El sonido suave de las olas me envuelve mientras el cielo sobre nosotros parece cada vez más oscuro y estrellado. Brandon me sostiene con fuerza, como si quisiera asegurarse de que no me aleje, mientras que Patric está detrás de mí, sus manos recorriendo mi espalda con esa mezcla de ternura y control que lo caracteriza. Estoy atrapada entre ellos, no solo físicamente, sino emocionalmente, enredada en un laberinto del que no quiero salir, aunque sé que eventualmente tendré que hacerlo. Los minutos pasan lentamente, como si el tiempo se hubiera detenido justo en el borde de esta playa desierta. Brandon es el primero en romper el silencio, con con su voz baja y ronca por la intensidad del momento. —Esto no es lo que esperaba cuando te conocí, Vale, —dice, su mirada intensa fija en la mía,

