El valet parking se acercó y él le dio las llaves para que aparcara su auto, entró sin ningún problema en el local, el guarda de la entrada había visto el auto de donde se había bajado, y sabía que un Bugatti “La Voiture Noire” no bajaba de diez y ocho millones de dólares al menos, así que debía tratarse de alguien importante.
El guarda se volteó hacia un compañero que lo ayudaba en la puerta donde había una cola de personas esperando a que las dejaran entrar en el exclusivo lugar.
—¿Viste el auto donde vino ese tipo? —le dijo— ¿Quién demonios será?
—¿Ese? —lo miró con condescendencia— Tienes que leer de vez en cuando aunque sean las revistas de negocios. Ese sujeto salió en la portada de “Forbes” es el CEO de Infinix Corp. Una de las empresas más ricas del mundo, incluso negocia su propia criptomoneda.
El otro sujeto soltó un largo silbido de admiración y suspiró.
James mientras tanto había entrado en el lujoso local, se dirigió a la barra mientras esperaba a que llegara Jonathan, le mandó un mensaje apenas se ocupó en la barra, pidió un whisky en las rocas y el bartender le preguntó si quería que le abriera una cuenta.
James asintió y el sujeto le pidió una identificación y una tarjeta para la referencia, entonces le mostró su carnet de la corporación a lo que el sujeto abrió la boca por la sorpresa, luego le mostró la tarjeta Palladium de J.P. Morgan, con lo que el sujeto le pidió disculpas y le dijo que tenía cuenta abierta para lo que quisiera.
Solamente para obtener esa tarjeta necesitabas tener depositados al menos veinticinco millones de dólares en una cuenta del banco, y a la empresa Infinix Corp la nombraba mucho la prensa por sus innovadoras políticas de negocios.
Se quedó allí en la barra esperando a su amigo, mientras tanto recorrió el amplio local con la mirada, aunque las luces no eran muy buenas como para mirar a la distancia pero al menos veía las siluetas tenuemente iluminadas.
La pista de baile estaba hacia la derecha y hacia el fondo de ese lado, de ella se veía menos que de las mesas, había bastante intimidad en esa zona.
«Ideal para un sinvergüenza como Jonathan» —se dijo.
De pronto unas risas hacia el lado izquierdo le llamaron la atención, provenían de una mesa que estaba a la izquierda del local, en ella se encontraban cuatro chicas elegantemente vestidas, dos eran definitivamente neoyorkinas, la otra se veía un poco diferente, no sabía por qué y la otra parecía fuera de lugar en ese ambiente. Tenía algo de “refinamiento” que él no había visto nunca de cerca.
La chica en cuestión era muy hermosa, de cabello negrísimo y ojos azules, aunque podía equivocarse, a pesar de que ese lado estaba mejor iluminado. Estaba sentada y su escote, sin ser muy pronunciado dejaba ver el nacimiento de unos pechos blanquísimos y bien formados, quizás un par de tallas por encima de lo convencional.
La chica se levantó y se fue con una de las otras a los servicios, eso le permitió a James mirar su hermosa figura. La chica era dueña de una estrecha cintura y unas caderas bastante llamativas, además de unos glúteos que se adivinaban firmes y duros debajo de la tela de seda.
«Ya deja de mirar, James —se reprendió a sí mismo— ¡Ya me estoy pareciendo a Jonathan!»
Pero el asunto era que la chica le había llamado la atención, parecían cuatro amigas que habían ido a pasarla bien en esa discoteca, cuando las dos chicas quedaron solas en la mesa se les acercaron unos hombres a hablar con ellas, quizás para invitarlas a bailar, pero ellas les dijeron que no, porque se retiraron con las caras con una mueca de decepción.
Y le había llamado la atención justamente porque no parecía pertenecer a ese lugar, se veía mejor en una de esas revistas de moda y de turismo por sitios elegantes. Era algo como eso, pero sabía que no era exactamente lo que le transmitía.
Cuando la chica regresó a la mesa con su amiga lo hicieron por otro lugar y pasaron bastante cerca de la barra donde James estaba. La chica de cabellos negros lo miró durante unos segundos pero abatió la mirada casi de inmediato, James dedujo que era algo tímida. Y sí, sus ojos eran de un azul intenso como el de los zafiros y su porte y su andar eran muy elegantes, caminaba como si flotara.
Estaba mirándola cuando alguien le dió un breve golpe en los hombros y se volteó para ver a su amigo Jonathan sonriendo al lado de él. Jonathan parecía que había llegado unos segundos antes y había visto a James mirar con atención a la chica y eso era algo inusitado en el frío y poco convencional James Taylor.
—¡Uy! ¿Qué te sucede, James? —le dijo con tono burlón— ¿Ya te toca tu ración mensual de sexo comedido?
—No seas tonto, Jonathan —le dijo algo amoscado— Sólo me llamó la atención la chica.
—Ya me di cuenta, amigo —le dijo con ironía— Pero creo que te equivocas, esa chiquilla es más estrecha que un alfiler, así que no creo que lograras nada con ella, créeme, su tipo es de “niña de la casa”
—Yo no pienso solo en sexo todo el tiempo, a diferencia de ti, JJ —bromeó James al nombrarlo como siempre lo hacía desde que se conocieron.
—Eso lo sé, pero deberías pensar en “eso” un poco más, sino tendrán que operarte las pelotas un día de estos para sacarte el “queso” que debes tener allí —terminó diciendo entre risas.
James decidió pasar por alto el comentario, no quería una guerra de palabras con él, como hacían a veces desde que eran jóvenes.
—No tuve un buen final de día —dijo simplemente.
—¿Con quien peleaste esta vez, con tu padre de nuevo?
—¿Qué comes que adivinas? —le respondió.