[ El principio de todo ]
En la fecha que Lana nació, el viento soplaba con furia, parecía haberse desatado los cielos.
Mientras tanto, una mujer embarazada en sus últimas horas de parto pujaba con desespero, la partera le hablaba con preocupación, puja mi niña, puja, puja que ya está coronando, está muy cerca para que cargues a tu hijo o hija.
Rosa, era la mujer que llevaba horas tratando de dar a luz, esta era la séptima vez que ella intentaba traer un hijo al mundo. Tenía miedo, mucho miedo.
Resulta que Rosa había tenido varios embarazos fallidos en las cuales la mala suerte la acompañaba, su marido; quien la mirara con ojos de sufrimiento, no sabía qué hacer para menguar el dolor que sentía su mujer.
Su esposa no solo sufría de los dolores de parto, sino también de las pérdidas que había tenido a lo largo de una década.
A Félix le dolía el corazón cada vez que Rosa entraba en labor de parto, sin embargo la necesidad de tener a su hijo era todavía más grande.
Esta ocasión, cuando Rosa entró en labor de parto, don Félix se encontraba de viaje. No pudo estar en el momento que mas necesitaba su mujer.
Rosa, en casi todos los embarazos anteriores había perdido a su bebé en la labor de parto, y esta única vez, que pudo nacer vivo, su bebé era niña.
Don Félix llegó apresurado tres horas después, los ojos llorosos y preocupados de Félix se detuvieron en la manta envuelta que su mujer cargaba en brazos.
— ¡Rosa, mi amor! —dijo casi en un sonido ronco.
—No me haces caso, te dije que estábamos bien solo tú y yo.
—Pero valió la pena, Félix amor mío —dijo Rosa en tono alegre.
—Somos padres al fin —resonó la voz alegre de Rosa.
—¡Es nuestro hijo! —exclamó Félix irradiando felicidad.
—¡No, Félix! Es nuestra princesa. —Félix detuvo su mano que iba a tocar al bebé, su expresión cambió radicalmente.
—Dios, en su abundancia en su sabiduría, sabe porque nos ha dado a una hermosa niña, Félix, no puedes rechazar a nuestra propia hija —dijo Rosa entre lágrimas.
— ¡Mírala bien!
—Ella es hermosa —dijo Rosa quitando la manta para mostrar la carita rosada de su pequeña.
Félix se puso de pie y dio la vuelta para caminar hacia la puerta, por lo que Rosa entendió que su esposo estaba repudiando a la hija de ambos.
Al ver esto, Rosa sintió una punzada en su corazón, gritó desesperada, ella sentía que el mundo se le venía encima, cuando por fin pudo dar a luz, su esposo actuó de forma cruel e indiferente
—!Felix, ojalá fuera que yo muriese! —gritó Rosa, Felix que seguía detrás de la puerta escuchó sus gritos, finalmente entró de vuelta y abrazó a Rosa.
La partera que era experta en partos difíciles, miró a Felix y lo regañó.
—Señor, no deberías tratar mal a su esposa e hija, ellas te necesitan y mucho —dijo la mujer adentrada en años.
Finalmente Félix pudo cargar a la pequeña Lana en sus brazos, todo para complacer a su mujer débil y frágil, sin embargo, en su corazón guardó rabia y enojo en contra de la recién nacida.
20 años después, Don Félix aún se sentía resentido en contra de su hija. ¿Tenía culpa Lana por no haber nacido siendo varón? La respuesta es no, sin embargo, Félix no sabía a quién culpar por toda la frustración que sentía.
“Un día antes de la boda”
Aura quiso probar el vestido de novia de Lana, o al menos era su intención, pero el vestido no entró en su cadera.
Aura era voluptuosa de cintura, tenía cadera grande en comparación de Lana, quien tenía una cintura de 34 centímetros.
Lana era de cuerpo fino y delgado, aunque Lana era delgada, era fuerte, resistía largas cabalgatas, cualquier actividad que implicaba resistencia física, ella lo hacía sin problemas.
Muchas veces Lana confundía a los demás con su frágil y delicada presencia física.
