Se miró en el espejo con atención y una sonrisita socarrona en el rostro; modestia aparte, se veía jodidamente espectacular en ese esmoquin. Aaron vivía quejándose de que los trajes que compraba requerían de ajustes; su espalda y hombros anchos necesitaban una prenda media talla más grande que la de sus pantalones. En cambio, para él solo demandaban de un par de puntadas en los costados para que entallaran mejor alrededor de su abdomen y ¡listo! Estaba hecho. Connor se había decidido por un modelo clásico de color n***o, camisa blanca y pajarita de color azul eléctrico, por recomendación del buen Benny, que le aseguró que resaltaba sus ojos. Se subió al pedestal para que el hombre, de más o menos unos cincuenta años, se arrodillara a sus pies y con precisión milimétrica comenzara a marca

