Mi vida se había convertido en un mundo monótono, me habían dado de alta hace un mes, un largo mes en que no he visto a Sergio, me habían dado unos días en el trabajo y varias de mis citas las tenía Andrea en lo que volvía.
-¿Como te sientes hija? - pregunto mi padre mientras me entregaba una taza de café, cuando me dieron de alta no me permitió volver a casa de Sergio, por lo que me había traído a su casa, una en una zona mucho más sencilla que donde vivía anteriormente.
La casa no era lujosa, aunque mi padre ganaba bien en su trabajo decidió seguir viviendo aquí, con los recuerdos de mi madre, una casa sencilla pero hermosa con una decoración elegante.
-Estoy bien papá, no te voy a mentir, aun me duele todo lo que pasó pero estoy consciente en que no me hace bien- di un sorbo al cafe- Necesito ir por mis cosas a la casa, más que nada por lo que realmente importa- el asintió
-Puedo ir contigo si así lo deseas- lo mire con una sonrisa y negue
-Es mejor que valla sola, solo recogeré las cosas y listo, además el abogado me ha mandado el certificado de divorcio, ya lo he firmado yo y solo falta su firma- señale la carpeta que estaba frente a mi
-¿Estás segura de esto? Sabes que te apoyo en todo mi princesa- tomo mi mano
-Estoy segura papá, lo que pasó fue su culpa y no lo quiero en mi vida- beso mi mano y sonrio
-Nunca permitas que te hagan sentir menos, eres una persona maravillosa y el que no lo vea es un idiota, como ese que era tu marido- sonreí ante las palabras de mi padre.
-Lo sé papá, es increíble que no viniera ni una sola vez a verme- mencione con pesar, a pesar de todo me seguía doliendo su actitud.
-Eso debe de significar que no le importas en lo más mínimo- sonreí con tristeza- Tengo que ir al hospital regreso para la cena- asentí y el se fue.
Subí a mi habitación, no tenía mucha ropa ahi, casi toda estaba en esa casa donde viví durante 3 años, me puse un pantalón de mezclilla y una blusa rosa bajito, deje mi cabello suelto y me coloque unos tenis blancos.
Tomé el auto de mi padre y conduje a lo que anteriormente considere mi hogar, era el día perfecto para ir, Sergio no estaria ya que le toca turno matutino.
Estacione mi auto y entre, no había nadie tal y como lo supuse, la casa estaba hecha un desastre, cosas por todos lados y los platos amontonados como si no los lavaran en días, subí hasta la habitación que compartimos y estaba igual, sábanas regadas, ropa tirada, fui hasta el vestidor y tomé mis maletas.
Coloque todo lo que una vez me perteneció, toda la ropa que compré yo con mi sueldo, mis zapatos, joyas y documentos personales, dejando de lado lo que Sergio me regalo durante el tiempo que vivimos juntos.
No pude evitar derramar algunas lágrimas mientras preparaba mis maletas, baje con ellas eran tres en total, me acerque a la mesa del comedor y dejé la carpeta con el acta de divorcio, lista para que el firmará.
Abrí la puerta encontrandome con el, apuntó de abrir la puerta, no venía solo, su amante estaba a su lado, su vientre se veía más abultado, tenía alrededor de 5 meses, mi mirada cayó en ella y su vientre, recordando lo que yo había vivido.
-¿Qué haces en mi casa? - pregunto Sandra con desagrado- Quiero que te largues- me miro con suficiencia y yo me cruce de brazos
-Isabella tenemos que hablar- se acerco a mi un paso y yo di dos atras
-No tenemos nada de que hablar- mencione con desagrado- sólo vine por mis cosas, dejé todo lo que me compraste alguna vez en el armario- tome mis maletas y cruce al lado de Sergio pero me detuvo el brazo haciendo que lo mirara- Sueltame- hable en voz baja pero decidida
-No te vas, eres mi mujer Isabella- su voz era demandante pero no sentía miedo
-¿Tu mujer? Lo fui antes de que decidieras engañarme ya no soy nada tuyo, tienes a Sandra y un hijo en espera, ahora dejame tranquila- Sandra se puso a mi lado
-¿Sabes porque me escogió a mi y no a ti? - sonrió antes de empujarme sin lograr derribarme quise hacer lo mismo pero me detuve al pensar en su hijo- Soy mucho más bonita, más candente, Sergio me comentó que ya no lo satisfacías, que estar contigo era como acostarse con una tabla, mirate estas gorda y fea ¿Quién podría estar con alguien como tú? - hablo con odio
-Ya basta Sandra, ve adentro- hablo con fuerza y ella solo sonrió antes de acercarse a él y besarlo, cerré mis ojos y los abrí cuando escuche como entraba a la casa- Isabella todo tiene una explicación mi madre.. - no lo deje hablar mi mano chocó con su rostro haciendo que se girará ante el impacto
-Eres un idiota Sergio, no quiero tratar nunca más contigo, sobre la mesa te deje los documentos del divorcio, firmalos y mandalos a mi abogado, no te pido nada, no quiero dinero, no quiero ni la casa ni los carros, no quiero absolutamente nada de ti- tome mis maletas y me dirigí al auto de mi padre y las subí al maletero, el me había alcanzado y me tomó de la cintura cuando cerré la puerta del maletero- Sueltame- me moví inquieta
-Isabella eres mi mujer, te aseguro que todo tiene una explicación, yo te amo- me miro por un momento, lo imite y mis ojos se posaron en los suyos, sonreí sarcástica y lo empuje
-Quién ama no traiciona Sergio, firma los documentos y terminemos con esto- me aleje de él acercándome a la puerta
-No te daré el divorcio- me detuve antes de entrar
-Ya veremos- sonreí retandolo y subí al auto.
Me aleje lo más rápido que pude no podía creer que esto me esté pasando a mi.
Llegando a casa le marque a mi jefe, le comenté que había mejorado y mañana mismo regresaré al hospital, necesito distraerme, dejar de pensar en todo.
No podía evitar llorar mientras guardaba mis cosas, me había casado enamorada, sentía que estaba en el cielo, en un matrimonio perfecto pero todo había cambiado, por momentos creía que los ojos de Sergio mostraban amor cuando me miraba, pero sus acciones no concordaban con eso.
Limpie mis lágrimas y me mire al espejo, había perdido peso, mi rostro traía ojeras y mi piel se veia más pálida de lo normal, no podía creer que yo misma me hiciera esto.
Estaba segura que si mamá estuviera aquí estaría decepcionada de verme en estas condiciones, cerré mis ojos y suspiré.
Era momento de pensar en mí, solamente en mi.