Aquello no pintaba nada bien. Una de las pocas cosas que había podido observar en nuestra relación era que Adam Harris era un hombre posesivo. Desde aquel día en la bodega de armas, noté que me miraba a Wick con celos cuando se acercaba a mi, y eso que era su mejor amigo. Sabía que tenía que detenerlo antes de que dijera algo de lo que pudiera arrepentirse.
—¡Hola, cariño!
Adam no dijo nada, se limitó a abrazarme con fuerza. Dylan nos veía con diversión.
—Adam, te presento a Dylan Vanderbilt.
—Un gusto.
Mi amigo le tendió la mano con una sonrisa y el rubio la tomó. Sentía que el ambiente era medio tenso, pero ninguno dijo nada. Parecía que me había equivocado al no confiar en la cabeza fría y centrada de mi, ¿novio? Ni siquiera sabía si lo había dicho en serio o para provocar a Dalilah.
—Te me perdiste…—susurró Adam en mi oído, abrazándome por la cintura.
—¿Y este hombre tan guapo?—Dylan alzó ambas cejas—¿de dónde lo sacaste, Lele?
Me reí.
—Del mismo lugar de donde te saqué a ti.
—¿Del Olimpo?
—Imbécil—sonreí—de la Universidad
Ahora Dylan veía a Adam con interés. Parecía que mi rubio quería que saliéramos corriendo de aquel lugar, pero yo me la estaba pasando increíble.
—¿Eres Químico?
—Soy físico nuclear.
—¡Wow! Uno que no tiene talento más que para los números.
Adam parecía no entender nada de lo que estábamos hablando.
—Pensé que estudiabas en Harvard—dijo viendo a Dylan.
—¡Para nada!—rió el moreno—Mi madre es la tutora de Lele y me pidió que le hiciera unas fotografías para que pusiera en su pared. Así puede presumir de su alumna estrella.
Dylan alzó la cámara, haciendo que Adam se relajara visiblemente. Definitivamente, tendría que hablar con él acerca de los celos, sobre todo porque yo tendía a tener más amigos hombres que mujeres.
—¡Ya veo porque brillas tanto, Lele!
Hice mi mejor esfuerzo por no ruborizarme.
—De acuerdo, mexicana—sonrió—creo que con eso terminamos…por hoy.
Alcé una ceja.
—¿Por hoy?
—Mi madre tiene que ver y aprobar las fotografías…ya sabes como es la señora Vanderbilt.
Ambos soltamos una sonrisa burlona. Mi tutora podía ser una mujer súper exquisita cuando se lo proponía, las cosas que podían o no gustarle eran demasiado hasta para mi que venía de una cultura completamente diferente.
—¡Te veré luego Lele!—soltó antes de irse—¡Me debes un trago!
—¡Dalo por hecho, Vanderbilt!
El moreno se fue, y Adam iba a acercase a mi para besarme pero yo lo detuve poniendo la mano en su pectoral.
—¿Qué pasa, cariño?
—No quiero celos en esta relación, Harris.
Mi rubio se quedó momentáneamente sorprendido por lo que yo había dicho, procediendo a ruborizarse hasta las orejas.
—Es que…nena—se rascó la barba, nervioso—no me gusta como te miran, te lo he dicho en el baño.
—Soy guapa, Adam—suspiré, esa era una de las pocas cosas de mi misma que podía presumir—si en verdad quieres estar conmigo, tendrá que acostumbrarte a que me miren.
—Le gustas a ese chico—fue lo único que dijo.
—Y a muchos.
Negó con la cabeza, sin saber que decir.
—Sabes que te quiero a ti, ¿o no?
Asintió fervientemente con la cabeza.
—Entonces eso tiene que ser suficiente.
Tomó mi mano que estaba apoyada en su pecho, para después besar cada uno de mis dedos y terminar con la palma de mi mano. Iba a matarme de ternura antes de que yo lo asesinará por celoso.
—Te juro que es más que suficiente. Y Celeste…—se acercó a mis labios—Yo también te quiero.
Me plantó un suave beso en los labios y después tiró de mi para volver a la mesa, con nuestros amigos. Yo no podía moverme, me acaba de dar cuenta que era la segunda vez que le decía que lo quería. No la primera. LA SEGUNDA. Bien hecho, Celeste, la habías jodido antes de siquiera empezar algo normal. Siempre apresurada, siempre. Ni siquiera pude registrar que él también me había dicho que me quería.