—Señorita Aura, veo que usted tiene mas ganas de casarse que yo misma —señaló Lana, miró a la mujer a medio empaquetar con el vestido de novia.
—¡No, no es lo que piensas! Trataba de probar como me vería en el vestido de novia —se explicó con pena.
—Bueno, si lo rompes, al menos no tendré boda —dijo Lana sonriéndose.
—Pero vas a tener que explicarle a mi padre y a tu galán que yo no eché a perder el vestido —dijo con desgane.
Aura se asustó, se quitó el vestido de novia solo para darse cuenta que la parte de atrás del vestido se había rasgado.
—¡Oh por Dios! —pegó un alarido, Aura.
—Lana, no fue mi intención que el vestido se echara a perder.
—Bueno, busca como resolver el problema, o avisa a tu amigo el señorito Gonzaga para que busque la solución —le propuso Lana mirando el desastre.
Al menos, Lana no estaba ni preocupada por lo que acababa de pasar, pero temía que si su padre se enteraba, le vendría a dar cachetadas limpias, ella no quería ni dar explicaciones, así que le dijo a Aura que resolviera su desastre.
Aura sentía como si tras las palabras de Lana, había alguna sospecha acerca de ella y Álvaro.
Y de alguna forma, Aura se sentía feliz de que Lana sospechara de su romance bien guardado, así ella podría llegar a ser la gran señora Gonzaga.
Solo que Álvaro, le había explicado a Aura que debía casarse con Lana, porque así él un tiempo después, se divorciaría de Lana y le quitaría todos los bienes de don Félix Rangel.
Aura estaba feliz el día que Álvaro le habló acerca de su plan de casarse con Lana, y que todo era un plan orquestado por él y su familia, su padre y don Félix eran amigos desde muy tiempo atrás, pero siempre el padre de Álvaro, guardó rencor y envidia al don Félix, lo cual Félix no sabía sin siquiera.
Félix nunca debió hacer a un lado a su hija, ni entregarla a un hombre como Alvaro como si su hija no valiera nada, como esposo, Félix fue un buen esposo y compañero, como padre, él dio mucho que desear.
Aura tuvo que llamar a Álvaro y explicar que ella había arruinado el vestido de novia al intentar probarse, Aura se habia apartado lejos para hablar a Álvaro, no obstante no se percató que Lana la había seguido de cerca y escuchara parte de su conversación con Álvaro.
A Lana no lo movía los celos, sino ver tantas evidencias delante de ella, Aura o era muy tonta o le valía todo, así que quería demostrar a ella su romance con el mentiroso que su padre le había elegido.
—¡Porque haces tonterías!
—¿No ves la diferencia de cuerpo entre ustedes dos?
—¿Porque tenías que probar algo que no era para ti?
Regañó Álvaro, pero Aura empezó a llorar como una magdalena.
—Álvaro, si te lo digo es para que lo soluciones, no para que me regañes mas, creo que es suficiente con que tu novia ya me haya humillado.
Las palabras de Aura cayeron a oídos de Lana, se dio cuenta en ese momento que Aura no era buena amiga para ella.
—¿Aura? ¿Con quién hablas? —preguntó Lana saliendo de la sombra. Aura se asustó, ella estaba en medio de su actuación, no podía engañar a los dos a la vez.
—¡Ah, Lana!
—Yo, este … yo estaba…
—Traté de conseguir una solución para tu vestido de novia —dijo carraspeando nerviosa.
—¡Bueno, probaste un vestido que claramente es talla cero. Veo que estás llorando.
—No estoy llorando —dijo Aura ansiosa.
—Bueno, es verdad, no estás llorando, finges estar llorando, ¿puedo saber a quién le lloras fingida mente?
—¡Ah! No, no es así. No he llorado a nadie. —al otro lado de la línea telefónica, Álvaro escuchó con atención la conversación entre Aura y Lana, frunció el ceño con duda.
Un momento después, Lana dejó a Aura en el pasillo y se encerró en su habitación. Ella ya había logrado su objetivo de destapar su actuación delante de quien fuera que estuviera en línea.