El día lunes se presentó en su tienda antes de la hora de apertura usual; previamente había pasado a desayunar en un restaurante cerca de su casa, atiborrándose de panqueques con miel de maple. Se había despertado con una idea en su cabeza, pero no estaba seguro si debía llevarla a cabo o no. Aún no se había decidido a hacer el bendito grupo de w******p donde pudiesen conversar los tres. Sugar-Doll entró con un vaso de café que desprendía un agradable aroma, se sentó frente a él y le sonrió con suspicacia. —Buenos días, Sugar-Doll —le saludó con confianza, aunque por dentro le ponía la cabeza a millón la forma en que lo miraba. —Te ves muy bien, jefe —dijo en respuesta la recepcionista—. ¿Estuvo divertido tu fin de semana? Sugar se rio de forma escandalosa ante el apuro en el rostro de

