelve eléctrico, cargado de emociones que ambos hemos estado evitando durante demasiado tiempo.
—Brandon... —mi voz tiembla, y odio cómo suena. Odio lo insegura que me siento en este momento, atrapada entre lo que deseo y lo que no puedo admitir—. No es tan simple.
—Sí lo es —interrumpe, dando un paso hacia mí, sus ojos ardiendo con esa intensidad que siempre me ha desarmado—. Es simple, Valeria. O estás conmigo o no lo estás. ¿Es que no lo ves? No puedo seguir pretendiendo que esto no nos está destruyendo.
Lo veo acercarse, y aunque una parte de mí quiere saltar en sus brazos, otra siente el peso de lo que significaría. Si le digo que sí, si elijo a Brandon, estaré dejando ir la calma, la comprensión, todo lo que Patric me ofrece. Pero si le digo que no, perderé esa chispa que solo Brandon ha logrado encender en mí.
—Yo... no sé qué hacer —admito finalmente, sintiendo cómo mis defensas se desmoronan—. No sé cómo elegir. Los quiero a los dos. A ti y a Patric. No es justo, pero es la verdad.
El silencio que sigue es devastador. Brandon me mira, sus ojos oscuros buscando respuestas en mi rostro, como si no pudiera entender lo que acaba de escuchar. Es la primera vez que lo digo en voz alta, y al hacerlo, siento un peso caer sobre mis hombros. El aire en la habitación se vuelve denso, casi sofocante.
—¿Qué acabas de decir? —susurra, incrédulo. Su voz ya no es la de un hombre seguro. Ahora está llena de vulnerabilidad, de algo que nunca había visto en él: miedo.
—Brandon, lo siento... No puedo elegir. No puedo dejarte ir a ti, pero tampoco a Patric. Lo que siento por ustedes dos es real, y sé que no debería ser así, pero lo es. Estoy dividida.
Me mira como si hubiera cometido una traición imperdonable, sus manos se tensan en puños y por un momento pienso que va a explotar. Pero lo que hace a continuación es aún peor. Se aleja.
—Entonces no hay nada más que decir —su voz suena vacía—. No soy de los que comparten, Valeria. Si no puedes decidirte, yo lo haré por ti.
Y con esas palabras, sale de la habitación, dejándome sola, rodeada por el eco de una decisión que nunca quise tomar.