—¡HEY!—Adam se dio cuenta que yo me había quedado quieta—¿qué pasa?
Negué con la cabeza, simplemente abrazándome a él. Sentía que no era momento para demostrarle todas mis debilidades. Yo quería parecer fuerte, debía pretender que era fuerte.
—¿Segura?
—Solo…gracias.
—¿Por qué?
—Ni yo misma lo sé.
Soltó una carcajada y me besó en la cabeza.
—¿Vamos?
—Nos deben estar esperando.
—Tu tequila te espera.
—Más vale que sea del bueno.
Seguíamos tomados de la mano, así que caminamos lo que restaba del jardín hasta encontrarnos con nuestros amigos.
—¿Por qué tardaron tanto?—como siempre, Alex estaba tan emocionado que vibraba—¿hicieron algo interesante?
—No tuvimos tiempo—musitó Adam.
—Porqué no quisiste—dije alzando una ceja.
Todos nos reímos y finalmente, pude volver a sentarme en la mesa. Adam pasó su brazo por mis hombros, para después acercarme el vaso de vodka. Tomé un tragó y sentí que todo volvía a la normalidad. La noche se terminó más rápido de lo que me hubiera gustado, y pronto el salón se fue vaciando. Fuimos casi los últimos en salir, después de convencer a Alex que no se fuera con un bailarín.
—¡Vamos, Nina! ¡William puede llevarte a casa!
—No gracias—murmuró la morena.
William la miró ofendido, y yo me alegré. Tuvo tiempo para decidir que quería con mi amiga y no lo hizo. Ahora ya era demasiado tarde.
—¿Lele?—Anne me miró con una sonrisa de lado, Michael no la soltaba de la mano—¿Irás a casa?
Adam respondió antes que yo.
—No.
—¿Ah, no?
Negó con la cabeza, haciendo un puchero ridículo.
—Entonces te veo mañana—dijo Anne dándome un beso en la mejilla para irse en un taxi con el moreno.
—Parece que duermes solo, Wick—se burló Adam.
—Margoooot—William miró a la rubia, quien lo golpeó en el pecho.
—No, si Nina se queda sola, yo me voy con ella.
—Aburrida.
Finalmente, Nina dejó que Alex se fuera a seguir la fiesta. William se fue en su motocicleta, por lo que Adam manejó el automóvil hasta la casa de Nina, donde dejó a mis amigas.
—¡Diviértete!—me gritaron ambas.
—¡Pero con protección!
Estábamos solos en el apartamento de Adam. Por más que quería follarlo en cualquier superficie plana posible, tenía demasiado sueño.
—¿Y ahora?
—A dormir—dijo Adam sin poder reprimir un bostezo—me quedaré en el sillón…
Solté una carcajada.
—¿Estás de broma? ¡Cómo si no hubiéramos dormido juntos antes!
Mi rubio favorito se ruborizó.
—Oh, nena…me encantaría dormir contigo toda la vida.
—Podemos empezar hoy—dije con una sonrisa tímida.
Ninguno de los dos dijo nada más, simplemente caminamos a su recámara. Adam me tenía abrazada por la cintura y se negaba a soltarme, por lo que llegamos a trompicones. Me soltó finalmente, para desnudarse. Ninguno de los dos era pudoroso frente al otro, cosa que me encantaba. Rebuscó entre su ropa hasta encontrar una camiseta azul de pijama, que me lanzó. La atrapé y me la puse, dejando mi vestido en un rincón de la habitación.
—No te la pienso devolver.
Me dedicó una mirada llena de lujuria.
—Estoy muy bien con eso.
Nos metimos a la cama e, inmediatamente, me atrajo hacia él. Sonreír, pues casi siempre había dormido sola, excepto cuando viví con Daniel, quien siempre se volteaba después de follarme y correrse, sin preocuparse si yo llegaba al orgasmo o no. Parecía que todo iba a ser diferente a mi anterior relación. Suspiré en su pecho, dejando que el sueño comenzara a absorberme.
—Mañana tendré que ir por ropa…
—Por mi puedes quedarte así para siempre…—su mano vagaba por mis muslos, haciendo suaves caricias.
—¿En serio quieres que me vean así en tu presentación?—acaricié su cuello—por mi no hay problema.
Me abrazó aún más posesivamente.
—De acuerdo, iremos por tu ropa temprano.
—Así me gusta.
