Ese día particular, su padre, el magnate de los negocios, Alexander Taylor lo había llamado a su casa, James tenía un par de años que se había mudado de su casa familiar en los Hamptons hacia Manhattan, a un super lujoso y amplio departamento que tenía incluso un pequeño gimnasio.
Alexander Taylor era todo lo que cualquier persona se podía imaginar de un hombre poderoso, a sus casi sesenta años aparentaba muchos menos, su padre había muerto hacía unos años, pero él y su abuelo habían sido pioneros del oeste norteamericanos cuando este era salvaje todavía. De hecho, su bisabuelo había sido más bien un forajido que había llegado de Inglaterra al este americano buscando fortuna y lo había logrado, pero era un hombre duro de los que disparaban primero y preguntaban después.
Su padre lo hizo sentar mientras él permanecía del otro lado de su magnífico escritorio de roble, herencia de su abuelo, cuyo retrato presidía esa biblioteca oficina.
—James —le dijo mirándolo a los ojos con intensidad, como cuando se disponía a decir algo importante— Me gustaría saber como van tus planes de matrimonio con Arlene.
Arlene White era una chica que había andado detrás de él desde que había estado en la universidad, pero era una chiquilla tonta e hija de su papá, lo que la hacía inaceptable para James, él siempre había sido muy maduro para su edad, y ella siempre parecía que no superaba los quince años, y eso que era tan solo un año menor que él, así que ya tenía sus veintisiete años cumplidos, pero se comportaba como una niña malcriada de quince.
—Pues no van, padre —le dijo con toda la seriedad del mundo— Arlene es una chica tonta que piensa que todavía tiene quince años y que la vida es ver series en Netflix o salir a divertirse todo el día.
Alexander entrecerró los ojos, porque incluso él tenía que reconocer que la muchacha no le agradaba mucho, pero era la que James tenía más cercana, y lo que él pensaba ers que ella quizás podría madurar con el matrimonio.
—Pero tampoco te veo haciendo algún esfuerzo por relacionarte con otras chicas —su padre lo miró con rostro adusto y serio— Al menos debería intentar acercarte a las chicas, quizás no como el loco de Jonathan, pero al menos deberías tener una novia.
—Por supuesto que no puedo ser como Jonathan, papá —le dijo poniendo los ojos en blanco— Él es un playboy y un mujeriego incorregible y tampoco se ha CASADO —lo dijo así, remarcando la palabra.
—James —le dijo tratando de tener paciencia— Entiendo que eres el mejor en la empresa, incluso mejor que tu abuelo y que yo mismo, pero la vida no es sólo trabajar, también necesitas tener algo de ocio y aunque sea tomarte unas vacaciones, en Europa, quizás.
—Estoy pensando en un viaje de negocios pronto, papá —le dijo a la defensiva— Iré hasta Turquía y luego a Francia o Inglaterra.
—¿Ves? Eso no es más que trabajo, yo hablo de descansar, pasear por lugares turísticos, etc. —le dijo— a eso me refiero.
—Para eso ya tendré tiempo, papá, así como tú y mamá que hasta hace unos años es que se tomaron tiempo para pasear por Europa y eso.
—¡Pero eso era otra época! —explotó Alexander— Los negocios no estaban muy bien, pero ahora la empresa tiene un superávit bastante considerable, y reconozco que es por tus esfuerzos, pero tu madre y yo pensamos que deberías descansar un poco, conseguir una buena chica y casarte, te tomarías un año sabático y así podrías volver con fuerzas renovadas al trabajo.
—Pero no necesito descansar, papá —le dijo tercamente.
—¡Con un demonio James Arthur Taylor! —Su padre siempre lo llamaba por su nombre completo cuando estaba enojado con él, así como cuando era niño y lo conseguía haciendo alguna travesura— ¡Pero yo si quiero un nieto!
De allí en adelante la conversación se convirtió en una candente discusión hasta que él salió de la biblioteca de su padre dando un sonoro portazo y luego salió de la casa para subir a su vehículo y arrancar como un bólido hacia el centro de la ciudad.
Se sentía tan enojado que decidió llamar a Jonathan Davies, necesitaba compañía, aunque fuera una como la del loco de Jonathan. Ellos habían estudiado juntos en la universidad, la familia de Jonathan tenía bastante dinero pero él solo era ejecutivo en la firma de su familia y no tenía tantas responsabilidades.
Le gustaba la vida suave y semi bohemia, era un mujeriego empedernido y soltero de profesión. visitaba con frecuencia discotecas o fiestas privadas donde a veces pasaba de todo. Siempre andaba con una chica nueva en reuniones y fiestas hasta que se aburría de ellas, especialmente cuando ellas hablaban de “compromiso” le daba como una alergia que le hacía alejarse de ellas.
—Jonathan —comenzó a decirle a su amigo pero este lo interrumpió entusiasmado…
—¡Viejo perro! —le dijo su amigo, que era el apodo que le había puesto desde la universidad— Qué cool que me hayas llamado, imagino que estás de muy mal humor para hacerlo pero me encanta.
—No estoy de mal humor, Jonathan, no seas estúpido —le dijo.
—¿Ves?, claro que lo estás —le dijo riéndose— Si no es así por qué me llamas?
—Discutí con mi padre —le dijo escuetamente, del otro lado del hilo se escuchó la risa cínica de su amigo— Y sí, quiero salir un rato.
—¡Perfecto! —le dijo su amigo— ¿Estas en tu apartamento de Park Avenue?
—No, estoy cerca de Time Square —le contestó James.
—Ok, te voy a enviar una ubicación, allí me puedes esperar, no tardaré mucho, pero tú estás mucho más cerca —le dijo— ¿De acuerdo?
—Está bien —dijo con resignación— Envíamela.
Al poco rato sonó su móvil al recibir un mensaje con la ubicación exacta, puso el navegador de maps y se dirigió allá en su imponente Bugatti n***o.
Al llegar vió que era una importante discoteca de la City, suspiró y bajó de su auto.