Habían pasado dos semanas desde ese casi encuentro con el rizado en el supermercado y Azariel ya había superado la insólita salida corriendo del lugar en cuanto lo vio, le sorprendió como al principio se la pasó pensando en eso y sintiéndose mal o raro al respecto. Así que habían vuelto a lo mismo, aunque hace solo unos días comenzaron nuevamente a masturbarse y hablar por gestos uno frente otro (las conversaciones que tenían de esta forma era bastante básica y eran símbolos rápidos que realizaban con los dedos o manos que se entendían entre sí, se pedían tiempo si pasaba algo que los interrumpió, se avisaban que debían irse o que iban a limpiarse y volvían), antes de eso solo se saludaban y sonreían, las mayorías de las veces Azariel trataba de ignorarlo, aunque le resultaba muy difícil, se había acostumbrado a los encuentros casuales con el de ojos verdes y lo extrañaba.
»Echó un vistazo por toda la habitación, girando su cabeza para poder ver toda está, las paredes eran blancas y los muebles también, aunque había pocos de estos, solo una un armario, la cama en donde se encontraba y una mesa al lado de está. Él se encontraba sobre sus manos y rodillas sobre la suave y cómoda cama y solo estaba vistiendo un bóxer color n***o. No sabía como había llegado ahí, tampoco por qué estaba en esa posición.
Giró su cabeza al escuchar como se habría una puerta atrás suyo, sintió que no podía controlar los movimientos de su cuerpo, ya que solo pudo mover la cabeza cuando había querido girar el cuerpo también. Aunque no podía mover su cuerpo no estaba nervioso ni preocupado, solo excitado, mucho y no sabía por qué.
Por la puerta entro el chico de la ventana todo vestido de n***o, tenía dibujada una sonrisa maliciosa en sus labios. Se le acercó y le bajó su ropa interior dejándolo completamente desnudo, luego de unos minutos, que el rizado utilizó para observar lo que tenía en frente, separó más sus piernas y Azariel sintió como el colchón se hundía atrás suyo. En ese momento si comenzó a sentirse nervioso.
Aunque ese sentimiento se fue cuando el otro chico colocó sus manos en su cintura y las subió por su abdomen, acariciándolo. Lo calmo bastante su tacto, se puso más duro al sentir la mano del de rulos en su m*****o, esté lo estaba masturbando lentamente. Un tiempo después de sentir su mano en su pene sintió como dos dedos de la otra pasaban superficialmente por su entrada y se tensó.
El nunca había sido pasivo, ni había deseado serlo, hasta ahora. Estaba algo nervioso y tenso porque era virgen en ese sentido pero muy excitado por el tacto del rizado sobre su cuerpo.
Lo penetró con dos de sus largos dedos y Azariel soltó un grito sordo, hundiendo la cabeza en la cama, luego de unos minutos en los que el castaño se tranquilizaba el de rizos comenzó a mover sus dedos dentro y agregó otro e hizo lo mismo.
Cuando el de rulos terminó de prepararlo escucho como esté se bajaba el pantalón y seguramente también su ropa interior, quiso girar para ver ese pene que tanto le gustaba pero le fue imposible. Se tensó nuevamente al sentir la cabeza del m*****o del de ojos verdes presionar sobre su entrada. Esté comenzó a entrarse por su ano lentamente, Azariel apretaba con fuerza la sabana que se encontraba debajo, sentía un gran dolor desde su estomago bajo hasta por sus muslos, aunque fue disminuyendo y sustituyéndose por placer a medida que el de rulos lo iba embustiendo, esté lo penetraba con fuerza pero sin ser demasiado duro.
Viernes 7:00 a.m.
Esa mañana Azariel se había despertado a causa del estridente despertador, estaba realmente excitado y duro, debido a un sueño húmedo que había tenido con el rizado. Aunque le resultara muy extraño que la idea hubiera aparecido recién ahora, nunca había pensado en ser pasivo pero quizás si el rizado algún día querría conocerlo y entablar una relación con el castaño, él no tendría problema en ser versátil. Esperaba que al otro chico también le gusté la idea.
Antes de irse a trabajar, le sonrió ampliamente por la ventana cuando vio que miraba hacía él. Le hizo una seña de despedida con la mano y salió camino a su empleo un poco apurado, estaba llegando unos minutos tarde, otras veces no le hubiera importado pero desde lo sucedido el día del malhumor de su jefe Azariel temía ser despedido.
Por otro lado, la vecina del de rulos también había saludado a Azariel, pensando que él la estaba saludando a ella, hubo dos semanas en que lo notó muy distante, “Quizás se enojo porque no le salude en el supermercado, sabía que tendría que haberlo hecho.”