A la mañana siguiente, nos levantamos bastante temprano, muy a mi pesar. Tendríamos que ir a recoger mi ropa y luego a organizar todo en el laboratorio. Anne me hizo el enorme favor de subir por algunas cosas a mi recámara, mientras yo esperaba en el automóvil, con la camisa de Adam puesta.
—¿La pasaste bien?
—Espero que igual de bien que tú.
Ambas nos reímos y prometimos vernos en el museo. Obviamente, todos nuestros amigos estarían allí. Adam tendría que ir primero su oficina, pero se negó rotundamente a que desayunará sola.
—¿Dónde planeas que me cambié?—espeté.
—¿Aquí?
—Tienes suerte de que sea elástica.
—Oh, nena, lo he comprobado muchas veces.
Pronto dejaría de ruborizarme, o al menos eso esperaba. Aprovechando que Adam metió el automóvil al estacionamiento del museo, me cambié de ropa en un santiamén.
—Estás preciosa…—Adam suspiró al verme.
No pude contenerme y le planté un beso directo en los labios. Adam gimió y profundizó, mordisqueando mi labio interior.
—Tienes cosas que hacer…
—Usted, señorita, me debe algo.
Gemí, pues sus manos estaban en mis senos.
—¿Ah sí? ¿Qué cosa?
—Quedamos de follar aquí.
Está conversación me estaba mojando las bragas.
—Técnicamente estamos en el estacionamiento, no en el laboratorio…todavía.
Reí y salí del automóvil, viendo como Adam simplemente alzaba una ceja. Tardó unos minutos en seguirme y yo hice todo mi esfuerzo para ahogar una carcajada. Parecía que la palabra “novios” había hecho magia en los dos que juraban no estar hechos para el amor y ahora no podíamos quitarnos las manos del encima. Ni siquiera me di cuenta en que momento se puso detrás mío y me pegó un azote en el culo.
—¿Qué te pasa?—reí.
—¡Eso es por dejarme así!
—Puedo remediarlo—hice un puchero.
Sonriendo, me besó el puchero que se convirtió en sonrisa en sus labios y entrelazó sus dedos con los míos para que caminaremos a la entrada de trabajadores. Me condujo directamente a un elevador.
—¿Conoces todo el lugar?—pregunté intrigada.
Adam asintió con la cabeza.
Finalmente, llegamos al tercer piso. No estábamos cerca de las salas principales, así que supe que estás salas estaban reservadas para personas profesor Cooper.
—Me han permitido hacer la presentación aquí por qué Cooper es mi tutor.
—¿Entonces por qué tomas su clase?
—Él me obligó.
Cruzamos varias puertas, mientras yo quería detenerme viendo cada poster que adornaba las paredes. No parecía que hubiera un solo centímetro que no tuviera un pedazo de ciencia en él.
—Este lugar es impresionante.
—Es mi lugar favorito.
—Ya veo porque.
Con una sonrisa ladeada, abrió la puerta que conducía a una pequeña sala y me haló hasta que estuve dentro.
—Se convertirá en tu lugar favorito también, nena.
Pude dar un rápido vistazo a todo en lo que él había trabajado. No tuve tiempo de preguntarle mucho, porque me atrajo hacia él.
—Adam…—gemí.
Sus manos ya estaban subiendo mi vestido sin ningún pudor.
—¡Pueden vernos!—exclamé.
—Sabes que a ambos nos gusta.
En efecto, los dos habíamos descubierto que nos excitaba mucho la idea de hacerlo en público. Todos mis pensamientos precavidos se fueron a volar cuando las manos de Adam habían hecho mis bragas a un lado, para acariciar mi c******s. Como pudo, me empotró contra la pared, haciendo que yo no tuviera con que sostenerme.
—Eres…eres todo.
Adam hablaba entre jadeos, mientras sus besos bajaban por mis senos. Había tirado de ellos hasta sacarlos del vestido. Lo único malo de esto era que yo no podía desnudarlo como se me antojaba. Mientras él jugueteaba con mi c******s, sorprendiéndome con un dedo en mi interior, yo tiré de sus pantalones hasta bajarlos completamente. Me puse de rodillas hasta tener su m*****o frente a mi y me relamí los labios.
—Nena…
Se quedó sin habla cuando introduje su m*****o en mi boca. Sabía que no duraría mucho, pero yo planeaba disfrutar aquello todo lo que pudiese. Apretaba las piernas, pues al arrodillarme sus manos se habían separado de mi interior para tomar mi cabello. A medida que las caricias con mi boca aumentaban, podía notar como apretaba más las manos en mi cabello, tirando de él para tenerme a su mereced. Gemí cuando sentí como se hinchaba.
