El día de la boda

1392 Words
Aura amaneció con las piernas enrolladas a los de Álvaro. Resulta que, después del incidente del vestido rasgado, Álvaro y Aura se reunieron. Supuestamente, Aura quería pasar la última noche de Álvaro como soltero. Toda la noche Aura había intentado drenar a su hombre, esto con la finalidad de dejarlo sin gasolina para tener una noche de fuego y candela en la noche de bodas. Aura no veía a Lana como a una rival fuerte, pues sabiendo que Álvaro solo la quería utilizar para dejarla sin fortuna, era suficiente motivo para bajar la guardia, además de darse cuenta que Lana tampoco tenía interés de amorío con su hombre. Sabiendo eso, Aura pensaba que era cuestión de tiempo para que ese hombre fuera suyo por completo. Tarde sabría Aura la verdadera naturaleza de Álvaro, quien no estaría en ninguna relación o algún trato del cual de no ser porque esperaba ganar algo, no estaría. En este caso, de Aura lo que le satisfacía por el momento, era el placer sexu4l que le proporcionaba. Para nada la veía como a la mujer digna y especial para ser su esposa. Álvaro ya procedía de una familia adinerada, pero no estaba de más sumarle una fortuna más grande que la que su familia ya tenía. Los Rangel le triplicaba en todo, en las cifras bancarias y en grandes propiedades lucrativas ubicados alrededor del mundo, como los edificios de apartamentos en Nueva York, las propiedades céntricas de la Ciudad de México, en Venecia, Italia, tenía campos de uvas, y casas de descanso a orillas del mar. Cabía mencionar que también tenía seis propiedades en Londres. Todo con el fin de dejar a su simiente bien parado para el futuro, pero no, no tenía el hijo varón deseado don Félix. Y a como dice el dicho en su buen afán, “Nadie sabe para quien trabaja” En el pasado, don Félix Rangel había conocido a don Adolfo en los tiempos de su juventud. Los dos se hicieron muy buenos amigos, en aquellos tiempos, Félix no era un hombre tan detestable como lo era ahora, todavía tenía su buen corazón funcionando. Félix no discriminó a Adolfo Gonzaga por ser alguien de procedencia humilde, al contrario, pidió a su padre que lo apoyara, Felix había pedido a su padre que financiara los estudios a su amigo Adolfo y así fue que se hizo. Adolfo Gonzaga, lejos de ser un hombre agradecido, venía acumulando resentimiento hacia Félix en todo este tiempo. Aunque don Félix nunca mencionó el pasado de Don Adolfo, ni lo trató mal, Adolfo por su cuenta se sentía menos que Félix y en secreto odiaba ser su amigo y ser el segundón. Adolfo al darse cuenta que su hijo se convertiría prácticamente en el dueño de la fortuna de Félix, por el simple hecho de contraer matrimonio con la hija de Félix, se dijo para sí que esta era la oportunidad de reivindicarse. Ver a su hermoso hijo Álvaro, devolverle el honor de ser considerado una de las familias más ricas y dominantes, le hacía sentir a Adolfo como todo un hombre con suficientes cojones. Adolfo le dijo a su esposa Beatriz; “¿Ya ves mi amor? Mi hijo traerá la gloria a nosotros.” Beatriz que era una mujer de pocas palabras, no estaba de acuerdo del pensamiento de su marido, ella solo suspiró frustrada. —¡Que pasa! Bea. ¿No eres feliz con lo que nos está pasando? —Beatriz suspiró de nuevo, no quería dar su opinión, porque al fin y al cabo, su opinión no importaba en mucho. —Adolfo, el compadre es bueno con nosotros, ama a nuestro hijo Alvaro, ¿porque simplemente no nos llevamos bien? —Adolfo era un hombre de naturaleza baja, y de inmediato los ojos se volvieron sombríos, él era un hombre cobarde, que, bien de vez en cuando le daba la paliza de su vida a su esposa. —¡Veh, mejor cállate! —le exigió