—No quiero arruinar tu vestido.
Me levantó con cuidado, para besarme con pasión, introduciendo su lengua en mi boca de una manera que me hizo gemir. Acariciaba mi cuello, mientras se ponía el condón. Gimió de nuevo cuando introdujo el dedo medio en mi interior.
—No aguantaré mucho—me advirtió.
Obligándome a entrelazar las piernas en sus caderas, me penetró de una sola estocada. Mi gritó quedó escondido en sus labios, pues sus besos subían de mi cuello a mis labios y volvían a bajar a mis senos. Uno de sus brazos me sostenía, mientras con su otra mano buscaba mi c******s para estimularlo hasta lograr que me corriera. Él no tardó mucho en hacer lo mismo.
—Prométeme que esta noche lo haremos en la cama—dije después de darle un beso.
Me bajé de sus piernas y el me empujó hasta su oficina. Limpió mis piernas con mimo, llegando a mi centro. Cuando estuvo satisfecho, se limpió a si mismo, para después tirar el lienzo y el condón. Ambos nos acomodamos la ropa en silencio.
—Listo—dijo dándome un beso en la frente—este será mi nuevo ritual de buena suerte.
Tardamos en limpiar el desastre que habíamos hecho. Lo ayudé como pude, porque él se negaba a que yo me moviese mucho, alegando que aún me estaba recuperando de mi lesión.
—¡Pero no ha sido nada!—exclamé.
—Sabes que ha sido mucho más que nada—me miró molesto.
Tragué grueso cuando me di cuenta que a él le seguía doliendo el haberme visto tirada en el suelo. Caminé hasta donde estaba y lo abracé por la espalda, enterrando mi nariz en sus omoplatos. Adam Harris tenía algo y siempre olía delicioso. Se giró para depositar un beso en mi nariz. Rocé mi nariz con la de él y nos quedamos así por unos minutos hasta que la puerta de la sala se abrió.
—¡COLEGA!—la voz de Michael lleno todo el lugar—¿todo preparado?
Adam asintió emocionado. Anne, que iba con Michael, nos separó tirando de mi brazo.
—¡Exijo detalles de tu noche, Santillán!
—¡Y yo de la tuya, Brown!
Cuando estuve lo suficientemente lejos de Adam, mi amiga volvió a hablar.
—Michael y Wick planean hacerle una fiesta sorpresa a Adam en su apartamento. ¿Crees que puedas atraerlo a nosotros?
—Hablas como si fuera una araña que atrajo a su presa—arrugué la nariz—pero sí, lo haré con gusto.
Menos de dos horas después de que habíamos llegado, la sala se llenó de gente. A pesar de que nos llevábamos casi cinco años de edad, parecía ser que yo era mucho mejor que mi novio para disimular el estrés y los nervios. Me acerqué a él antes de que empezara la presentación y tomé su mano.
—Todo saldrá bien—susurré—nadie conoce estás obras mejor que tú.
No dijo nada, pero me sonrió. Tomé eso como un logro y lo besé en la mejilla. El señor Cooper se sorprendió al verme en aquel lugar, pero me saludó igual de efusivamente que a Nina.
—Parece que mi alumno estrella ha encontrado una nueva musa.
Se acercó a donde se hallaba un pequeño micrófono y lo hizo sonar. Yo me encontraba junto a Nina, no había visto a Margot por ningún lado, pero era bastante la gente a nuestro alrededor, así que eso no me preocupaba. ¿Aplaudía? ¿Qué se hacia en esos momentos? Definitivamente necesitaba que Adam me enseñara etiqueta de museos para las próximas veces. Mi mente se detuvo un momento, ¿por qué estaba pensando en más veces? ¿Qué iba a hacer con nuestra relación cuando volviera a México? Negué con la cabeza, forzándome a concentrarme en la voz de mi rubio favorito. No era momento de pensar en eso.
—Bienvenidos todos…
—Adam realmente sabe lo que hace…—susurró Anne en mi oído.
No le puse atención, pues mis ojos se habían encontrado con los del rubio y ahora él hablaba con más entusiasmo. Era el primer hombre con el que hacia planes para el futuro, a diferencia de los anteriores, donde lo primero que hacia era prepararme para después de ellos. La presentación terminó, y ni siquiera me di cuenta del tiempo. Los aplausos resonaron por todos lados, a fin de cuentas era una presentación abierta, a diferencia de la mía, donde solo se encontraban mis profesores y jueces. Adam agradeció y dejó que la gente siguiera observando las obras. Sostuvo una larga conversación con el doctor Cooper, que me impidió ir corriendo a sus brazos. Cuando finalmente estuvo solo, no dudé ni por un segundo en avanzar a él y abrazarlo por la cintura.
—Lo has hecho increíble, corazón.
Besó mi mejilla con una sonrisa tímida.
—¿Crees?
Asentí y lo besé en la quijada, cosa que provocó que me apretara más contra él, acariciando mi espalda con sus manos.
—Has encantado a todos.
—¿Todos?
—¡Por supuesto!
—¿Incluyendo a la señorita rusa que solo habla de química?
Arrugué la nariz, riendo.
—A mi me cautivaste desde el primer día que te vi, Adam Harris.
Sonrió satisfecho y me dio un casto beso en los labios. No me soltó de la mano mientras algunas de las personas presentes se acercaban a felicitarlo. Nuestros amigos eran los últimos, tratando de mantenerse en paz en aquel lugar tan formal.
—Nunca pensé que el ser tan nerd te ganaría esto—dijo William señalando nuestras manos unidas.
—¡Pues ya lo ves!—le contestó Adam, sonriendo—por eso no debiste dejar la escuela.
—Lele, ¿dónde me matriculo para conocer chicas como tú?
—Universidad de México—respondí—pero podrías comenzar por ir a Harvard.
—¿Puedo ir a verte?
—Cuando quieras, cariño.
William arrugó la frente al vernos.
—Son asquerosos.
—Ay, William…—rió Nina—¡Cómo se nota que no te has enamorado!
—Ni pienso hacerlo pronto.
Mi amiga bajó la mirada y pude ver como aquello la afectaba. Quería abrazarla en ese momento, pero no pude. Ya después tendríamos tiempo de hacerlo. Anne y yo cruzamos una mirada de preocupación, pero Nina no tardó nada en cambiar de tema.
—¡Hay demasiada gente!—exclamó.
—Es porque es una exposición abierta y el tema causa curiosidad.
—A la gente le interesan las cosas que están demasiado lejos de ellos.
—¡Cómo México!—apuntaron William y Michael al unísono.
—Si a la política no le interesara tanto mi país todos estaríamos mejor—apunté.
Todos rompimos a reír. Podía notar como Adam seguía tenso, a pesar de que su presentación ya había terminado.
—¿Qué pasa, cariño?—lo había atraído a un rincón para que pudiéramos hablar en privado—¡Te fue increíble! ¿Por qué no estas contento?
—La cosa es que yo no sé como venderme.
—Estoy aquí para apoyarte—susurré, dándole un beso en el cuello.
—Gracias, nena—me dijo con una media sonrisa.
—¡MEXICANITA!—la voz de Dylan Vanderbilt se hizo presente y pude ver como Adam soltaba un gruñido de molestia.
—¡DYLAN!
Me acerqué a él y lo abracé, sorprendida de verlo en aquel lugar.
—¿Qué te trae por aquí?
—Mi padre es inversor de este lugar desde hace mucho.
Señaló a un hombre escalofriantemente similar a él, que se encontraba con la profesora Vanderbilt. Ambos estaban enfrascados en una conversación con el profesor Cooper desde hacia un gran rato, que estaba poniendo nervioso a Adam.
—¡Dylan!—llamó su padre—¡Debes venir a ver esto!
—¡Me debes un café, mexicanita!
—¡Mejor un té!
—¡Hecho! ¡Es una cita!
Adam dejo caer su cabeza sobre mi hombro y yo aproveché para acariciarle el cabello. Extrañaba tenerlo tan cerca todo el tiempo, ahora que sabía que estaba conmigo. Por la respiración acelerada, supe que aún no estaba tranquilo.
—¿Sigues nervioso?
—No me gusta Dylan Vanderbilt.
—¡Oh vamos!
—Prometo no decir nada…por ahora.
Me enfurruñé, pero él se rió. Estuvimos juntos hasta que el profesor Cooper lo llamó a donde estaban los Vanderbilt. No volvimos a estar solos el resto de la presentación. Los inversores seguían yendo y viniendo, pero el ambiente se notaba visiblemente más relajado que antes. La gente que había llegado tarde, incluyendo algunos trabajadores del mismo laboratorio, abrazaban y saludaban a Adam con cariño. Me alegraba ver que tenía tanta gente a su alrededor.