con furia. —Ya sabe lo que pienso, no debería ni preguntarme. —murmuró Beatriz. Adolfo, quien fue a servirse una copa, encontró que Félix había venido a verlo. —Ey Félix, ¿cómo va nuestra niña? —hizo la pregunta con tanta hipocresía que casi le cae la quijada a Beatriz. —Hay compadre, ella está siendo preparada por tres mujeres de la tienda de la ropa de moda, ya sabes, lo terca que es. —¿Si? Nuestro Álvaro la va a enmendar —dijo con una voz fría, para luego recordar que se refería a la hija del hombre más rico, su expresión cambió y sonrió falsamente. Félix solo asintió, después de todo, el era el principal detractor de su hija. —¿Dónde está Álvaro? —preguntó Don Félix. Los ojos de Beatriz se crisparon. Su hijo llevaba tres días sin venir a dormir a casa. Adolfo se agitó, llamó a su esposa solo para decir lo absurdo. —Eh, Bea, llama a tu hijo. Dile que aquí está su suegro. —así era Adolfo, cuando no podía enfrentar a Félix, pasaba la papa caliente a su esposa. —¡Sabes bien que él no ha venido a casa! —la madre lo dijo sin esconder el asunto del hijo. Los ojos de Adolfo brillaron con desprecio, pero en un dos por tres volvió a su habitual forma de ser, tenía las ganas de ahorcar a Bea, pero delante de los demás , él era un buen marido. —Jajaja —se rió a carcajadas, que sonaron vacíos —. Bea, como que no sabes que a tu hijo lo vinieron a sacar sus amigos cuando ya estaba en cama anoche. —Ellos dijeron que lo llevaban a celebrar el último día de su soltería —dijo evidenciando que quería excusar a Álvaro. —¡Es un hombre, después de todo! ¿No es así? —dijo validando el comportamiento descarriado de su hijo. —Si, no importa si se fue a celebrar su soltería, pero ya debería estar aquí —dijo don Félix con esa voz agria y fuerte. —Lo estará, lo estará —dijo Adolfo tomando su móvil para ubicar a su hijo. —Ahora mismo lo localizo —regateó en su afán. —Bueno, dile que lo estaré esperando antes que llegue a la boda —habló Don Félix, antes mirando a Adolfo con ojos de lupa. Al irse Félix, Adolfo entró apresurado adentro quería ajustar cuentas con su esposa. Él se acercó con actitud agresiva y levantó la mano para golpear, a Beatriz m, pero ella se defendió. —¡No te atrevas a golpearme, al menos no hoy, ¡hoy es la boda de mi hijo! —Beatriz era muy silenciosa, pero hoy respondió de forma inesperada. Beatriz nunca se había quejado antes de los castigos que su marido le imponía sobre ella, hoy sentía que era distinto, tenía que ir a la boda de su hijo. —Está vez te salvas por la boda, pero te descontaré lo que hiciste hoy. —advirtió Adolfo dando la vuelta para ir a su habitación. Al llegar al umbral de la puerta, se encontró con Álvaro, este traía una cara, como de quien la había pasado muy bien. —¡¿Papá, ni hoy puedes tratar diferente a mi madre?! —se quejó Álvaro con su padre. —¡Ah, al fin apareces! ¿Olvidas que hoy es tu boda! —dijo lleno de insatisfacción, secundando lo que dijera el hijo. —Bueno, como olvidarlo, padre. Es el día que me venderé. —Adolfo hizo un gruñido molesto. —Serás mejor que yo solo por esa buena decisión —dijo volviendo a ver a su esposa. —Te casarás con la heredera de los Rangel —enmarcó el contexto con su intención abierta. —Y todo por casarte con la hija del hombre más rico de esta región, ¿Quieres otra mejor cosa que eso? —cuestionó Adolfo. Por último Adolfo se detuvo y dijo a su hijo antes de irse. —La mujer con quien te casas y la tomas por compañera, ayuda en gran manera a tu ascenso al éxito. —Al contrario si solo buscas a una por calentura, tarde o temprano, la calentura se acaba y solo quedas como un pdejo mas. —ratificó su idea.
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