—¿Quién es ella?—le pregunté discretamente a Nina cuando una mujer rubia y menudita se acercaba a saludar a Adam.
—Su nombre es Dalilah Jones.
Parpadeé varias veces.
—¿Entonces es…?
—La madre de Margot y Dalilah.
—Vaya…
No sabía como actuar. Esas personas eran muy importantes para Adam. Decidí que lo mejor era alejarme, si él quería que yo las conociera, me las presentaría. Apreté mis uñas contra la palma de mi mano para tranquilizarme, pero antes de que pudiera estar preparada, venían hacia mi junto a Margot y Dalilah.
—¡Lele!
—Hola Margot—dije con una sonrisa—Hola Dalilah.
—Hola, Lele.
Vaya, parecía que cada vez le caía menos bien. No importaba, el sentimiento era mutuo.
—Con que ella es tu nueva amiga, ¿eh Margot?
Se notaba que la madre de las Jones era una mujer bastante estricta y seria. Parte de mi temía no agradarle, pero puse mi mejor cara. Margot hablo primero.
—Así es, madre. Es una de las mejores amigas que he conocido.
Sonreí de lado.
—Gracias Margot.
—¡Eres muy bonita!—dijo la madre, examinándome de pies a cabeza.
Me ruboricé un poco.
—Es mexicana, madre…—la voz de Dalilah interrumpió mi alegría.
¿Qué le pasaba con eso? Bien podría yo venir de Alaska o del Tíbet, esa no era una razón para juzgarme. Para mi sorpresa, la mujer pareció intrigada de una buena manera.
—¿Qué te trae tan lejos de tu país?
—Vengo a estudiar el posgrado a Harvard.
La mujer pareció notablemente admirada. ¡Punto para Celeste Santillán! ¡En tu cara, Dalilah Jones!
—¿Entonces?—dijo mirando a Margot—¿se conocieron por Adam?
—Dali…—Adam titubeó, pero finalmente se colocó junto a mi, se había mantenido callado durante toda la interacción—Ella es Lele Santillán, mi novia.
Si me volvía a decir mi novia lo follaría enfrente de todas esas personas.
—Hijo…—la mujer estaba conmovida—me da mucho gusto que por fin hayas encontrado a alguien.
Mis ojos estaban a punto de llenarse de lágrimas, pero me contuve.
—Pudo haber buscado a alguien mejor.
Si no hubiéramos estado en el museo más importante de Nueva York, le habría pegado una bofetada a Dalilah Jones. Le estaba contando los golpes que le daría, incluso los tenía apuntados en mi muro mental de odio. En contra de lo que me había enseñado mi madre, bajé la mirada. Si la encaraba como doña María lo hubiera hecho, muy probablemente acabaría presa en el extranjero.
—¿Qué modales son esos, Dalilah?
La morena se ruborizó, humillada por la estricta mirada de su madre.
—Es un gusto conocerte, Lele. Es una lástima que mi amiga Donna no haya podido venir, porque le encantaría ver que nuestro hijo ya no está solo—sonrió de lado—y perdona que te diga “nuestro” Adam, pero sabes que te quiero tanto como tu madre.
—Y yo te quiero a ti, Dali.
Estuvimos charlando de otros temas, en los cuales la señora Jones me hizo prometerle que Adam y yo iríamos a comer pronto a su casa. Esa idea me ponía de nervios, pero tuve que poner una cara valiente y aceptar. Finalmente, nos despedimos de ellas.
—Eso fue…—comencé.
—Gracias por tolerar a Dalilah—me dijo Adam, estampando sus labios contra los míos.
Bueno, si Adam me recompensaba de esa manera, hasta podríamos ser intimas amigas. La presentación terminó media hora antes de que cerrara el MET.
—¿Entonces, latina?—William había tomado mi brazo mientras Adam hablaba con Cooper—¿Si podrás traer a Adam a mi casa?
Asentí con la cabeza, cosa que hizo que él me diera un beso en la mejilla.
—¡Nos vemos luego!
Me despedí de nuestros amigos, sentándome en la oficina de Adam hasta que terminó su reunión con el profesor. Entró con una amplia sonrisa, así que supe que le había ido muy bien.